Un proyecto que no despega

Rogelio Meléndez
09/08/2026
 Actualizado a 09/08/2026
Imagen del reloj en dos épocas, la primera foto corresponde a 2019 y la segunda a finales del siglo XX.
Imagen del reloj en dos épocas, la primera foto corresponde a 2019 y la segunda a finales del siglo XX.

La euforia se desvanece

Hay muchas obras que fracasan por falta de mantenimiento. En el momento de su inauguración, el Parque Solar de Bembibre, tenía una serie de filas de flores dispuestas en líneas curvadas, que aparentemente podrían servir únicamente para adornar o dar un aspecto vistoso al que a todos los efectos es un jardín.  En muchos jardines públicos (los de Ponferrada por ejemplo), los jardineros colocan las flores siguiendo líneas que tengan cierto estilo o cierta gracia. Cierto estilo sí, pero no previo cálculo de la posición de cada flor a partir de la latitud, la longitud, la declinación, el ángulo horario...y otra serie de «cosas raras» más. En un jardín normal las flores están para adornar y punto

. En el de Bembibre también para eso, pero además , y sobre todo, para indicar la fecha, la hora y otra serie de datos más, ya que  en el parque se refleja por ejemplo la fluctuación anual de la declinación solar o la posición en el parque del plano ecuatorial. He llegado a sospechar que muchas personas han olvidado por completo esto último y consideran que esas plantas se han de colocar como se quiera, con la única condición de que tengan un poco de «gracia» y listo. Es decir, que están únicamente para adornar como en cualquier jardín normal. Error total y absoluto. Si no hay plantas no hay reloj ni calendario.

Otro asunto es que se sustituyan las plantas por piedras pintadas, por ejemplo. Este error es quizá lo que explica, que pese a que el entorno está bien acondicionado, a que está en una de las principales zonas de paseo de Bembibre y a que tenga unos accesos que «te llevan» sin querer al cuadrante solar este apenas recibe visita alguna.
 

Aunque estos artículos son sobre divulgación del conocimiento de la astronomía y ramas afines, creo que no hay más remedio que hablar de otros temas, porque tienen bastante que ver con esta obra que se hizo en Bembibre hace ya más de un cuarto de siglo.

Cuando, ya en el siglo pasado, el entonces alcalde de Bembibre, Jesús Esteban Rodríguez "Susi", decidió dar luz verde a esta obra, recuerdo que me dijo que el lugar elegido para la misma era muy adecuado. Creo que tenía razón. Es y entonces ya era una zona de paseo muy concurrida. Además, hoy en día hay dos residencias de la tercera edad y un tanatorio. Pero las obras, además de la importancia intrínseca que tienen, también poseen la que la sociedad les quiera dar.

En el caso de este reloj calendario solar de Bembibre, y al igual que ocurrió en Castropodame, parece evidente que la importancia social es prácticamente nula. Aunque es muy difícil de evaluar, yo, en una escala de 0 a 10, siendo cero nulo interés y diez mucho, le pondría un uno, y es suficiente. Voy a intentar justificarlo.

Hace ya más de 25 años que la obra está en una zona principal de paseo del vecindario de Bembibre, como ya he señalado. En infinidad de ocasiones, prácticamente todas las semanas, he pasado por esa zona y muy cerca del parque reloj calendario solar, pero ni una sola vez, en todos estos años, he visto a una persona observándolo. Sin embargo, sí vi en una ocasión un grupo de ovejas que incluso se subió al podio o mirador para, ¿intentar leer la fecha y la hora señaladas en este parque solar? El hecho ocurrió el 15 de febrero del año 2016 y tanto me llamó la atención que incluso hice fotografías de esas ovejas "aficionadas a la astronomía". Aún las conservo. Es un elocuente ejemplo del escaso interés que el personal muestra a menudo por la cultura científica.

En este tiempo transcurrido desde 1999 hasta hoy, creo que ni siquiera durante un año completo el parque solar de Bembibre ha estado atendido de un modo que yo considere correcto. Ignoro el motivo, pero supongo que se debe, esencialmente, al muy escaso interés de los vecinos de Bembibre por esta obra, que supuso un trabajo de más de nueve meses.

Los alcaldes y concejales, aunque con cierto grado de inercia, tratan de complacer a sus vecinos. Lo que estos piden, lógicamente, intentan darlo, pero lo que no piden... Es lógico, en buena medida, que así sea.

En el año 2000 se celebraron en León las XIV Jornadas Estatales de Astronomía, y una de las ponencias fue justamente sobre este tema. La iniciativa de dar a conocer esta obra y la idea general de lo que yo ya entonces denominaba parque solar didáctico partió de la Asociación Leonesa de Astronomía, a la que agradecí y sigo agradeciendo aquella iniciativa.

También en aquellas fechas, el Ministerio de Educación y Cultura (Dirección General de Enseñanza Superior) me concedió, en el año 1998, una subvención por las labores de estudio e investigación de este proyecto. Fue el proyecto denominado APC 1998-0213 y el importe ascendió a un millón de las antiguas pesetas, es decir, unos 6.000 euros actuales.

