Si la música no fuera vida, estaría muerto

Manuel D. Abad regresa a las librerías con un completo, bello y potente poemario que nos transporta hasta un alma que grita sinceridad canción a canción

Ruy Vega
28/09/2025
 Actualizado a 28/09/2025
Portada del libro protagonista en la estantería de Ruy.
Portada del libro protagonista en la estantería de Ruy.

¿Sabéis?, a mí me gusta la poesía, mucho. Es algo que he dicho en innumerables ocasiones y no son pocos los libros de poesía de los que he hablado durante estos largos ocho años en La Nueva Crónica. La poesía no es una ciencia exacta (afortunadamente), pero hay dos aspectos que a mí, personalmente, me encantan. La primera es la belleza de su estructura, el uso perfilado del lenguaje. La segunda su fuerte conexión con la realidad. Son muchos los y las poetas que se abren a sus lectores a través de versos sinceros que rugen con fuerza y potencia. Y precisamente de ese factor, de la muestra de sus pensamientos, miedos y esperanzas, de su vida, de lo que Manuel D. Abad nos habla en la obra en la que hoy me quiero (y deseo) detenerme: Si la música no fuera vida, estaría muerto. Tras ese título tan acertado y preciso, se encierra mucho más de lo que a priori puede parecer. Y es que no solo se han buscado un conjunto de palabras que encierren lo que los poemas nos van a transmitir, sino que ahí, en ese breve texto, se encierra parte, gran parte, de la vida de su autor quien, además de excelente poeta y escritor, es crítico musical. 

A Manuel lo conocí hace ya unos años, cuando nació el proyecto empujado por la editorial Más Madera de los libros dedicados al Bierzo, donde además de participar en todos ellos tuve la suerte de coordinar tanto Bierzo criminal como Bierzo fantástico

Tenía ganas, desde hace tiempo, de adentrarme en sus poemas. Tenía la sensación de que los iba a disfrutar. Sus relatos cortos, que había leído con atención en los distintos recopilatorios (no solo los mencionados sobre el Bierzo, sino también otros en los que ambos participamos), me habían transmitido que tras esa firma se encontraba un escritor de talento. Y con el poemario que hoy os traigo, el primero que he podido disfrutar al completo, corroboro mis sensaciones. ‘Si la música no fuera vida, estaría muerto’ es, sin duda, de los mejores libros que he leído últimamente. Su lectura, y su relectura que recomiendo, te lleva a capítulos de sensaciones y, como os comentaba, profunda sinceridad. Un buen ejemplo lo podemos leer ya en el primero de los poemas, que lleva por título Por la noche, y que nos dice: «Por la noche / cuento oportunidades perdidas / […] / Por la noche / me sumerjo / en imaginarios mares de guitarras / mi refugio / siempre / para la timidez / para no dar / saltos al vacío».

Dentro de los versos que siempre dejan los poemarios, me quedo con algunos que son tremendos, bellos, sinceros. En ‘Si la música no fuera vida, estaría muerto’, no podía ser menos. De los primeros que encuentro en ese sentido están en el poema Do you love me? Os los dejo aquí para saborearlos: «El placer / de tenerte / El dolor / de haberte perdido». Otros que os destaco y que traigo por su sencillez y belleza (cuán difícil es hacer sencillo lo bello) los copio de Don´t stare at the sun: «Todo el dinero que malgasté / Todo el tiempo que perdí / Y tú».

Tal cual os comentaba, uno de los aspectos que más me atraen del poemario es la brutal sinceridad de Manuel D. Abad, su capacidad para gritarnos al oído lo que en los días en los que lo escribió ocupaban cada uno de los latidos de su corazón, cada una de las sensaciones del alma. Y en el libro hay muchos ejemplos, como el que podemos encontrar en Spirit: «Hice todo lo que pude, / me esforcé / hasta la extenuación / y sólo descubrí / más desiertos». Y es que a veces, el mantra de todo lo que quieras lo puedes conseguir si te esfuerzas es, sencillamente, falso.

Os pongo otro ejemplo de la brutal certeza de sentimientos que el autor nos entrega, ejemplo extraído de Sitting in a bar: «Mis días de afterhours / se terminaron / al morir mi madre». Y es que, cuando una madre muere, se va con ella parte de tu propia vida, parte incluso de los recuerdos y todo lo que ya no podrá llegar jamás. Venga, os pongo otro más. Esta vez me detengo en Nowhere: «Soy una suma de errores / de errores fatales / de los que condicionaron / mi vida / este no-lugar».  Lo que no os he contado todavía, y que aportan a esta obra un atractivo adicional, es que los títulos corresponden a canciones seleccionadas del enorme (cósmico) conocimiento de su autor por la discografía patria y no patria. Un segundo atractivo son las imágenes aportadas por Alberto Céan-Bermúdez. Todo un acierto, sin duda.

