El río Duero, uno de los ejes culturales más importantes de Castilla y León, atraviesa los viñedos y nos permite disfrutar de un paisaje espectacular en la Ruta del Vino de Toro, cuya Denominación de Origen Toro abarca diecisiete términos municipales entre el sureste de la provincia de Zamora y el suroeste de la provincia de Valladolid.
La Ruta del Vino de Toro nace con el objetivo de ofrecer experiencias que ‘dejen huella’. Es la alternativa perfecta para un fin de semana o escapada de turismo de interior, en una zona repleta de historia, patrimonio, cultura y gastronomía y con una enorme tradición vinícola de calidad.
Cuenta con 26 bodegas visitables únicas, y en cifras son más de 50 lugares turísticos para descubrir en la propia ciudad de Toro y en los pueblos de Morales de Toro, San Román de Hornija, Sanzoles, El Pego y Venialbo. Son muchos los motivos para visitar esta ruta como su gran patrimonio histórico, artístico y cultural, la gastronomía, o la naturaleza con el vino como embajador.
Planes que dejan huella
Son muchas las opciones para conocer y disfrutar de la Ruta del Vino de Toro con los cinco sentidos. Podemos descubrir la historia de sus caldos visitando bodegas tradicionales subterráneas, bodegas innovadoras y muy tecnológicas, rodeadas de viñedos.
Además de sorprendernos con todas las maravillas que nos podemos encontrar en la Villa de Toro -la Colegiata con su Pórtico de la Majestad, la Plaza de Toros del siglo XIX, sus iglesias mudéjares o los monasterios y palacios-, también destacar otros municipios con encanto y conocer al Rey Godo Chindasvinto o la Escuela del Ayer -San Román de Hornija-, bailar con El Zangarrón y Las Mascaradas -Sanzoles-, hacer un recorrido por el Museo del Vino y disfrutar de sus restaurantes -Morales de Toro-, rodearse de paz y tranquilidad en un bonito entorno natural -Venialbo-, pasear bajo un palomar remodelado en medio del campo -El Pego- y otras muchas experiencias más recorriendo cada rincón de la ruta.
Contemplar y fotografiar la espectacular vega del río Duero, desde el mirador del Paseo del Espolón de Toro o desde algunos viñedos situados en oteros es otra de las opciones. El río Duero dibuja y marca sus viñedos, con cepas centenarias, dónde encontramos diversas variedades tanto para elaborar vinos tintos cómo blancos: Tinta de Toro, Garnacha Tinta, Malvasía Castellana, Verdejo, Albillo Real y Moscatel Grano Menudo.

Y, sin dudas, tapear, comer y beber. La Ruta del Vino de Toro es sinónimo de vino, así que una tarea imprescindible y obligatoria en la visita, será recorrer algunos de sus bares y restaurantes donde podrás degustar las exquisiteces de la gastronomía local. Una de sus señas de identidad es el queso, de Procedencia Toro que ya tienen en su marchamo la maca de calidad DO Queso Zamorano. Pero no la única delicia para acompañar con una buena copa de vino. Algunas de las recetas más típicas proponen al paladar sopas de ajo, rabo de toro al vino, bacalao a la tranca, arroz con leche…
La huella que el cauce del río deja la Ruta del Vino de Toro es incalculable por el legado histórico de las civilizaciones que han habitado en sus inmediaciones. Atrévete, y conócela.