Todas estas circunstancias y el hecho de que Bembibre sea, dentro de la provincia de León, una población de bastante importancia —bien comunicada, con numerosos centros de enseñanza y una población considerable— me hicieron albergar la esperanza de que el proyecto, por fin, iba a despegar.

No obstante, ya en el año 2001, en la revista LEO (Asociación Leonesa de Astronomía), al publicar un artículo sobre este tema en un número extraordinario, señalé que "los problemas que arruinaron las obras en Castropodame aparecen también en Bembibre".

Ese mismo año, en la revista del I.E. Bercianos (octubre de 2001, número 27), en otro artículo sobre el tema, volví a citar expresamente esos problemas que ya se ponían de manifiesto y que han continuado durante un cuarto de siglo, es decir, hasta hoy mismo.

No obstante, como yo no me quería, ni quiero aún, dar por vencido y dado que en Castropodame, concretamente en la pedanía, su junta vecinal tuvo a bien recuperar las obras abandonadas desde hacía años, de nuevo hubo que ponerse manos a la obra.

Segundo intento en Castropodame

En torno a los años 2005-06 y siendo alcalde pedáneo Ángel García Barredo, se decidió recuperar las obras en la pedanía de Castropodame, obras que llevaban varios años tan abandonadas que apenas se conocía lo que allí se había hecho. En el año 2005, lo que se hizo fue, en primer lugar, colocar una planchada de hormigón de unos 500 metros cuadrados, en la que se dibujarían las líneas que señalasen fechas y horas. Inicialmente se pensaba colocar las plantas en un suelo de tierra, aunque debidamente nivelado. Además, en vez de ser líneas formadas por sucesiones de plantas (a modo de puntos), estarían formadas básicamente por estrellas pintadas en el hormigón. Unas son de color blanco y otras de color negro. La secuencia o la cadencia en la representación de las fechas es de 5 días. Es decir, se representaron los días 1, 5, 10, 15, 20 y 25 de cada mes sobre las ramas de analema. Los días 1 de cada mes, en vez de estar pintados, se representan mediante una especie de piña metálica que puede ser blanca o negra. La rama de color blanco es la que sirve en verano y otoño, y la negra en invierno y primavera.

Creo que ya he explicado por qué hay que distinguir nítidamente una rama de la otra. Es debido a que, en una misma hora del año (las 10 de la mañana, por ejemplo), las sombras en verano y otoño se van moviendo día tras día describiendo una especie de Z, pero en invierno y primavera se sitúan sobre una línea curvada que tiene forma de S. Como ambas están unidas, el resultado es una figura que tiene forma de 8 y que se llama analema. Ver imagen adjunta correspondiente al año 2019. Esto ha de ser inexorablemente así si queremos que el reloj solar señale la hora oficial, que es la que usamos en la vida cotidiana y la que realmente nos importa. Además de estas figuras en forma de 8, más o menos "deformado", y que son las líneas curvadas que sirven para señalar las horas, hay un bandeado de poniente a naciente formado por bandas de colores azul, amarillo y verde. Estas bandas tienen formas que corresponden a ramas de hipérbolas y sirven para señalar las fechas, que, no obstante, también se señalan en las figuras en forma de 8.

En Bembibre y en Castropodame, inicialmente la idea era señalar las analemas, pero no completas, es decir, en cada época del año la rama que correspondiere. En verano y otoño la que tiene forma de Z y en invierno y primavera la que tiene forma de S. Como se pensaban trazar mediante alineaciones de plantas, cada seis meses era preciso cambiar las plantas de ubicación. No es una labor complicada ni mucho menos, pero… hay que hacerla y, en un pueblo como Castropodame, con muy escasos medios, esto podía ser un problema. La solución de dibujar la analema completa (aunque eso sí, distinguiendo nítidamente ambas ramas) supone que se hace más sencillo el mantenimiento. Lógicamente, tampoco hay que molestarse en regar las plantas. En definitiva, se hizo una obra cuyo mantenimiento es el más mínimo posible. Hubo, eso sí, que instalar carteles (chapa metálica) de las fechas y las horas. Son carteles cuya sujeción al pavimento de hormigón se hizo de modo que se puedan modificar sus posiciones, algo que es totalmente necesario cuando se procede al cambio de horario oficial. Asimismo, se instaló un panel informativo para explicar cómo se puede leer la fecha y la hora en este parque solar didáctico.

