La ayuda desinteresada de la Escuela Taller de Bembibre, permitió a las obras avanzar a buen ritmo, pero finalizó el curso y cesó la actividad de la misma. Como en Castropodame, no había plan alternativo para continuar, comenzó un lento deterioro de lo construido, aunque se dio la paradoja de que por parte de Castropodame (creo que fue el Ayuntamiento) se construyó un elemento muy interesante. Es una especie de pirámide con escaleras que se construyó con piedras y de un modo que estéticamente parece correcto.
Era el verano del año 1998 y las únicas tareas que pude hacer, además de comprobar quizá el correcto funcionamiento en la señalización de fechas y horas (debería mirar mis apuntes para comprobarlo); fueron dirigir la construcción de esa pirámide de piedra. Tengo aún los apuntes. Esta pirámide se hizo para servir de podio o mirador del cuadrante solar que tiene una extensión de 400 metros cuadrados. Pero se hizo el mirador cuando ya nada o casi nada había que mirar, ya que, al abandonarse las obra, todo lo realizado se fue deteriorando (tengo fotografías) de tal modo que apenas se reconocían las líneas (ramas de hipérbolas,) que con mucho trabajo se habían trazado en el suelo.
El abandono de las obras duró varios años y además tuvo lugar tras haberse iniciado sólo una parte mínima (tengo planos) del proyecto original. No existía un plan concreto sobre qué hacer y entonces me di cuenta de que eso de que la fe y la ilusión mueven montañas, no siempre es cierto.
Dada la situación, empecé a buscar un lugar distinto a Castropodame, en el que poder llevar a cabo el proyecto. Era el verano del año 1998. Uno de los lugares a los que me dirigí fue Bembibre, municipio donde yo resido (y residía) y cuyo ayuntamiento había colaborado de modo altruista en la realización de las obras en Castropodame. El alcalde de Bembibre era entonces Jesús Esteban Rodríguez más conocido como ‘Susi’, hombre este que es abogado y por tanto, en principio, supongo que mucho no se preocuparía ni por la geodesia, ni la astronomía, ni la gnomónica; pero como cantaba Joaquin Sabina, «cuando menos te lo esperas, el Diablo va y se pone de tu parte». Yo le mostré a ‘Susi’ unas fotografías (no tenía nada más interesante) de lo poco que se pudo hacer en Castropodame y en sólo 6 días este me llama y me dice que tengo luz verde para llevar a cabo el proyecto en Bembibre.
La verdad es que me sorprendió la rapidez con la que el alcalde tomó la decisión. Yo sé que «las cosas de palacio van despacio», en la burocracia municipal. Hay que pensar, buscar asesoramiento técnico, ver el tema en una comisión, en otra comisión, en una reunión, en otra reunión… y al final la idea se diluye entre despachos y papeles. En esta ocasión Jesús Esteban actuó con una rapidez impresionante y además dejando a un lado todo ese formalismo que a menudo se utiliza en organismos oficiales. Una llamada a mi teléfono fue suficiente para dar luz verde.
Era el 9 de septiembre de 1998. Esto se llama eficacia en la gestión. Por mi parte también quise ir todo lo rápido posible y el 16 de aquel mes, ya realicé un plano topográfico de la zona donde habría de ubicarse ese parque solar didáctico. No fui antes porque eran las fiestas patronales de Bembibre (El Cristo), aunque a mí, la verdad es que me importaba mucho más la obra proyectada que todos los «cristos».
Después, el Ayuntamiento de Bembibre buscó a dos albañiles, que, bajo mi dirección habían de ejecutar las obras y en enero de 1999, se iniciaron estas. Fueron con un ritmo igual al de cualquier otra responsabilidad del Ayuntamiento de Bembibre y tras 9 meses de trabajo continuado se finalizaron en septiembre del año 1999. Hubo una interrupción de aproximadamente un mes por cuestiones burocráticas en parte ajenas al Ayuntamiento de Bembibre y al final hubo que acelerar un poco, de tal modo que además de los dos operarios habituales, fue precisa la asistencia de algunos más, pero en las Fiestas del Cristo del año 1999 se inauguró la obra y de modo brillante en mi opinión.
Características
Se dice que «la veteranía es un grado» y yo pude aprovechar lo que aprendí al hacer el intento en Castropodame, para hacer en Bembibre algo técnicamente mejor. La base es una solera de hormigón, es decir, algo firme y no un suelo de tierra como en Castropodame, donde aparecen hierbas indeseadas por mucho cuidado que se ponga en evitarlo. El problema del drenaje se resolvió (y sin querer tengo que reconocerlo) al utilizar, en la parte más externa, un suelo de grava, que permite la filtración del agua de lluvia evitando los molestos e incómodos charcos que a veces se producen en pavimentos. Las ramas de hipérbolas se materializaron en el suelo mediante resaltes en la planchada de hormigón. Estos resaltes tienen una anchura que varía continuamente en función de la variación continua de la declinación solar. También las hipérbolas se reflejan en la solera de hormigón mediante una serie de agujeros de sección circular y un diámetro de 12 centímetros. En cada hueco de estos ha de ir alojada una planta. Por el centro de cada uno de estos huecos pasa una línea curvada (norma general) que es justamente una rama de hipérbola matemática en dirección de poniente a naciente.
