En el municipio leonés de Villamanín, la montaña guarda uno de los capítulos decisivos de la conquista romana del norte peninsular. La Carisa, en el límite natural entre León y Asturias, ha ido revelando lentamente los vestigios de un conflicto que cambió para siempre el mapa de la región.
La Vía Carisa es uno de los trazados más antiguos conocidos en el norte leonés. Fue mejorada en el año 26 antes de Cristo por el general romano Publio Carisio, figura clave en las guerras cántabras. Su intervención resultó decisiva en la derrota de los astures en Lancia y en la posterior conquista de la Asturias transmontana. La vía, que lleva su nombre, se convirtió en una auténtica arteria militar hacia el corazón de la cordillera Cantábrica.
En territorio de Villamanín, el acceso se sitúa en Pendilla de Arbas, puerta de entrada a un corredor natural que fue escenario del llamado Bellum Asturicum. Lo que hoy es paisaje de alta montaña fue hace más de dos mil años un frente estratégico de primer orden.
Dominar la cordillera
La zona arqueológica de La Vía Carisa, en el cordal de Carroceo -entre los concejos de Villamanín, Aller y Lena-, constituye uno de los hallazgos más relevantes de las últimas décadas en el noroeste peninsular. Las investigaciones han aportado datos fundamentales para comprender la logística y la estrategia romana durante la campaña contra los astures.
El primero de los grandes enclaves se levantó en el Pico Llagüezos, una atalaya natural con amplio dominio visual sobre la vía y las sierras circundantes. Su ubicación no fue casual: se controlaban movimientos en ambas vertientes de la cordillera.
A unos cinco kilómetros en línea recta hacia el norte se construyó el campamento de Curriellos, de mayor complejidad estructural y ampliado en distintas fases. Más distante se encuentra el recinto de La Cuaña, de menores dimensiones y planta elíptica, que aprovechaba las abruptas laderas como defensa natural.
Desde estos tres puntos, las tropas romanas aseguraban el control de la cordillera y garantizaban el abastecimiento y la comunicación entre los distintos destacamentos. Tras la finalización de las guerras asturcántabras, la presencia militar no desapareció: se levantaron barracones estables destinados a guarniciones encargadas de vigilar la vía y consolidar el dominio sobre el territorio.
Un campamento en la frontera
El campamento de Llagüezos se asienta en el cerro del mismo nombre, en pleno centro de la cordillera Cantábrica, entre las actuales provincias de León y Asturias, lo que refuerza su carácter estratégico. El recinto supera el kilómetro de perímetro y ocupa cerca de ocho hectáreas, con varias fases de ocupación relacionadas con las campañas romanas.

Las excavaciones han permitido documentar un sistema defensivo complejo, articulado en torno a un agger reforzado con piedra y posiblemente una empalizada hoy desaparecida. También se han identificado refortificaciones y restos de un gran barracón en la parte superior del cerro, prueba de una presencia militar organizada y prolongada.
Huellas de guerra y vida
Los hallazgos materiales confirman la intensidad de la presencia romana. Han aparecido fíbulas -utilizadas para sujetar las túnicas-, abundante material bélico como puntas de lanza, cuchillos, regatones de pilum, clavijas de tiendas de campaña, elementos de catapulta y herramientas. También se han recuperado numerosas tachuelas de sandalia, los conocidos clavi caligarii, que dibujan la huella cotidiana de los soldados sobre la montaña. Entre las piezas más significativas destaca un denario de plata emitido entre los años 90 y 89 antes de Cristo
La Vía Carisa no fue solo un camino. Fue una línea de avance, un sistema de control y una frontera decisiva en la consolidación del poder romano en el norte de la península.