La sustitución de calderas de gas o gasoil por sistemas de aerotermia se está consolidando como una de las principales palancas para mejorar la eficiencia energética del parque residencial y reducir tanto las emisiones contaminantes como el gasto en calefacción. Así lo destacan desde la Cámara de la Propiedad Urbana de León, desde donde subrayaban que este cambio tecnológico no solo responde a criterios ambientales y de sostenibilidad, sino que también supone una mejora económica a medio y largo plazo y un aumento del confort térmico en las viviendas, ofreciendo soluciones más eficientes, limpias y adaptadas a las necesidades actuales.
Según explicaba Juan Ignacio Bodelón Gil, arquitecto técnico del Departamento de Asesoría Técnica de la Cámara, «una caldera quema gas o gasoil para producir calor; la aerotermia no quema nada, funciona como una bomba de calor que aprovecha la energía del aire exterior y la traslada al agua de calefacción y ACS».
Desde el punto de vista del usuario, la diferencia se nota especialmente en el rendimiento del sistema. «Con la aerotermia, por cada kilovatio hora eléctrico que consume la máquina, se obtienen del orden de tres o cuatro kilovatios hora de calor útil», señalaba Bodelón. ¿Qué supone ésto? «Con aerotermia el sistema ‘te devuelve’ unas tres o cuatro veces más energía de la que paga en la factura eléctrica, mientras que con gas/gasoil lo que pagas es prácticamente lo que obtienes», incidía.
Mejora de eficiencia energética
Esta mejora tecnológica se traduce en una reducción muy significativa del consumo energético. Según apuntaba Ángel Luis Valdés Álvarez, presidente de la Cámara de la Propiedad Urbana de León, «una bomba de calor aerotérmica tiene un rendimiento estacional del 300 al 400%, mientras que una caldera de gasoil suele moverse entre el 70 y el 90%».
«Esto permite ahorros de entre el 50 y el 70% de energía en calefacción y agua caliente sanitaria, manteniendo el mismo nivel de confort o incluso mejorándolo», añadía Valdés. Además, el cambio tiene un impacto directo en la certificación energética de los edificios: «al sustituir combustibles fósiles por tecnologías renovables, se reduce la energía primaria no renovable y mejora la calificación energética de la vivienda».
Impacto en la factura y el confort
«Aunque la inversión inicial necesaria para instalar un sistema de aerotermia es superior a la de una caldera convencional, el menor consumo energético permite que el usuario recupere esa inversión a medio plazo gracias al ahorro anual en la factura», analizaba Bodelón, apuntando al tiempo que la diferencia no está tanto en el precio de la energía como en la cantidad que realmente se necesita para climatizar la vivienda.
El sistema proporciona calefacción en invierno, refrigeración en verano y agua caliente sanitaria durante todo el año, lo que unifica la instalación, simplifica su gestión y permite un mayor control sobre el funcionamiento del sistema. «Si se combina con fotovoltaica, parte o toda la electricidad necesaria para la aerotermia puede ser de producción propia, reduciendo todavía más el coste real de la climatización», apostillaba el arquitecto técnico.
Además del ahorro, la aerotermia aporta un valor añadido en términos de confort. Un único equipo es capaz de Si, además, se combina con una instalación de energía solar fotovoltaica, parte o incluso toda la electricidad necesaria puede proceder de la propia vivienda, reduciendo todavía más el coste real de la climatización.
Desde el punto de vista ambiental y de uso cotidiano, las ventajas son igualmente significativas. La aerotermia utiliza una fuente de energía renovable, el aire exterior, y no genera humos ni olores dentro del hogar, a diferencia de las calderas de gasoil, que emiten dióxido de carbono, partículas contaminantes y olores molestos. La eliminación del depósito de combustible, la chimenea y la sala de calderas libera espacio útil en la vivienda y reduce los riesgos asociados a fugas de combustible o a los gases de combustión.
El mantenimiento también resulta más sencillo y menos costoso. Al no existir quemadores, suele bastar con una revisión anual.
Hasta la mitad de energía
«Cambiar una caldera de gas/gasoil por aerotermia permite calentar la vivienda gastando hasta la mitad de energía, reduciendo emisiones y mejorando la etiqueta energética del edificio», aseguró Bodelón. ¿Cómo es posible este ahorro? Pues la explicación, a nivel más coloquial, se basa en que donde antes necesitábamos 100 unidades de energía de gas/gasoil para calentar la casa, ahora con aerotermia podemos conseguir lo mismo con unas 30–40 unidades eléctricas, porque el resto lo aporta gratis el aire exterior. «Es una medida que ayuda al bolsillo, reduce la dependencia de combustibles fósiles y contribuye a los objetivos de descarbonización, sin renunciar al confort en casa», concluía Valdés.
Nuevas subvenciones existentes
Cambiar una antigua por un sistema de aerotermia permite reducir de forma notable el consumo energético de la vivienda y acceder a incentivos económicos adicionales mediante los Certificados de Ahorro Energético (CAE).
Según explicaban desde la Cámara de la Propiedad Urbana de León, estos certificados, creados por el Estado y regulados por el Real Decreto 36/2023, permiten calcular de manera oficial el ahorro de energía que se obtiene cada año al sustituir un sistema de calefacción tradicional por una bomba de calor aerotérmica.
El funcionamiento de los CAE es sencillo para el propietario, ya que los ahorros energéticos generados pueden cederse a agentes especializados que se encargan de gestionar los trámites ante la Administración y las comercializadoras energéticas obligadas. A cambio, estos ‘puntos de ahorro’ se convierten en una ayuda económica directa o en un descuento aplicado sobre la inversión inicial realizada.
Además del beneficio económico, la aerotermia contribuye a reducir las emisiones contaminantes y a mejorar la calificación energética del edificio, lo que incrementa el valor de la vivienda. Se trata, por tanto, de una medida que combina ahorro en la factura, menor impacto ambiental y alineación con los objetivos de eficiencia energética y descarbonización marcados por la normativa vigente en España.