Otro buen ejemplo de esta sensación de adentrarse en la vida de Manuel D. Abad y compartir con él su día a día la podemos leer en River of no return: «Suspendido / en el vacío / de mi propio caos / […] / Lágrimas / caen, / lentas, como lamento / del pasado / como refugio / del incierto futuro / como remedio / al presente congelado.» Creo, y os lo cuento con completa sinceridad, que comparto muchos de los mensajes lanzados en Si la música no fuera vida, estaría muerto. Sí, lo comparto. Y así lo confieso, por si algún día os podéis acercar hasta esta obra. Uno de ellos, por ejemplo, es «Esclavo de la soledad, / tantas veces buscada», extraído del poema Lonely planet. Quién no ha necesitado, en algún momento, estar un rato a solas; bien para sentir el sonido pacificador del vacío, bien para expulsar rabia y dolor, bien para respirar profundo y, aunque parezca extraño, sentirte más cerca que nunca de los que quieres y te quieren. 

Como os comentaba, dentro del poemario podemos encontrar versos que nos llevan a la propia vida del poeta y que aplastan por realismo. Y eso me encanta. Lo he disfrutado mucho, sin duda. Versos como los siguientes: «Dejé de llamarla / de pedir socorro / en los días de alcohol /en los días desesperados / en los días de desilusión», que podréis leer en Alone again or. Por supuesto, como en la vida de todos y cada uno de los que estamos aquí, en mayor o menor medida, con un efecto u otro, aunque sea solo sentido y no correspondido, todos, hemos vivido navegando entre aguas de amor.

Y Manuel D. Abad no podía ser menos. Como muchos poetas, nos habla de su vida en el espejo del sentimiento más sincero: «Puse mis esperanzas / de redimirme / de un antiguo amor / en ti.», texto extraído de Na de na. También os recomiendo Shadow of love si deseáis ver el lado más latido a latido del autor: «Demasiado tiempo / atrapado / en todas las sombras / del ayer / en todas las sombras de lo perdido». Cuánto tiempo perdemos atrapados, la verdad. Y de esa telaraña de melancolía surgen textos tan profundos como este, o canciones tan potentes como muchas de las que podemos descubrir con el poemario. Os recomiendo que, una vez que lo hayáis leído, busquéis los tesoros musicales de cada uno de los títulos, de los que también tenéis sus autores en el propio índice o en cada uno de los poemas en su parte final. 

Me voy ya despidiendo, con el sabor amargo de no destacaros más versos, pues son muchos los que se quedan en el tintero, versos como «He bebido tanto / sin control / ni medida / para detener / el dolor de mi corazón / el peso de mis errores / todas las lágrimas / en días de absoluta soledad / y anhelos de besos y abrazos / en las negaciones / de mis deseos / en los miedos / siempre presentes», que son puro realismo poético. 

Acercaros hasta 'Si la música no fuera vida, estaría muerto', sé que lo disfrutaréis tanto como yo y que os llevará hasta una poesía actual, sincera, potente y que grita al viento la necesidad de seguir creando y viviendo. Un libro que yo releeré, estoy seguro de ello. 
Manuel D. Abad, estoy completamente convencido de que volveré a tu obra en más ocasiones, y que no será la última reseña que haga sobre tus libros aquí, en Lecturas de un alma vagabunda. 

Entre mi biblioteca y yo

Si la música no fuera vida, estaría muerto es la primera obra que leo al completo del autor Manuel D. Abad. Ha sido un enorme acierto haberlo hecho. Estamos ante una poesía actual, elaborada con el dolor y el día a día que los buenos poetas saben dibujar. He disfrutado mucho entre sus versos y sus canciones, entre las palabras elaboradas buscando reflejar lo que el alma grita, y eso es realmente complejo, al menos hacerlo de un modo tan bello. El poemario que hoy traigo hasta Lecturas de un alma vagabunda ya forma parte, por méritos propios, de mis obras favoritas que he leído este año. Sé que volveré a él más veces, sé que tendré que dejarlo bien a la vista en mi despacho, para que mis manos puedan alcanzarlo rápidamente, para cuando mi alma necesite un texto en el que se sienta identificada. 

Más que un libro, un autor

Conocí a Manuel D. Abad hace unos años, no muchos. Fue a raíz de la iniciativa que la editorial asturiana Más Madera lanzó para los recopilatorios de los libros que dedicó al Bierzo y sus autores, donde tanto él como yo participamos. Después, llegaron más libros en conjunto, todos llevados a cabo por la misma editorial. Sabía de su calidad como escritor por lo que había leído de él, y notaba que tenía algo especial, algo que no todos tienen. Por eso cogí con tantas ganas este libro, por eso mi sorpresa no fue tan grande cuando comprobé de su gran calidad. Hay poetas que escriben buena poesía, y poetas que además de eso ven el mundo de un modo poético y viven como tal. Abad es uno de ellos. 

 

Presentación Misterio en el Bierzo
Manuel D. Abad  en la presentación de uno de sus libros anteriores.

 

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