En pleno invierno, cuando la niebla se agarra a las montañas y el frío marca el ritmo de los días, Riello rompe el silencio con cencerros, gritos y carreras. Es la zafarronada, una de esas celebraciones que no se entienden solo mirando, sino viviéndolas desde dentro.
Los zafarrones aparecen sin previo aviso. Visten ropas viejas y desiguales, se cubren el rostro y hacen del ruido su mejor carta de presentación. Avanzan por las calles del pueblo sacudiendo cencerros, persiguiendo en broma a vecinos y visitantes, provocando risas nerviosas y algún que otro sobresalto. Nada está completamente bajo control, y precisamente ahí reside su fuerza.
La zafarronada hunde sus raíces en tiempos antiguos, cuando el invierno no era solo una estación, sino una amenaza. El estruendo, el desorden y la burla tenían un sentido claro: ahuyentar lo malo, espantar los miedos y anunciar que la vida seguiría adelante. Durante unas horas, las normas se relajan y el pueblo se permite invertir el orden cotidiano, como si ese pequeño caos ayudara a empezar de nuevo.
Hoy, la fiesta sigue cumpliendo su función. Ya no se trata solo de ritual, sino también de memoria. Vecinos de todas las edades participan o salen a la calle a mirar, conscientes de que cada zafarronada es una forma de mantener vivo un legado que se transmite de generación en generación. En Riello, el invierno no se combate en silencio: se enfrenta con ruido, humor y tradición.
Este sábado
Este sábado, Riello volverá a llenarse de misterio y tradición con la celebración de la zafarronada. Regresa la mascarada de invierno más singular de la comarca, declarada de Interés Turístico Provincial, recuperando antiguos rituales ligados al ciclo del invierno, en los que el fuego, las máscaras y la participación vecinal son los grandes protagonistas.

La jornada arrancará a las 19:00 horas con el encendido de la hoguera, punto de encuentro alrededor del cual aparecerán los zafarrones, personajes ataviados con pieles, máscaras y bastones que evocan creencias ancestrales y el vínculo con la vida rural. Tras el recorrido y la representación, la fiesta continuará con sopas tradicionales y baile popular en el salón, en un ambiente festivo que combina memoria, identidad y convivencia.
