El villafranquino enmascarado

Villafranca tiene personajes peculiares con una historia que contar, uno de ellos fue y es el poeta enmascarado, ese que es capaz de sembrar una hortaliza al tiempo que va componiendo una estrofa de un poema

Ramón Cela
06/07/2025
 Actualizado a 06/07/2025
Hay villafranquinos enmascarados que hacen poesía solo con lo que le dan a la villa | FOTO DE RAMÓN CELA
Hay villafranquinos enmascarados que hacen poesía solo con lo que le dan a la villa | FOTO DE RAMÓN CELA

Yo soy aquel que en la Fiesta de Poesía oculto mi cara tras la capa de la vergüenza  y voy caminando despacio y meditabundo camino de la Alameda. Nadie se fija en mí, ni quiero que así sea, yo solo soy el poeta frustrado, aquel que un día en su niñez hizo un ripio y sirvió de mofa a toda la clase de Don Manolo Santín (Presbítero).

Yo soy aquel que siguió haciendo poemas al mismo tiempo que estos, eran pasto de las llamas, porque en mi casa nadie entendía de poesía, que era cosa de ociosos y refugio de aquellos que, un día, se instalaron en una cumbre de barro, que ellos llamaron poesía, muy cerca del arroyo, donde solo sobreviven aquellos que edificaron sobre roca y yo no era más que un pobre aprendiz de poeta, que necesitaba exteriorizar el volcán que lleva dentro de su pecho. Mucho se ha dicho y escrito sobre nosotros. El villafranquino enmascarado… los hubo en todas las artes y la poesía no iba a ser ajena a esta inquietud. Hay quien dice que si naciste en Villafranca, forzosamente, debes de ser artista en alguna de las mil maneras que se pueden ser.

Así, disfrazándose de esas mil cosas distintas, emprendían el Carnaval camino del Jardín de La Alameda. Unos iban disfrazados de padres que llevaban a sus hijos a escuchar el extenso poemario que se iba a desgranar en breves momentos, otros, “pasaban por allí” y ya puestos… era como si fueran antorchas encendidas, que chisporroteantes, temían el estallidos de aquellos envidiosos (que siempre hay) que dijeran las célebres  estupideces : ¿ Pero qué pinta aquí este inculto? ¿Pero que hace este jornalero ocupando un sitio destinado para nosotros, los de corbata diaria y misa dominical? Esta señora estaba mejor en su casa fregando platos,- comentaba la que se creía adinerada- sin embargo muchos no sabían del esfuerzo que muchos tenían que hacer para poder asistir fugazmente al encuentro con los poetas a quienes escuchaban con atención.

Luego, en sus casas, estos, recordaban cada estrofa o simplemente, el momento álgido en el que aquel poema le había llevado al éxtasis. 

Este fue y es el poeta enmascarado de Villafranca, ese que es capaz de sembrar una hortaliza al tiempo que va componiendo una estrofa de un poema que se diluirá pronto en su memoria, porque, cuando se va a trabajar en los duros trabajos, nunca se lleva la libreta y el boli. Por eso muchos de estos poetas dicen: Solo quiero morirme una vez, pero esta que sea para siempre.

Gilberto Ursinos ya había dicho: Eme aquí con el alma al desnudo, para ser el grito de nuestra raza.

O cuando decía Manuel Mauriz: Y se queda el alma malherida,  sangrante en la estepa solitaria, al igual que se queda algún cordero que, perdido del pastor y su manada, preso entre zarzas y espinos, en su triste balar ansía el alba. Y este corderillo, no es más que el villafranquino enmascarado, quien busca cada día, a cada hora, un momento para dejar de mirar la tierra que cultiva, al firmamento que en ocasiones, no es favorable, o simplemente aquella flor silvestre que nació entre sus plantaciones y que debe apagar su vida, porque sino, aquello que plantó con tanto amor, no florecerá, como tampoco pueden florecer aquellas estrofas del poema que pensaba dedicar a su amada.

Todo lo malo va siempre hacia el humilde, quien ya sabe que en la pila de su bautismo, solo invocaban un nombre, mientras el pudiente, siempre va acompañado de dos o más. Razón por la que siempre ocupará las sillas del fondo, o permanecerá de pie en el Jardín de La Alameda.

El villafranquino enmascarado siempre estará dispuesto a ayudar al forastero, porque desde niño, sus padres le enseñaron que lo más importante en la vida es ser humilde y útil a los demás. De esta manera, pasada la Fiesta de la Poesía, siempre seguirá componiendo en su cerebro y viviendo las maravillas que la vida le va ofreciendo, aunque, nunca sepa expresar lo que el volcán de su corazón siente.

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