Está Armando vestido de minero. Mono, lámpara, casco, petaca y petaca para echar un trago... En unos minutos va a salir la procesión de Santa Bárbara y Armando Gutiérrez será uno de los que lleve a la patrona.
- Aunque no seáis muy de Iglesia los mineros tenéis siempre a la patrona en mente.
- Siempre. La patrona es la patrona, siempre estaba en el tajo, en la fiesta, en todo. Forma parte de nuestra cultura minera.´
Ésa es la batalla actual de Armando, que ya es la cuarta generación de mineros, desde el bisabuelo a él, desde la mina del oro a ‘la Vasco’, de generación en generación, por lo que si quieres preguntar por él en la comarca de Gordón tendrás que hablar de ‘Armandito’.
"Soy la cuarta generación de mineros y lucharé por esta cultura"
Pero en cuanto aparece en la conversación la historia de la mina, las generaciones de mineros que le precedieron, tiene muy clara la reivindicación. «No podemos olvidar a las mujeres de los mineros y a las mujeres de la mina. Se dice aquello de que no entraban a la mina pero sí hacían las carboneras otros muchos trabajos de exterior y, sobre todo, aquellas otras que llevaban la casa, atendían el ganado en las familias que lo había, criaban y sacaban adelante a los hijos... el matriarcado de la mina es muy fuerte».
Al repasar la realidad que vive la mina, antes de procesionar a la patrona, Armando no puede evitar un gesto de tristeza... «Malos tiempos estos últimos para la familia minera. Para repetir aquello de que ya no existe la mina, siete muertos leoneses en los últimos meses me parece un tributo demasiado elevado y, sobre todo, demasiado doloroso».
Y se va a la procesión. Otra de sus múltiples contribuciones a mantener viva esa cultura minera que, asegura, «estamos obligados a trasmitir». Él lo hace de manera activa, escribe, recita, participa en montajes junto a artistas como el músico Rodrigo Martínez... allí donde está el mundo de la mina está Armando, más de un siglo de minería corre por sus venas.
La banda ya arranca las primeras notas del Santa Bárbara bendita. Aparecen las lágrimas...