Y, tras leerlo, me quedé con esa sensación de quien realmente sabe escribir. Me preguntaba cómo sería un nuevo libro de su parte. Por eso poder leer Relatos en diáspora, su nueva creación, ha sido una gran satisfacción. Cuando lees un libro que te ha gustado, el segundo al que te acercas de ese autor o autora siempre es una caja abierta a las sensaciones. Nunca sabes si te va a seguir llegando, si es algo completamente diferente o si incluso para nada se acerca al anterior, en tu opinión. En el caso de Mayela Paramio puedo decir que sigo pensando que tiene un gran talento para escribir.
De Baldosas amarillas danzan en el desván del alma, la anterior obra que leí suya, hablé en las pasadas Cartas a ninguna parte y, como si fuera el destino, el tiempo ha querido que me vuelva a acercar a ella con su nuevo ejemplar en la sección hermana de la anterior, Lecturas de un alma vagabunda.
Leí gran parte del mismo sentado en el sillón que tengo en el despacho, con música de fondo mientras el sol invadía el espacio y calentaba tímidamente el lugar. Y de eso puede que podamos encontrar bastante en este libro, de un conjunto de aspectos diferentes que conforman un momento plácido, y es que Relatos en diáspora es un conjunto de relatos cortos, de aspectos variados, que bien merece la pena leer.
Ya lo he comentado en algunas ocasiones, y en esta se da especialmente. Cuando leo un libro que posteriormente tengo la idea de reseñar voy señalando algunas de las páginas de las que quiero extraer una frase, un pequeño párrafo o algo que considero especialmente relevante. En este caso he señalado tantas que creo que podría en este momento acabar esta frase con dos puntos y dedicarme solo a transcribirlas. Y eso, sin más, es el verdadero significado de que me ha encantado. Un ejemplo de un párrafo bien hilado y que te mantiene pegado a la lectura lo podemos encontrar ya al principio del libro, en el relato Sospecha, donde se lee: «Contiene el aliento agitado al saber que ha de compartir las sábanas con alguien a quien teme. El miedo vicioso va encogiendo su lengua, agudiza su oído y araña con su tacto el algodón de las azules sábanas a las que se aferra inmóvil en la cámara. No duerme, no descansa. Cada noche imagina su mano en su garganta cuando cierra los ojos: «Queremos protegerte».
Como habéis podido comprobar, Mayela utiliza el lenguaje preciso, no más del necesario y sí el más acertado, para describir acciones y situaciones. Por eso me gusta detenerme en el relato La niña de enfrente, donde podemos comprobarlo de nuevo: «La niña de enfrente, esa que no se mezclaba con los niños del barrio ni jugaba en sus calles; esa que no le había tocado en suerte a mi madre; esa que nunca había roto un plato porque nunca fregaba; esa a quien su madre no mandaba a recados teniendo que decir el tendero, con vergüenza, que lo apuntase en la deuda pendiente; esa que ni barría el portal ni se mojaba las manos en lejía. Lejía que con zumo le había ofrecido mi madre un día atrás». Pura fuerza, pura potencia, en estas breves líneas.
Como fuerza, o en este caso creo que el concepto más ajustado es el de profundidad, tiene el siguiente párrafo, extraído de Parole, Parole: «Entonces, reparé en lo que sucedía; yo escucho por los ojos, por eso no observo, solo veo palabras. Unas alegres, llenas de cariño y esperanza como un saludo sincero; otras de colores y ahí sí que soy rigurosa en la gama de toda la paleta de un pintor. Las hay con entrelíneas, con sarcasmo, irónicas, con retranca…»
Hay un relato por el que siento especial predilección. Es corto, de apenas media página. Pero en ese breve espacio se menciona a Poe, Molière y Walt Whitman. Nada más y nada menos que dos de los autores por los que siento una especial atracción (a Molière confieso que no lo he leído lo suficiente como para tener una opinión fundada sobre él). Lleva por título Literatura universal. Segundo trimestre. Si os hacéis con el libro, acercaros a él. Doy un pequeño salto para recomendaros también el texto El salto, otro breve relato que vais a disfrutar, como a mí me ha ocurrido.
Por cierto, a todos aquellos (que estoy seguro de que son muchos de los que leerán esta reseña) que tengáis un pasado en zona minera, no dejéis de leer La hullera, un mágico relato que encontraréis cerca del principio, y que os llevará a momentos e instantes pasados. De él rescato este texto de sensación infinita: «La temida campana fue la que interrumpió y acalló cada hogar de la cuenca minera. Un silencio profundo congeló toda la actividad de una densa duda sostenida, no fuese a ser un padre, un tío, un abuelo o quizá algún hermano de los nuestros, que ya hubiese colgado los estudios para horadar palmo a palmo la tierra y sus pulmones.» Salto ahora hasta Psicoanálisis, que por debilidad en mis gustos de lectura es de los que más me ha gustado. Algo bueno que tienen los libros de relatos cortos es que estoy seguro de que todos y cada uno de los lectores podemos encontrar alguno/s que nos gusten especialmente, sobre todo si son de temática variada, como es en el caso de Relatos en diáspora. En este se dan muchas de estas circunstancias para mí. Y no so voy a decir nada sobre él, prefiero que os adentréis en su lectura si tenéis la oportunidad. Me ha encantado, Mayela. Enhorabuena.
