A solo 15 kilómetros de León, en pleno corazón del páramo, se alza Vile La Finca, una finca de más de 200 hectáreas donde los viñedos conviven con encinas centenarias, robledales y una fauna autóctona que incluye corzos, perdices y liebres. No es solo una bodega: es un proyecto que nace con una firme vocación de enoturismo, ecología y tradición vinícola.
Una bodega de referencia que surgía hace más de medio siglo de la admiración por las variedades Prieto picudo y Albarín, las dos variedades históricas y casi simbólicas de la provincia de León que dan cuerpo y sabor a sus vinos. El resultado de las viñas y bodegas tiene como resultado una amplia gama de vinos que abarcan prácticamente todos los segmentos de mercado.

Pero Vile La Finca va más allá y apuesta por la gestión sostenible, rentable y la reducción de su huella de carbono.En de los últimos años ha analizado todo el suelo de su finca, estudiando su valor natural. Para ello, ha analizado en que punto se encuentra y que aspectos son mejorables para seguir aumentando su biodiversidad y sostenibilidad del suelo, buscando soluciones que ayuden a aumentar su resistencia, incremento de la biodiversidad, mejorando la nutrición y actividad microbiana, al reforzar la estructura de la tierra, creando así un impacto positivo en la naturaleza.
Enoturismo con alma entre viñedos
En el corazón de un paisaje donde la vid es protagonista desde siglos, Vile La Finca se ha convertido en un referente del enoturismo contemporáneo: un lugar donde el vino no solo se degusta, sino que se vive. Su filosofía es clara: ofrecer al visitante una experiencia sensorial completa que une territorio, tradición y modernidad. La finca, rodeada de hileras de viñedos que cambian de color con las estaciones, conserva la esencia de la viticultura tradicional. Al recorrerla, los visitantes pueden observar cómo se mantiene el cultivo con prácticas sostenibles, respetando los ritmos naturales y la identidad del terruño.
Por ello, han diseñado varios planes para acercar al visitante al mundo del vino, de la naturaleza y de la tradición como cata en viñedo, cata con comida en bodega tradicional subterránea, o picnic.
La cata en viñedo, consiste en paseo en buggy entre los viñedos. El itinerario realiza varias paradas y, en cada uno de ellas, se cata un vino diferente acompañado de una tapa y una breve explicación técnica de la viña y los vinos.
La cata en viñedo con comida en bodega tradicional, añade a la experiencia anterior un final comiendo en una cueva en Valdevimbre -como Los Poínos, El Túnel, Marcos o San Simón-, donde podremos saborear lo mejor de la cocina de la zona.
Si lo que buscamos es algo más informal y desenfadado, el picnic que nos propone Vile La Finca será nuestra opción. El entorno natural y el buen vino serán una vez más aliados para pasar un rato agradable, acompañando una copa de vino de un sencillo almuerzo.
La experiencia, dicen, es un grado y el buen hacer también. La apuesta de Vile La Finca por el enoturismo da sus frutos. Un compromiso con la tierra que se traduce en 4.000 visitantes en el último año, una cifra muy relevante para León y su provincia. Y es que, la idea con la que trabajan día a día es que la experiencia de enoturismo no termine en la bodega, sino que continúe en las cuevas y restaurantes de Valdevimbre, donde invitan a sus visitantes a comer y descubrir la gastronomía local. Cada visita ayuda a poner en valor la zona, los vinos de León y una cocina que merece más protagonismo.
Un enclave singular con propósito ecológico
La Finca no es un viñedo cualquiera. Su enfoque no está únicamente en la producción de vino, sino también en la conservación del entorno natural. Y lo demuestra con acciones concretas: por ejemplo, en su ‘Evento Almendro’ en el que las familias participantes han ayudado a recoger almendras.

La naturaleza no es un decorado: es la verdadera aliada de su trabajo. Y así a lo largo de este año y en el marco de esta iniciativa han instalado nidos para lechuzas, mochuelos, cernícalos, gorriones y otras aves insectívoras, creando una pequeña “brigada” alada que ayuda a mantener el equilibrio del entorno. Las rapaces controlan de forma natural a los rodedores, mientras que los pajarillos reducen la presencia de insectos, lo que nos permite depender cada vez menos de productos químicos. El siguiente paso llegará el próximo año 2026, momento en el que está prevista la instalación de colmenas de abejas para reforzar la polinización y sumar un nuevo aliado a este ecosistema vivo.
En paralelo, han plantado en los últimos años 10 hectáreas de viñedo experimental, 8 hectáreas de nogales y 5 hectáreas de almendros que ofrecen todo un espectáculo visual cuando florecen, y junto a ellos , cerezos silvestres, servales y pinos púa, que dibujan un mosaico de paisajes a lo largo del año. El resultado es una finca más viva, más sana y más bella.
Más de 20 medallas en 2025
El esfuerzo en el viñedo y en la bodega también se reconoce en los concursos. Durante el 2025 obtenido más de 20 medallas, 13 de ellas de oro. El vino más premiado ha sido Don Suero Crianza, entre cuyos galardones destaca una medalla de plata en Decanter, seguido muy de cerca por Valjunco Albarín.
Juntos, estos reconocimientos, el impulso del enoturismo y la apuesta por la biodiversidad dibujan un proyecto que mira al futuro sin renunciar a sus raíces.