Hay momentos, frases, que definen a un personaje, que dibujan una forma de ser y estar en la vida. Cuando recorres con Ignacio Redondo las instalaciones de Suministros Onzonilla -seguramente la mayor macroferretería de la provincia- te va contando historias singulares, de marcas buenas o no tanto, de máquinas fiables, de comprar camiones de carretillos «para que te hagan precio y después poder tu competir con las multinacionales» y un largo etcétera de una andadura muy larga, pero de repente se detiene en uno de los pasillos y de sus ochenta años largos se queda con un momento, sin dudarlo, lo tiene muy claro.
- El momento más feliz de mi vida, sin ninguna duda, fue cuando le compré a mi madre una de aquellas primeras lavadoras y se la llevé a casa.
No era lo primero que le compraba, antes había sido una cocina de butano -creo- pero aquella lavadora estaba cargada de una simbología que emocionaba al todavía joven Ignacio: «Llevar la lavadora suponía dejar de ir a lavar al río, con un agua helada que cortaba las manos, incluso rompiendo el hielo para lavar. Suponía que tuviera que dejar de arrodillarse sobre aquellas lavaderas de madera y a base de frotar y jabón hecho en casa lavar...».
Recuerdos que llevan a Ignacio Redondo a su Cepeda natal, a Sueros, «a una infancia feliz pero con las penurias de muchas familias en aquellos tiempos. Que de los 24 niños y niñas que hicimos la primera comunión solo dos nos estrenáramos nada es algo que te marca, pero insisto en que fui muy feliz allí». Tanto que ha llevado sus recuerdos a varios libros de andanzas cepedanas; mezcladas con los recuerdos de aquel chaval que primero recorrió España, después se dio cuenta de que podía trabajar «y ser mi jefe» y con decisiones muy acertadas fue montando una empresa que es un referente inevitable en el sector ferretero; por el que sigue pasando cada día pues «los chavales todavía me preguntan».
Y hacen bien en preguntar.