Pocas conversaciones te pueden producir más sensación de paz y tranquilidad que un rato al lado de Josefina, en el soportal de su casa en Palazuelo de Torío, repasando esos 91 años que recuerda con gran lucidez. «De todo lo que me ocurrió desde que tengo cuatro años te puedo dar fe con gran precisión; lo recuerdo todo, mi infancia leonesa, cuando emigré a Cataluña como otros iban a Europa, mi regreso aqui, esta finca que le compré a una francesa que es muy grande para mí, pero dijo que «o todo o nada»...
Lo va contando sin dudar. En su cara se dibujan los recuerdos, de todo tipo, sobre la mesa una pequeña piedra y un martillo.
- ¿Y esto?
- Es para abrir las nueces...
- ¿Te gustan?
- No. Son para los pájaros. Las abro solamente un poco y las dejo ahí. Rápidamente aparecen pájaros muy diferentes que sacan el fruto con gran habilidad. Me entretiene mucho verlos, la única pena es que no conozco a la mayoría de ellos, a los gorrieones, aquellos de mi infancia que llamabamos cucus (el cuco)... me gustaría tanto saber el nombre de todos.
"Cuando encontré el libro que le leía a mi abuela sentí una gran emoción"
A ella —que le costaba trabajo admitir que ‘mereciera’ una entrevista y nos repite que solo tiene los estudios primarios— le encanta saber, aprender, leer... «Es mi gran pasión, leer, de día lo hago con libros en papel, que son los que más me gustan, pasar las hojas, olerlos... y por la noche leo en ‘la máquina’ (el e-book) porque es más cómodo en la cama».
- Pero ahora estabas leyendo en ‘la máquina’.
- Es un caso extraño. Anoche con el calor no podía dormir, me enfrasqué en la lectura y lo he tenido que retomar porque me enganchó la trama. Era una novela policiaca.
Josefina, que se apunta a todas las actividades municipales, recuerda con enorme felicidad el día que «encontré en una librería el mismo libro que le leía a mi abuela cuando nos quedábamos solas en casa, que me crié con ella. Era de 1800 y la emoción que sentí no te la puedo explicar».
