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El último combate de la tarde

El último combate de la tarde

LUCHA LEONESA IR

La primera parte del corro ofreció combates de buena lucha, pero la emoción y la emotividad estuvo en la recta final con el regreso de Davizuco. | SAÚL ARÉN Ampliar imagen La primera parte del corro ofreció combates de buena lucha, pero la emoción y la emotividad estuvo en la recta final con el regreso de Davizuco. | SAÚL ARÉN
Carlos Fernández Morán | 08/08/2022 A A
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El último combate de la tarde
Lucha leonesa David González Sierra vuelve a los corros después de 14 años y gana el Corro de Aluches en su pueblo, La Vecilla de Curueño
Ocurrió esta tarde de domingo 7 de agosto en uno de los corros más importantes de la Liga de Verano del trofeo a regularidad de la Lucha Leonesa, en La Vecilla de Curueño, una tarde que David va a recordar para siempre.

David lo ha ganado todo en la Lucha Leonesa, los trofeos más importantes, los corros más importantes, en los escenarios más importantes, incluso había ganado ya en La Vecilla, delante su gente. Y sin embargo, lo que ha conseguido esta tarde es uno de los logros personales más importantes de su vida, esos logros que trascienden más allá de lo deportivo.

David es quinto mío, fuimos juntos desde primer curso a la escuela Santo Tirso de La Vecilla, somos del1.985. Buena hornada para la lucha. Estudiamos juntos la secundaria en el Instituto Pablo Díez de Boñar. Hemos entrenado juntos desde niños durante años en el Club de Lucha de Campohermoso con Jose Antonio Robles "El Elegante", con Héctor García "El Divino", con Fernando Martínez y Roberto García que también son quintos nuestros, con Sergio Gonzáles "El Jabalí de La Cándana" y Pedro Llamas "El Polvorilla". Lo largo de estos años hemos sido compañeros y también rivales. Pero hace 14 años, casualmente un 5 de agosto, en Puebla de Lillo, en la comarca del Alto Porma (un corro muy especial para mi porque lo conseguí ganar dos veces), cuando David era uno de los mejores luchadores de su generación y estaba disputando todos los trofeos mano a mano frente a Clemente Fuertes de Tendal, que ha sido uno de los mejores luchadores de la historia, David se lesionó en una rodilla. Todos los que estábamos allí recordamos aquella tarde. Se retiró de su deporte en su mejor momento. Lesionado. Con el pronóstico más grave para un deportista: el de no poder volver a competir. Durante todos estos años David siguió acudiendo a los corros, incluso ha participado activamente del crecimiento de su club Montaña del Porma, y ha visto convertirse a su hermano Tomás en uno de los luchadores más importantes del momento, seguramente de la historia de este deporte.

Durante esta letanía David ha estado guardando en las entrañas ese nervio, ese gusanillo, esa sensación en el estómago que es inevitable cuando te has retirado y te sientas a disfrutar en directo de un corro, cuando ahora lo ves en la televisión o en YouTube, incluso muchas noches cuando te vas a dormir y al cerrar los ojos piensas en otra tarde de lucha, levantado por tu rival en la hierba, en el centro, campeón otra vez de un corro importante. Estas sentado en la grada disfrutando de un corro y se te van los pies y las manos, como un profesor de autoescuela cuando imparte una clase, te inclinas a un lado y al otro, trabando y apretando desde la grada. Porque cuando la lucha corre por tus venas es inevitable sentirte protagonista de cualquier combate que estés viendo. Pasaron los años. Pasaron los corros. Llegaron nuevas generaciones. Pero a David no se le murieron las ganas. Y esta tarde en un acto no se si de valentía o de inconsciencia se apuntó en pesados. Porque hay que ser un inconsciente o muy valiente para volver más de una década después a disputar un corro sin haber entrenado, con 37 años, en un peso que no es el tuyo y en el que la lucha es tan distinta al resto de los pesos, en tu pueblo delante de tu gente, de tu familia, de tus hijos. Unos niños que no conocieron a su padre luchando y que a buen seguro que han supuesto uno de los incentivos más importantes para que David saliera esta tarde a luchar. No tenía ninguna necesidad de exponerse, lo más normal es que después de tanto tiempo, luchando contra luchadores que le sacan muchos kilos y mucha fuerza, en un peso tan difícil para un luchador de las características de David, es que no superes ni el primer combate. Sería lógico. Y te vas derrotado, delante de tu pueblo, delante de tu familia, cuando ya lo habías ganado todo y no tenía por qué vivir una derrota tan dura. Era lo más probable. Tomar la decisión en lo más profundo de ti, ¿salgo? ¿Me apunto? ¿Y si me tiran delante de todos? ¿Estaré para luchar? ¿Estaré en forma? Porque en tu cabeza tienes todas las mañanas, pero para ejecutarlas hay que tener la forma, la rapidez, la práctica, la elasticidad, la repetición, y con todo ello la convicción y la confianza que te dan los entrenamientos. Cuando estás entrenando y las cosas te salen bien aumenta tu nivel de confianza. Te enfrentas a tu rivales seguro de ti mismo, rápido, eficaz, atrevido. Cuando no entrenas todo son dudas. David no tenía el entrenamiento, ni la confianza, ni el peso, pero tenía la ilusión y la rabia acumulada durante este tiempo. Y la experiencia de agarrarse al cinto desde niño.