Por otra parte, estos mismos huecos, pero partiendo desde el centro y la parte inferior del cuadrante y abriéndose en abanico, lo que dibujan son ramas de analemas. Son unas figuras que tienen forma de 8 y que simplemente son el reflejo gráfico y matemático de la órbita de la Tierra en torno al Sol a lo largo de un año, tal y como es posible percibirla desde Bembibre en este caso.
Cada hueco corresponde a un punto previamente calculado, que a su vez corresponde a una hora concreta de una fecha determinada. Se calcularon (estimo) unos 2 000 puntos, pero finalmente, en la solera de hormigón sólo hay 1481 huecos, que son para igual número de plantas. En la parte central del parque (fechas y horas en las que los rayos del sol inciden con un ángulo elevado), las pautas de representación tanto en fechas como en horas, han de ser más espaciadas que en el resto, pues los puntos (y por tanto huecos y plantas) se amontonan tanto que se estorban unos a otros. Esto ya lo sabía yo desde hacía años y por ello y al igual que en Castropodame, distinguí en el cuadrante dos partes. Una la central y otra el resto. La idea era que esa parte central (cuando el sol está muy alto para que se entienda) y en su día se pudiese reflejar en otro cuadrante aparte. Un cuadrante que debería tener lógicamente los huecos más pequeños o también el mismo tamaño de los huecos, pero en el que el punto que produzca la sombra que señala fechas y horas esté mucho más alto.
En los parques de Castropodame y Bembibre el objeto que produce la sombra está a 3 metros del suelo, pero se podría colocar, por ejemplo, a 12 metros y en consecuencia los puntos que en Castropodame y Bembibre están ‘pegados’ quedarían mucho más separados. Cada distancia en el suelo (separación entre plantas) se multiplicaría por 4, como entiende cualquiera. Este asunto, que afecta sobre todo a la función calendario, ya lo tuve presente desde que en torno al año 1991-92 empecé a estudiar este tema y muy recientemente (año 2025) he vuelto a darle «varias vueltas de tuerca más», publicando mis conclusiones en el Boletín de la Asociación de Amigos de los Relojes de Sol, que tiene su sede en Madrid. Aquí, y un poco sin querer, se solventaron algunos problemas que se presentaron en Castropodame. Uno el del tipo de suelo. Aunque sea un jardín, las zonas con césped, mejor sólo para el borde donde se pueda segar y cuidar con comodidad. El suelo que tenga buen drenaje y los lugares exactos y precisos donde han de ir las referencias para saber fechas y horas, que queden materializados por algo que dure mucho como son huecos en una solera de hormigón.
En la variedad está el gusto
Como todo jardín ofrece una amplísima gama de posibilidades que voy a describir. En primer lugar, el tipo de plantas que se pueden cambiar. Así pues, aunque las líneas básicas (hipérbolas y analemas) han de permanecer siempre, la clase de plantas que se sitúan sobre ellas puede y debe variar, con lo cual el aspecto que presenta un jardín de este tipo puede ser muy distinto a lo largo de un año por ejemplo. Hay otro tema muy importante y tiene que ver con las horas que se reflejen en el jardín o parque.
La idea de partida consistió en calcular sólo líneas correspondientes a horas en punto, como es muy habitual en relojes de sol digamos normalitos y pequeñitos. Pero no hay ninguna razón por la que no se puedan representar líneas correspondientes a medias horas, un cuarto de hora e incluso intervalos de tiempo menores.
En Bembibre se representaron las horas en punto, las medias horas, los cuartos de hora e incluso, en los bordes del cuadrante, fracciones de 5 minutos. Es decir y por ejemplo la fecha del 20 de octubre está representada por una línea que contiene 37 huecos (plantas), que corresponden (horario oficial de invierno) a las 9 menos diez, las 9 menos cinco, las 9 en punto, las 9 y cuarto, las 9 y media, las diez menos cuarto, las diez en punto….y así hasta las 5 de la tarde en punto, las 5 y cuarto y las 5 y media.
El 1 de octubre, y como hay más horas de luz, se colocaron sin embargo las plantas de las 6 de la tarde, los 6 y cinco minutos y las seis y diez, además de la secuencia normal de hora en punto, hora y cuarto, hora y media, hora y tres cuartos…siempre estamos hablado de hora oficial, es decir la que usamos de modo habitual día tras día. Lógicamente aquí entran en escena los aspectos estéticos del jardín.
Las plantas de las horas en punto han de ser de un tipo (petunias rojas por ejemplo) las horas y cuarto y menos cuarto de otro tipo, las medias horas de otro, las fracciones de 5 minutos (y cinco y diez…) de otro y así sucesivamente. Las plantas de los jardines a menudo han de cambiarse por diversas razones y ello puede servir para buscar diferentes combinaciones, que den lugar a que el aspecto del parque o jardín no sea monótono. Además hay otro detalle que sólo los expertos en relojes de sol conocen. Es la representación de intervalos de tiempo cortos en hora oficial.
