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Esencia leonesa

Esencia leonesa

OPINIóN IR

11/03/2021 A A
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Esencia leonesa
Menuda decepción. Una más para el zurrón. Resulta que me sobresalto porque veo que es tendencia nacional en Twitter el hashtag #esencialeonesa y automáticamente comienzan a asaltarme los posibles motivos que han parido dicho éxito virtual. Primero pensé que los guardianes de los fogones de ‘Cocinandos’ o ‘Restaurante Pablo’ habrían conseguido la segunda estrella Michelín. Luego que algún literato leonés había ganado algún importante certamen. También imaginé que quizás algún loco ingenioso había creado una colonia con aroma a morcilla. Es más, hasta en un momento de debilidad llegué a pensar que un político con sangre leonesa había defendido por fin ante los molinos del aparato de su partido el terruño patrio.

Pero todas estas elucubraciones se desvanecieron por el sumidero de la mediocridad al comprobar que León era tendencia por una cornamenta. Y no, no es la de los bueyes a los que mima José el del Capricho en Jiménez de Jamuz, antes de convertirlos en un manjar tanto para la realeza como para la plebe. Es algo mucho más evidente y muy acorde con los tiempos tan burdos y superficiales que nos están tocando vivir. Y es que tenemos a una pareja leonesa en una especie de concurso, si es que se puede llamar así, en el que machos y hembras emparejados juegan a ver quién pone los cuernos a quién y por lo visto, nuestra paisana leonesa recitó ese ‘esencia leonesa’ tras engañar a su novio con otro macho cabrío. Todo muy edificante y con gran poso de experimento sociológico. No sé lo que pensarán ustedes, pero soy de la opinión de que no siempre es cierto eso de que lo importante es que hablen de uno, aunque sea para mal.

Mientras me relamía las heridas de este nuevo fracaso, recibí otra bofetada de realidad al saber que soy portador de la desgracia del ninguneo y de la España vacía por partida doble. Vamos, que tengo pedigrí en eso de atesorar un árbol genealógico bien enraizado en tierras regadas de lamentos y reivindicaciones baldías. ¿Que por qué soy merecedor de esa medalla de dudoso valor? Pues porque por mis venas corre sangre leonesa y jienense. Y resulta que como podrán haber visto en los informativos de los últimos días, la ciudadanía de la provincia de Jaén ha salido a las calles y carreteras para quejarse del abandono que sufren tanto por parte del gobierno autonómico como nacional desde hace décadas. ¿Les suena de algo? Su hartazgo y desesperación ha llegado hasta tal punto que han optado por la opción de al menos gritar entre olivos, que están hasta las aceitunas de los gobernantes cercanos y lejanos. Es curioso y triste a la vez comprobar cómo existen ciertas provincias, no de segunda ni de tercera categoría, sino tercermundistas en nuestro país, lo que demuestra cierto grado de fracaso de un sistema político en el que nuestros dirigentes apostaran por un reparto de la riqueza y de las posibilidades de futuro de la manera más igualatoria posible. Es indignante ver encima cómo ciertos territorios, inundados de industria y de funcionariado, todavía se quejan de que ésta u otra inversión se la lleve otra ciudad o provincia española.

Habrá quien piense que me estoy postulando para fundar y liderar el partido político Unión del Pueblo Leonés y Jienense (UPLJ). Cierto es que por lazos de sangre tendría opciones de reclamar ese trono y desde los castillos de Valencia de Don Juan y Canena, pueblo de Jaén que vio nacer a mi padre y en el que pasé más de un verano en mi infancia, intentar liderar una revolución de los pueblos y territorios olvidados por sus propios caballeros feudales y por los que habitan en la Corte del Reino, pero les aseguro que me siento más útil en otros campos de batalla. Lo lamentable es que a las siglas UPLJ se le podrían unir las iniciales de otras provincias españolas, lo que es una muestra inequívoca de que algo o alguien ha fallado en este proyecto llamado España.
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