Estéticamente es más deficiente que la idea original, concebida en los años finales del pasado siglo XX. Las flores y las plantas son la esencia de todo jardín y la idea que yo siempre manejé fue la de un jardín que fuese, eso sí, singular, pero siempre jardín. Claro que el jardín requiere un mantenimiento. El hormigón y la pintura, mucho menos. Además, si se opta por representar siempre analemas completas, solo se pueden señalar horas en punto y, ya "estirando" un poco, medias horas. Si queremos señalar también fracciones de 15 minutos e incluso de solo 5 minutos (como ocurre en Bembibre), la confusión sería tan espantosa que resulta inaceptable. En Castropodame y en las obras de recuperación del primitivo jardín-reloj-calendario solar se optó por representar solo horas en punto y listo. Además, ya no se pretendió, como inicialmente, distinguir en el cuadrante dos zonas con la esperanza de construir más de un cuadrante. Hacer uno solo estaba costando ya más que "poner una pica en Flandes", como antaño se decía. Es decir, la idea original, en vez de ir hacia un desarrollo cada vez más complejo y, por tanto, hacia una obra de más envergadura, se modificó en sentido contrario. Vamos, que en vez de avanzar se fue retrocediendo. No obstante, además del cuadrante principal, se construyeron más elementos que ahora voy a explicar y que están en consonancia con la idea de un parque solar didáctico.

Más elementos de interés didáctico 

Justamente al norte del cuadrante principal se dibujó una gran rosa de los vientos de ocho puntas, inscrita en un círculo de 9 metros de diámetro, y más al norte aún, dos pequeños relojes de sol convencionales, uno vertical y otro horizontal. Como es habitual, estos relojes de sol convencionales señalan la hora solar verdadera, pero en el cuadrante del reloj vertical hay un gráfico (tabla correctora o conversora) que permite saber la hora oficial a partir de la hora solar verdadera. Así, cualquiera, con solo saber leer y tomarse la mínima molestia de mirar con cierta atención lo que se ve en esa tabla correctora, puede comprobar si esos relojes convencionales funcionan bien o no.

La tabla en cuestión sirve, obviamente, tanto para el reloj de sol vertical como para el horizontal. En este cuadrante vertical figuran las coordenadas geográficas de Castropodame, expresadas en grados, minutos y segundos sexagesimales.

En el reloj horizontal, entre otros datos, aparecen las coordenadas (UTM, ED 50, Huso 29) del parque donde está el reloj, expresadas en metros, y la altitud sobre el nivel del mar. Asimismo, figura la leyenda: "LA VIDA HUYE COMO LA SOMBRA", en español, francés, inglés y latín. Es muy habitual colocar junto a los relojes de sol divisas o leyendas referentes al paso del tiempo. Yo no sé si esta será muy afortunada. A nadie le gusta que le recuerden que la vida va pasando, pero yo lo que pretendí con esa frase es dar un poco de gracia al reloj y, de paso, recordar que el latín aún hoy día sigue siendo muy utilizado en los relojes de sol.

Asimismo, en el podio o mirador que se construyó para contemplar bien el cuadrante solar principal, se instaló un cartel explicativo para que cualquier persona, con un mínimo esfuerzo, fuese capaz de leer en ese parque solar didáctico fechas y horas. En definitiva, una serie de elementos que sirven para aprender (coordenadas diversas, horarios diversos, puntos cardinales…) y que justifican el nombre de parque solar didáctico, que yo le doy.

Situación actual

Para un diminuto pueblo como Castropodame (pedanía), esta obra supuso un considerable esfuerzo, pero, a pesar de diversas dificultades (algunas inesperadas), se logró llevar adelante. Esto pone de relieve que tan importante como los medios es el afán de hacer bien las cosas, lo que permite alcanzar metas importantes.

No obstante, una vez terminada la obra, volvieron a aparecer los problemas de siempre. Aunque el mantenimiento que requiere es mínimo (prácticamente nulo), el paso del tiempo es implacable y, en el año 2018, es decir, 13 años después de haberse recuperado las obras iniciales, fue preciso proceder al repintado de las bandas que corresponden a las hipérbolas y también de las estrellas y piñas metálicas que conforman las analemas.

Creo que fue en esta fecha cuando, rodeando y protegiendo al cuadrante principal, se colocó una valla, ya que, de no hacerlo así, muchas personas caminaban por la planchada de hormigón (tiene una extensión de más de 400 metros cuadrados) donde están dibujadas las hipérbolas y las analemas, contribuyendo a su deterioro. Además, la circulación por ese cuadrante es un tanto peligrosa, ya que las piñas metálicas que señalizan los días 1 de cada mes pueden muy bien servir para que caminantes imprudentes (niños) tropiecen y acaben cayendo sobre el pavimento de hormigón.

Las labores iniciadas en el año 2018 se prolongaron hasta el año 2019, pero, en los inicios del año 2021, aún faltaban una serie de elementos esenciales por colocar en el cuadrante. A la fecha de hoy (verano de 2026) la situación es la misma. Me refiero a los carteles indicadores de fechas y horas, así como a un cartel explicativo.

Una vez más, el escaso interés del vecindario (de Castropodame, en este caso) por esta obra ha hecho que lo que se pretendía hace varias décadas —construir un elemento de atractivo turístico para la localidad— haya resultado un auténtico fracaso, al menos en mi opinión.

Las cosas, en buena medida, tienen la importancia que les da la sociedad. Así pues, poco más cabe añadir a este relato. En el próximo capítulo haremos una especie de recopilación y análisis de las conclusiones que cabe extraer de los hechos relatados en este y en otros capítulos anteriores.

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