El gerente de la Cámara de la Propiedad Urbana de León, Miguel Ángel Sánchez Fraile, analiza las claves para optimizar el uso del agua en el entorno urbano.
–Se habla mucho de sostenibilidad energética, pero menos del agua. ¿Es un reto igualmente importante?
-Sin ninguna duda. El agua es un recurso esencial y, al mismo tiempo, cada vez más escaso. Muchas veces damos por hecho que abrir el grifo y disponer de agua potable es algo normal, pero detrás hay procesos complejos de depuración y distribución que debemos cuidar. El recorrido del agua hasta nuestras viviendas puede afectar a su calidad, especialmente en edificios antiguos con instalaciones obsoletas.
–¿Qué problemas presentan actualmente las instalaciones de agua en los edificios?
-Uno de los principales problemas es la existencia todavía de materiales como el plomo o el amianto en tuberías y depósitos. Estos elementos pueden liberar sustancias perjudiciales para la salud, por lo que su eliminación debería ser prioritaria. En este sentido, existen oportunidades claras, como las ayudas de los fondos europeos, que permiten sustituir estas instalaciones por materiales más seguros y modernos.
Pero no es solo una cuestión de materiales. También debemos tener en cuenta la creciente contaminación del ciclo del agua, derivada de actividades agrícolas, industriales o incluso del consumo cotidiano, que introduce microplásticos, residuos farmacológicos o compuestos químicos.
–Desde la Cámara, ¿qué enfoque se propone para afrontar esta situación?
-Apostamos por una visión integral: reducir la contaminación, mejorar las instalaciones y optimizar el consumo. Es decir, no basta con consumir menos agua, hay que utilizarla mejor. Por ejemplo, el aprovechamiento del agua de lluvia es una oportunidad muy interesante. Puede utilizarse para riego, limpieza o incluso, con el tratamiento adecuado, para consumo humano. Esto requiere sistemas de captación y almacenamiento bien diseñados, como depósitos dimensionados según la superficie y la pluviometría, preferiblemente en espacios protegidos para garantizar su calidad.
–Se habla mucho de reutilización del agua. ¿Es viable en nuestras ciudades?
-Sí, aunque con matices. Las aguas grises -procedentes de duchas o lavadoras- pueden reutilizarse, por ejemplo, en cisternas de inodoros, lo que supone un ahorro muy significativo. Eso sí, estos sistemas requieren un mantenimiento adecuado y controles sanitarios. En rehabilitación urbana, especialmente en edificios antiguos, su implantación es más compleja por limitaciones estructurales o de espacio. Pero existen soluciones adaptadas, como sistemas de menor escala o reutilización directa en circuitos cerrados.
–¿Qué medidas concretas pueden aplicar propietarios y comunidades?
-Hay muchas acciones eficaces y relativamente sencillas. Por ejemplo: sustituir tuberías antiguas y revisar instalaciones para evitar contaminaciones; instalar sistemas de ahorro como cisternas de doble descarga o aireadores en grifos; implementar sistemas de filtración o tratamiento del agua en puntos de consumo; o controlar el consumo mediante contadores visibles. También es importante revisar hábitos cotidianos: reducir el uso innecesario de agua, evitar el consumo de agua embotellada o utilizar productos biodegradables.
–El consumo de agua embotellada es muy elevado. ¿Qué valoración hace?
-Es un claro ejemplo de ineficiencia. El agua de red, bien tratada, es perfectamente apta para el consumo en la mayoría de los casos. El uso masivo de botellas de plástico genera un impacto ambiental importante y, además, supone un coste innecesario para las familias. Incluso desde el punto de vista de la salud, hay que tener en cuenta los posibles efectos de ciertos plásticos.
–¿Qué papel juegan las instituciones y entidades como la Cámara?
-Un papel clave. Desde la Cámara trabajamos para concienciar, asesorar y trasladar soluciones viables a propietarios y comunidades. La mejora de las instalaciones de agua no es solo una cuestión técnica, es una inversión en salud, sostenibilidad y calidad de vida.
Además, defendemos que cualquier transición -ya sea energética o hídrica- debe tener en cuenta la realidad del parque edificado existente y ofrecer herramientas económicas y técnicas para hacerlo posible.
–Para terminar, ¿cuál sería el mensaje que trasladaría a los ciudadanos?
-Que el agua no es un recurso infinito y que su gestión eficiente empieza en cada vivienda. Mejorar nuestras instalaciones, reducir el consumo y aprovechar mejor los recursos disponibles no solo beneficia a cada propietario, sino al conjunto de la ciudad. En definitiva, cuidar el agua es cuidar nuestras ciudades y el bienestar de quienes vivimos en ellas.