En el pequeño pueblo de Santa Marina de Torre, en el municipio de Torre del Bierzo, cada martes se abren puertas que van mucho más allá de un local social. En la Casa del Cura, doce mujeres se reúnen para hablar, compartir recuerdos, aprender a usar el móvil o simplemente escucharse. Son viudas mineras, mujeres del carbón, mayores que viven solas. Y todas forman parte de un proyecto que busca combatir la soledad no deseada desde lo más sencillo: la compañía.
Santa Marina es una de las cinco localidades de la provincia de León seleccionadas dentro del programa autonómico impulsado por la Junta de Castilla y León para crear dinámicas de socialización en el medio rural. Es, además, la única del Bierzo que forma parte de esta iniciativa.
El proyecto arrancó en noviembre con un primer taller al que acudieron siete mujeres. Este 17 de febrero han empezado doce. La asociación de pensionistas de la localidad, encargada de coordinar la actividad, lo tiene claro: “Las mayores son muy participativas”. Y la cifras lo dejan claro, en el taller de memoria son 19 participantes, en el de gimnasia y mantenimiento 28. Y en la Asociación de Jubilados suman 109 socios , de 175 habitantes.
La secretaria de la Federación de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas, Tamara Valderrey también deja claro ese espíritu de participación "de las actividades que realizamos, si no participan al 100 por cien casi", reconoce. Es una implicación que también se deja ver en la construcción del grupo "es un equipo perfecto", apunta, ya que se requiere una parte de personas a las que ayudar a salir de esa soledad y otras que "sean motor" de esa posibilidad. Un 20% de esas participantes no pertenecen a esa zona crítica de soledad no deseada y son ellas las que sirven de anclaje para que el 80% restante pueda acogerse a esa cuerda.
Entre ese 20% de participantes, la más joven es Gelines Panizo, de 63 años que, aunque no vive sola, quiere estar en estas actividades "ya lo había hecho en noviembre y me gustó mucho porque compartes experiencias y pasas un rato con gente que no es de tu casa". Hay alumnas hasta de 89 años y eso enriquece al grupo, reconoce "yo hablaba mucho con mi madre que me contaba historias de ella y de sus amigas y es enriquecedor hablar de estas cosas", reconoce. Panizo es una de las mujeres más participativas en todo lo que hace la agrupación. Siempre trabajó dentro de casa, y estuvo muchos años al cuidado de su madre que ahora recuerda en estas actividades que "hacen pueblo", reconoce.
Los grupos están pensados para tener entre ocho y doce personas, aunque en pequeños municipios pueden ser más reducidos. La clave es generar un entorno seguro, cercano, donde las personas puedan conectar y recuperar habilidades sociales que a veces se ven debilitadas por la soledad.
Mucho más que reuniones
Los llamados “Espacios de Encuentro” no son simples tertulias. Se conciben como espacios de transición, acompañamiento y motivación para facilitar la integración social y el establecimiento de vínculos, explica Tamara. Es más, el objetivo final es poder sacar a participantes e integrar a otras nuevas porque ya han conquistado los objetivos para los que se ha creado este trabajo. Funcionan desde 2025 como proyectos pilotos costeados enteramente por la Junta de Castilla y León, pero sus buenos resultados, desde mayo del año pasado, cuando se iniciaron, han hecho que se queden en el calendario de actividades.
La metodología combina cuatro grandes ejes. Por un lado, técnicas para mejorar la interacción social. El grupo funciona como contexto de apoyo y ayuda mutua. Se entrenan habilidades comunicativas, se fomenta la participación y se respeta el ritmo de cada persona.
Otra de sus bases es compartir recuerdos y trayectorias vitales para ayudar a comprender el presente y generar empatía entre las participantes. Las historias dejan de ser relatos individuales para convertirse en puentes de conexión.
También desarrollan actividades elegidas por el propio grupo. Juegos de mesa, conversaciones sobre actualidad, música o paseos. No importa tanto la actividad como que nazca del interés común, porque ahí es donde surgen los vínculos espontáneos.
Y aprovechan también para ponerse al día, incluyendo el aprendizaje del móvil e internet. Las llamadas TRICs, Tecnologías de la Relación, Información y Comunicación, que se incorporan como herramienta complementaria. Aprender a manejar el teléfono o las redes sociales refuerza la autoestima y amplía las posibilidades de contacto con familiares y amistades.
La soledad no deseada es uno de los grandes desafíos sociales en entornos rurales envejecidos. En pueblos como Santa Marina de Torre, donde la minería marcó generaciones y muchas mujeres han quedado viudas, el aislamiento puede convertirse en rutina.
El programa plantea sesiones de dos horas, en este caso desde las 11:00 hasta las 13:00 horas cada martes . Siempre con una persona dinamizadora, preferentemente vinculada al entorno. Cristina es la persona que les guía en esta actividad con un mensaje sencillo y profundo a la vez: mujeres que durante décadas sostuvieron familias mineras ahora encuentran un espacio propio donde hablar de sí mismas.
Se escogió Santa Marina, la única población del Bierzo que cuenta con este programa y una de las cinco en todo León que lo secunda por el nivel de participación , precisamente, de la agrupación de pensionistas. Además, asegura la secretaria de la Federación, se requería que tuvieran una sede estable y disponible, adecuada al programa, que se desarrollará los próximos meses.
En un territorio acostumbrado a luchar contra la despoblación y la pérdida de servicios, iniciativas como esta demuestran que la respuesta a la soledad puede empezar con algo tan básico como sentarse en círculo y escucharse. Y en Santa Marina de Torre, ese círculo cada vez es un poco más grande.