Como os comentaba, pienso que uno de los puntos fuertes de la autora es su alta capacidad para escribir realmente bien. Os mencionaba algún ejemplo al inicio de esta reseña y os dejo una nueva aquí, que leeréis en La faltriquera del tiempo: «Las persianas claudicaban frente a un sol implacable que se infiltraba tenaz por todas las rendijas de aquella galería al estilo gallego. Hoy, el bochorno se agazapa de nuevo en los corredores del pasado y a tientas invade mis recuerdos y vuelvo a hallarme allí.»
Creo que la literatura tiene mucho de impacto y de llegar a lo más profundo de quien lo lee. Puede ser un gran poema, puede ser una excelente novela o un texto reflexivo. No importa, si apasiona y golpea en lo más profundo, entonces lo recordaremos. Hay grandes plumas que son capaces de hacerlo, grandes nombres, algunos que conocemos, otros que no tanto (en mi opinión, es obvio que hay gente muy válida que no es tan conocida simplemente porque no ha tenido la oportunidad o la suerte necesaria).
Y luego, hay otra serie de firmas que son capaces que escribir con algo especial, con algo distinto, como solo ellos saben. Más allá del tipo de texto del que se trate, si es un verso, un relato o una reflexión, son capaces de apuntalar letra a letra lo más cercano a la sensación de estar ante algo diferente técnicamente. Creo que Mayela Paramio tiene ambas cosas, la capacidad de hacerlo hermoso y de presentar historias atrayentes. Y me alegro, porque poder leerla es fantástico.
¿Sabéis? Os voy a confesar algo. Tengo hecho el listado de libros que voy a reseñar próximamente en Lecturas de un alma vagabunda. Ya los he leído y anotado lo que quiero contaros de ellos. En biblioteca particular, ya extensa (afortunadamente), los libros de los que voy a hablar los tengo separados en un lugar concreto. También tengo un listado, una especie de base de datos, donde anoto los reseñados, los pendientes de reseñar y ya leídos, y los pendientes de leer. Bien, pues Relatos en diáspora lo había planificado para más adelante. Pero, por algún motivo que desconozco y ojalá nunca llegue a saber, cuando me puse delante del ordenador a escribir, cambié de opinión y decidí hacerlo ahora, en este octubre de 2025. Y es que puede que, las decisiones instintivas sean las más reflexivas.
Mayela, te seguiré leyendo en tus nuevas creaciones.

Entre mi biblioteca y yo
Relatos en diáspora es la segunda obra que tengo la suerte de leer de su autora, Mayela Paramio. Tanto en esta como en la anterior, Baldosas amarillas danzan en el desván del alma, he descubierto a una escritora que escribe realmente bien, con un texto cuidado, buscando siempre la palabra más certera para lo que quiere expresar.
Además, maneja distintos registros, desde la prosa poética de su anterior obra hasta los relatos más cercanos en la reseñada en este artículo. Leer un libro de relatos breves es un verdadero placer, siempre lo es y siempre lo disfrutaré. Entre todos ellos es inevitable que algunos te gusten más que otros, de eso no hay duda; y es a ellos a los que volveré a recurrir cuando me apetezca echar de nuevo un vistazo a este libro. En contra de lo que pueda parecer, escribir un buen relato corto es algo realmente difícil, y no todos lo consiguen. Mayela sí lo ha hecho.
Más que un libro, un autor
Conocí a Mayela Paramio a través de Manuel Cuenya. Era él quien presentaba a su lado su primera obra en Ponferrada, y me acerqué aquel día a verlos, con gran curiosidad. Recuerdo la jornada todavía hoy, pues no la conocía y lo que en ella se leyó me llamó poderosa (y positivamente) la atención. Tras la presentación, me fui con ellos a tomar algo, y fue allí donde Mayela me regaló Baldosas amarillas danzan en el desván del alma, que posteriormente leí y al que dediqué una de las antiguas Cartas a ninguna parte. A partir de entonces, coincidimos en alguna ocasión más cuando yo me he acercado a León a presentar alguna de mis novelas. La verdad, no sé qué deparará el futuro (y a decir verdad prefiero no conocerlo), pero estoy completamente seguro de que ella seguirá escribiendo textos excelentes a los que yo me acercaré con ganas de adentrarme línea a línea.