Hay grupos que nacen para una temporada y otros que terminan convirtiéndose en parte de la banda sonora de un territorio. Como los bercianos Rapabestas. Lo que comenzó en 1999 como un grupo de amigos encerrados en un garaje versionando canciones de sus bandas folk favoritas se ha convertido, 27 años después, en una de las formaciones más reconocibles de la música berciana.
Han puesto música a acontecimientos históricos para la comarca, desde el Mundial de Ciclismo de Ponferrada hasta el himno de la Deportiva. Han grabado discos, celebrado sus bodas de plata con un directo especial y han sobrevivido a los inevitables cambios que acompañan a cualquier proyecto de larga duración. Pero, sobre todo, han mantenido intacta una cualidad difícil de encontrar: la ilusión.
Ahora llegan a uno de esos momentos que marcan una nueva etapa "un momento dulce", dice su acordeonista Jorge Prada, uno de los pilares de la formación, con el batería Tacho. El próximo 20 de junio esperaban compartir escenario en Ponferrada con los míticos Celtas Cortos, que celebran su 40 aniversario, algo que será en otra fecha tras su aplazamiento. Pero será la primera vez que coincidan. Ya lo hicieron hace doce años en Noceda. Sin embargo, esta vez hay algo diferente. Rapabestas llega con un nuevo tema bajo el brazo, una canción que simboliza el buen momento que atraviesa la banda. Su nombre es "Vangalúa".
El tema verá la luz, con un videoclip, en YouTube el próximo 13 de junio, aunque su estreno en directo tendrá lugar precisamente en el concierto junto a Celtas Cortos (ahora aplazado por el partido de ascenso de la Ponferradina).
Detrás de ese título hay una historia familiar. La palabra procede de una expresión utilizada por el abuelo de los Iglesias del grupo cuando regresaba de fiesta. Cuando volvía de "carallada", cuentan entre risas, en casa decían que venía de Vangalúa.
Ese espíritu festivo es precisamente el corazón de una canción que mezcla folk, rumba y rock, creciendo poco a poco hasta convertirse en una celebración colectiva. Los instrumentos se incorporan de forma progresiva, como si fueran amigos que se suman a una reunión que acaba convirtiéndose en una fiesta. Porque si algo define a Rapabestas es precisamente eso: la amistad. "Es lo que nos ha mantenido siempre", explican Jorge Prada y Tacho.
Aprender a cambiar
Mantener una banda durante casi tres décadas no es sencillo. Rapabestas ha tenido que reinventarse en numerosas ocasiones. La salida de músicos, las nuevas incorporaciones y los cambios vitales han obligado al grupo a reconstruirse una y otra vez. "Antes lo vivíamos como una tragedia. Nos costaba mucho cambiar. Ahora lo vemos como una oportunidad", reconoce Prada.
Y esa oportunidad tiene actualmente dos nombres propios. Uno de ellos es Karine Vandanian, violista rusa afincada en El Bierzo. Tras pasar por Madrid, decidió buscar una vida más tranquila y terminó encontrándose con Rapabestas. Su llegada ha supuesto una inyección de aire fresco para la formación. "El Bierzo la ha adoptado", asegura Prada. En el grupo cambia la viola por el violín y deja ver su sensibilidad y curriculum en cada nota.
La otra incorporación es Manuel Iglesias, bajista del grupo y padre del guitarrista Óscar Iglesias. Con más de 70 años, se ha incorporado al proyecto aportando experiencia y demostrando que la pasión por la música no entiende de edades.
Junto a ellos continúan los nombres que han sostenido la estructura de Rapabestas durante años: el propio Prada al acordeón, Tacho a la batería, Ricardo Girón en la percusión y Óscar Iglesias a la guitarra.
En eterna construcción
Quizá una de las imágenes que mejor explica la filosofía del grupo sea la comparación que ellos mismos utilizan para hablar de su forma de componer. Dicen que trabajan como quien montaba construcciones de Tente cuando era niño. "Era más divertido construirlas que tenerlas terminadas".
Por eso nunca dejan de probar, desmontar y volver a empezar. De una idea rítmica de Ricardo, el "colchón" de batería de Tacho y la entrada del violín de Karine, hablando con el acordeón fue naciendo una melodía que acabó convirtiéndose en Vangalúa. A la ecuación se sumó además el sonido de guitarra y la colaboración del teclista Anxo Seco, que aporta el sonido de órgano que completa la canción. El resultado es un tema que conserva la esencia de Rapabestas pero incorpora nuevos matices. "Nos da lo que buscábamos ahora mismo: frescura, algo nuevo sin perder nuestro estilo", resume Prada.
Una rara avis musical
En tiempos en los que muchos proyectos musicales nacen y desaparecen a la velocidad de las redes sociales, Rapabestas representa casi una excepción. Veintisiete años después siguen componiendo, actuando y buscando nuevos caminos, siempre sabiendo que el camino hay que recorrerlo de abajo a arriba y no saltarse etapas para llegar.
Quizá por eso Vangalúa suena también a homenaje. A los abuelos que sabían celebrar la vida. A las amistades que resisten el paso del tiempo. Y a una generación de músicos que ha demostrado que se puede seguir innovando sin renunciar a las raíces.
Esperaban compartir escenario con Celtas Cortos el 20 de junio, pero será en otra fecha por confirmar. Después llegará otra cita especial, el 4 de julio en la plaza Tierno Galván de Ponferrada.
Pero más allá de las fechas, Rapabestas parece haber encontrado algo mucho más importante: la capacidad de seguir mirando hacia adelante sin olvidar de dónde viene. Y eso, después de 27 años, quizá sea su mejor canción. Mejorando lo presente.