Y se apuntó y salió al corro. Muchos en la grada quizás no le recordaban, otros habían oído hablar de él pero apenas le vieron, incluso algunos luchadores de pesados no temían enfrentarse a él, conscientes y escépticos de las limitaciones propias de un luchador que llega a mitad de la competición y después de tantos años. Yo, como muchos, sabía de lo que David era capaz. Es pura potencia. Tiene unas piernas enormes que cuando se pone recto te despegan del suelo. No es rápido pero es contundente, si va lo hace con todo. No desiste. Aprieta y empuja. Lo ces venir y no puedes hacer nada. Su mediana no tiene falseo, si te traba date por muerto. Si le enfadas es más letal todavía. Cruza y saca. Tranca como una cizalla. Tantea y arriesga poco. Y si le atacas te aguanta el golpe. Alvarado que es un gran luchador creo que temía lo que se le venía encima. Un ganador reconoce a otro ganador cuando lo ve llegar al corro. Pedro Alvarado es un brillante luchador y deportista, un ganador que se prepara, que se cuida, que ataca, que domina, y que seguramente escuchó hablar de aquellos vibrantes combates entre Clemente y David que forman parte de la historia de este deporte. Aquellos dos titanes "El Junco" y "Davizuco".

Como demostraron ser dos titanes Alvarado y David en una final tremendamente igualada donde llegaron a empatar a caída entera cada uno. Primero se adelantó David, Alvarado sintió esa fuerza descomunal que uno siente cuando David tira de los brazos y saca a pasear las piernas. La siguiente caída fue para Alvarado porque fue listo, y como gran campeón que es encontró la parte vulnerable de David en menos de un minuto de combate. Porque a un buen luchador cuando le dan una caída le da tiempo a analizar en segundos lo que ha pasado y rearma su estrategia y su ataque entre que se levanta y vuelve a agarrarse. A David le podían haber entrado todas las dudas, lo tienes tan cerca y te empatan.

¿Qué hacer ahora? Si esperas los segundos se vuelven eternos. Si atacas arriesgas y estás por delante con ventaja por dar la primera caída. Entonces es donde apareció el corazón y David perdió la cabeza, perdió la presión, olvidó todo lo que estaba pasando a su alrededor y dejó de calcular lo que le podría estar a punto de pasar si ganara el corro. Se dejó llevar por su instinto. Fue lo peor que le podía pasar a Pedro Alvarado. No habían pasado apenas unos segundos desde el agarre y David resolvió inspirado de furia y de memoria.

David salió a luchar con todo esto y mucho más en la cabeza, contra todos pero con todos. contra todo pero con todo. Y nos hizo recordar qué tipo de luchador es y qué es la Lucha Leonesa.

Era el último combate de la tarde. Habían anunciado en megafonía que David González saltaba de nuevo al corro y a partir de ahí se desató una tarde mágica. Tomás, su hermano, ya había ganado en semipesados que es realmente la categoría de David. Había puesto la grada patas arriba con una cadrilada a Omar Liquete que hizo temblar el suelo de Las Eras. Tomás es brutal, un espectáculo de contundencia y buena lucha, y de muchos gestos que aprendió de David. Tomás está fuera de control, inalcanzable para los rivales. Hubiera sido una locura verle enfrentarse a Héctor y a Clemente, Tomás es lo mejor de ellos. Era difícil creer que cabía un final aún mejor.

Llevaba años sin disfrutar así de una final. Me hizo sentir el cinto otra vez en las manos. Quiero volver a sentir el cinto. Hoy quiero volver a luchar. Hoy quiero ser David en mi pueblo. No cabe la envidia en hazañas como esta, sólo la admiración y el respeto de ver a un amigo tocar otra vez el cielo. ¡Viva la montaña! ¡Viva La Vecilla!
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