El mastín español es una de las razas caninas más antiguas y representativas de la Península Ibérica. Su origen está estrechamente vinculado al pastoreo nómada y a la trashumancia, una práctica ancestral que durante siglos sostuvo la economía y dio forma a la cultura rural española.
Desde la Edad Media, estos perros de gran envergadura acompañaron a los rebaños de ovejas merinas en sus desplazamientos estacionales, protegiéndolos de depredadores como el lobo gracias a su fortaleza, su valentía natural y su característico ladrido intimidante.
En este contexto cobra especial relevancia la labor de la Asociación Española del Perro Mastín Español (AEPME), que desde hace más de cuarenta años trabaja de forma constante por la defensa de estos perros guardianes y por la preservación de la cultura mastinera y trashumante como parte esencial del patrimonio histórico de España.
Una raza imprescindible
Durante siglos, la presencia del mastín español fue habitual en los campos españoles. Sin embargo, el siglo XX supuso un punto de inflexión. La progresiva industrialización del campo, la reducción de la trashumancia y el abandono de las prácticas ganaderas tradicionales provocaron una drástica disminución del número de ejemplares y una pérdida progresiva del tipo funcional original.

Aunque la raza fue reconocida oficialmente en 1946 por la Federación Cinológica Internacional, este reconocimiento no fue suficiente para frenar el deterioro genético y morfológico que sufría el mastín español. En muchas zonas, el perro dejó de cumplir su función histórica y pasó a ser sustituido por otros sistemas de protección o, directamente, desapareció.
La AEPME: una respuesta necesaria
Ante esta situación, en 1981 surgió la Asociación Española del Perro Mastín Español (AEPME). Su creación respondió a la preocupación compartida por criadores, ganaderos y aficionados que veían cómo una raza milenaria corría el riesgo de perder su identidad o desaparecer.
La AEPME nació con una misión clara: recuperar el mastín español tradicional, fuerte, funcional y equilibrado, respetando su esencia histórica. El reto no fue sencillo, ya que existían múltiples variantes regionales y diferentes criterios sobre cuál debía ser el estándar ideal. La asociación asumió el papel de mediadora y referente técnico, apostando por un modelo que priorizara la funcionalidad y el carácter, sin descuidar la morfología.
Conservar, proteger y difundir
El trabajo de la AEPME se articula en torno a varios pilares esenciales. Uno de los más importantes es la conservación genética y del tipo funcional. Para ello, la asociación promueve una cría responsable, orientada a mantener las características físicas y temperamentales propias del Mastín Español, evitando la endogamia excesiva y los cruces que puedan desvirtuar la raza.

Otro eje clave de su labor es la difusión de la raza a nivel nacional e internacional. La AEPME entiende al mastín español no solo como un perro, sino como parte del patrimonio cultural e histórico de España. Por ello, trabaja para darlo a conocer más allá del ámbito rural, acercándolo al público urbano y a nuevos aficionados.
La asociación también ofrece apoyo y asesoramiento a criadores y propietarios, facilitando información técnica, orientaciones sobre manejo y selección, y fomentando el intercambio de experiencias entre quienes conviven y trabajan con estos perros.
Una cultura viva
Entre las acciones más visibles de la AEPME destacan las exposiciones y concursos monográficos, eventos que reúnen cada año a ejemplares procedentes de distintos puntos del país. Estas citas no solo premian la calidad morfológica y funcional, sino que también sirven como punto de encuentro entre criadores, ganaderos y aficionados.
La AEPME ya prepara el Campeonato de Mastín Español para 2026, que contará con pruebas en Lorca (Murcia), El Escorial (Madrid), Astorga (León), Villablino (León), y la prueba Monográfica Nacional CAC (León).

La asociación desarrolla además planes de cría y control genético, fomentando estudios, registros y pruebas que ayuden a detectar y prevenir problemas hereditarios. Paralelamente, impulsa actividades divulgativas como charlas, conferencias y publicaciones que ponen en valor la historia de la trashumancia y el papel del mastín españolen la sociedad rural.
Los encuentros informales, rutas y jornadas de convivencia refuerzan la red de apoyo entre aficionados, creando una comunidad comprometida con la preservación de la raza.
Tradición y convivencia
Hoy, gracias al trabajo constante de la AEPME, que cuenta con el gran apoyo y la estrecha colaboración de la Diputación de León y al compromiso de criadores responsables, el mastín español sigue siendo una raza viva y reconocida. Aunque su uso como guardián de rebaños ha disminuido, en parte debido a los cambios en el modelo ganadero, continúa desempeñando un papel relevante como perro de guarda y compañero fiel, especialmente en entornos rurales.
Más allá de su función práctica, el mastín español se ha consolidado como un símbolo del patrimonio cultural español. Su presencia recuerda una forma de vida ligada al campo, al esfuerzo colectivo y a la convivencia respetuosa entre el ser humano, los animales y el territorio. Preservarlo es, en definitiva, conservar una parte esencial de la historia rural de España.