Pablo se muestra encantado de hablar de máquinas de coser, hilos, arreglos... Tanto que no pregunta nada sobre qué quieres, para qué le preguntas y remata la conversación con "¿esto dónde sale?" cuando ya se van las cámaras y micros. Para él es un encuentro más con alguien que pasa por delante de Máquinas de Coser Cecilia, en el barrio de San Mamés, y se queda enganchado ante un escaparate lleno de máquinas que les hacen viajar a otros tiempos, que les permiten recuperar los nombres de viejas marcas que se pierden en el tiempo: Singer, Alfa, Brother, Elna, Husqvarna...
- ¿Cuántas tiendas de máquinas de coser quedan en León?
- Ésta, no hay más;pero no las hay en muchas ciudades de alrededor, Burgos, Cantabria... o queda una en manos de algún mayor en la recta final del oficio. Yo mismo comprobé hace unos pocos años, cuando cogí la delegación de Singer, que León no daba para dos comercios de estas características.
Pablo, sin embargo, no ha conocido otra cosa. Desde que es un niño corre y juega entre máquinas de coser pues Cecilia ya supera los cincuenta años en el oficio. Las ha visto de todos los colores, de aquel esplendor de cuando existían varias modistas en cada calle a una situación actual en la que las máquinas se han ido al desván y las pocas que se mueven no buscan ese contacto personal del experto, del conocedor de un viejo oficio. "Las grandes superficies nos han matado; da igual vender máquinas de coser que churros, las vende la misma persona".
Sobre la mesa de las reparaciones tiene el ejemplo de la realidad actual. Una máquina de un convento ("las monjas siguen bordando en sus clausuras") y otra que le han enviado de Bilbao. ("El comercio on line es el que nos está dando la vida").
- ¿Qué ocurrió en la pandemia?
- Fue una locura. Nos dimos cuenta de que jamás debíamos haber abandonado este viejo oficio, las abuelas subieron a los desvanes y desempolvaron aquellas máquinas que les habían aparcado allí y se pusieron a coser.