Una ventana abierta al pasado en Villamanín

El Museo Etnográfico reúne objetos, recuerdos y fotos que nos acercan a la vida cotidiana de la montaña

18/09/2026
 Actualizado a 18/09/2026
La colección convierte pequeños objetos de uso cotidiano en testigos de la historia del municipio.| MUSEO ETNOGRÁFICO
La colección convierte pequeños objetos de uso cotidiano en testigos de la historia del municipio.| MUSEO ETNOGRÁFICO

Hay objetos que parecen pequeños hasta que alguien cuenta la historia que guardan. Un pupitre compartido por dos alumnos, un cencerro que permitía localizar al ganado en los pastos, unas tijeras de esquilar, un molinillo de café o una vieja embutidora. En el Museo Etnográfico de La Tercia y Arbas, en Villamanín, las piezas no hablan solo de otros tiempos: hablan de las personas que las utilizaron y de una forma de vivir ligada a la montaña.

La colección reúne objetos procedentes de las casas y los trabajos de Villamanín y su entorno, muchos de ellos entregados al museo por los descendientes de quienes los utilizaron. Son enseres cotidianos que permiten reconstruir una vida que hoy puede parecer lejana, pero que todavía permanece en la memoria de muchas familias: el hogar, la escuela, el campo, la ganadería, la costura, la religión o las tareas que marcaban el día a día.

La colección convierte pequeños objetos de uso cotidiano en testigos de la historia del municipio. MUSEO ETNOGRÁFICO
La colección convierte pequeños objetos de uso cotidiano en testigos de la historia del municipio. MUSEO ETNOGRÁFICO

El recorrido se convierte así en una especie de álbum de memoria hecho de objetos. Una pieza conduce a otra y, detrás de cada una, aparece una costumbre, un oficio o una escena doméstica. El pequeño pupitre de las antiguas escuelas recuerda cómo aprendían juntos dos alumnos; el cencerro remite a los animales que pastaban en la montaña; el trillo habla del trabajo agrícola y las tijeras de esquilar, de una labor vinculada al ganado. Incluso objetos aparentemente sencillos, como una cesta de mimbre o un botijo de madera, permiten acercarse a una vida doméstica en la que casi todo tenía un uso y, muchas veces, una historia.

La colección, además, no se limita a reunir piezas. El museo recrea diferentes ambientes y ámbitos de la vida cotidiana y conserva también fotografías y documentos que ayudan a completar ese retrato de la comarca.

El patrimonio, también en 3D

Quizá ahí esté uno de los rasgos más singulares del museo: su capacidad para hacer convivir esa memoria material con las posibilidades que ofrece la tecnología. Algunas de sus piezas pueden contemplarse en 3D, permitiendo girarlas, acercarse a sus detalles y observarlas desde diferentes ángulos. La visita virtual va un paso más allá y permite recorrer el espacio del museo desde cualquier lugar, como si el visitante se desplazara por sus salas. Estas opciones pueden consultarse a través de la web del museo, www.museodevillamanin.org.

Tradición y tecnología se dan la mano para acercar al visitante. MUSEO ETNOGRÁFICO
Tradición y tecnología se dan la mano para acercar al visitante. MUSEO ETNOGRÁFICO

No sustituye a la visita física, pero sí abre otra puerta. Una forma de acercarse al patrimonio cuando todavía no se ha podido llegar hasta Villamanín, de volver a mirar una pieza después de haberla visto en la vitrina o, sencillamente, de despertar la curiosidad antes de emprender el viaje. Para quienes quieran conocer el museo de forma presencial, también existe la posibilidad de establecer previamente una visita a través del correo electrónico ayuntamiento@ayuntamientovillamanin.com o del teléfono 987 59 80 09.

Y el viaje merece la pena también fuera del museo. La propia web reúne recursos para descubrir un territorio en el que patrimonio, naturaleza e historia aparecen estrechamente ligados: desde la Colegiata de Santa María de Arbas o las casas blasonadas de Camplongo hasta la antigua estación de Busdongo, la lechería de Viadangos, las huellas de la Guerra Civil o las montañas que rodean los valles de La Tercia y Arbas.

Tres miradas

El Etnográfico no está solo. El municipio conserva también otros dos pequeños espacios que mantienen viva esa misma memoria desde perspectivas diferentes: el Museo de la Cultura Antigua de Casares de Arbas, nacido del empeño de un grupo de mujeres por rescatar y conservar objetos, prendas y enseres de la vida tradicional, y el Museo de la Lechería de Viadangos, que pone el foco en una actividad estrechamente vinculada a la vida cotidiana y económica de estos pueblos. Juntos dibujan un mapa de la memoria local que va mucho más allá de una colección.

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