Como este reloj-calendario solar señala siempre hora oficial directamente, las líneas horarias no pueden ser líneas rectas. Son, como se ha dicho, unas figuras en forma de 8. Para cada hora concreta hay una figura de estas. Se llaman analemas. Esto supone que si dibujamos en el parque o jardín las analemas de las horas en punto y las medias horas, ya empezamos a tener un problema. Lo tenemos porque esas figuras en forma de 8 llegan prácticamente a coincidir en algunos tramos.
Si dibujamos también las fracciones de 15 minutos o intervalo menores aun, lo que se produce es una acumulación o amontonamiento de analemas tan grande que es imposible leer la hora. Sin embargo, hay una solución que es lógica y que cualquier persona con ciertos conocimientos de estos temas entenderá perfectamente. Resulta que, a lo largo del año las sombras de un objeto se van moviendo en invierno y primavera por la parte del 8 que tiene forma de S y por el contrario en verano y otoño por la otra, es decir, la que tiene forma de Z. Por tanto, tratándose de líneas que se trazan mediante hileras de plantas, la solución es evidente.
En el periodo verano-otoño, las plantas se colocarán en los huecos que hay en esta rama y los otros se tapan para que no se vean. En Bembibre esto es muy sencillo de lograr. Se cubren esos huecos con grava que es la que existe en la parte externa del jardín y punto. En el periodo invierno -primavera las plantas se colocarán en los huecos que dibujan la figura de S y la otra rama se ocultará con grava y listo.
En definitiva, que se trata de señalizar durante el verano y otoño media rama de analema en las horas que corresponda y en invierno y primavera la otra media rama. Otra opción sería dibujar analemas completas, pero en este caso se pueden dibujar las correspondientes a las horas en punto y medias horas como máximo. Si se representan fracciones de tiempo inferiores a media hora, unas analemas se superponen a otras y se crearía (insisto) una gran confusión. En este caso (es decir, cuando se dibujan las analemas completas), es esencial obviamente distinguir bien, en cada analema la rama que tiene forma de S de la que tiene forma de Z, ya que la que tiene forma de S es la válida en invierno y primavera y la otra en verano y otoño como ya hemos explicado.
Además, si se dibujan analemas de horas en punto y medias horas, es necesario obviamente también distinguir unas y otras. Hay que insistir en que la sombra a lo largo del año y en una hora concreta describe una especie de 8, si utilizamos el horario que es habitual en la vida cotidiana, es decir, el horario oficial.
En el caso de Bembibre se optó siempre por la opción de señalar la rama en forma de S o la rama en forma de Z y nunca señalar las analemas completas. No obstante se podría haber optado por esta opción, aunque ello supondría señalar sólo horas en punto y medias horas, como he explicado. En cuanto a las fechas, estas están representadas por el bandeado (ramas de hipérbolas) que de poniente a naciente recorre el cuadrante o el suelo del parque solar didáctico. Pero también se puede recurrir a señalar las fechas mediante un código de colores en las plantas de las analemas. Por ejemplo en enero que sean flores amarillas, en febrero rojas, en marzo azules…
En definitiva hay una gama muy amplia de formas de representar mediante líneas (hipérbolas y analemas) formadas por plantas fechas y horas distribuidas a lo largo del año. Como ya sucediera en el caso de Castropodame, en el cuadrante se distinguen dos zonas. Una central y otra el resto. La idea era que si la obra tenía éxito, en un futuro esa zona central se pudiera representar en otro cuadrante distinto y a otra escala. No obstante y en mi opinión y después de más de un cuarto de siglo, es evidente que la obra ha sido (al menos hasta ahora), más bien un fracaso. Luego hablaré de ello.
Mantenimiento
Como cualquier jardín requiere un mantenimiento. No es complicado. Aunque en un principio (Castropodame) yo pensé en cubrir de césped el bandeado que de poniente a naciente recorre el suelo, después entendí que eso era complicado. El césped requiere un mantenimiento y las líneas de plantas estorban muchísimo la tarea de siega por ejemplo. Así pues el bandeado se hizo con bandas de hormigón y con bandas formadas por grava de colores. Blanco y verde se eligieron aunque podría ser otros.
Sólo hay césped (en el cuadrante propiamente dicho) en una especie de reborde, en el que no hay elementos que dificulten la siega. No obstante incluso este punto habría que revisarlo. A menudo al segar he visto que se llena de restos de la siega el cuadrante contribuyendo poco a poco a mancharlo. Las plantas hay que regarlas eso sí, pero se instaló en 1999 un sistema de riego, similar al que puede haber en cualquier jardín. Bastaba con abrir una llave de paso de agua y dejar que los aspersores (tenían un sistema que permitía repartir el agua en sectores angulares) y punto.
Lógicamente cada cierto tiempo (seis meses por ejemplo) había que cambiar las plantas, pero esto era una ocasión para dar al jardín un aspecto muy diferente en cada cambio. Ya he señalado que hay una amplia gama de combinaciones a la hora de elegir y colocar las plantas. Puesto que cada planta irá en un hueco practicado en una solera de hormigón de unos 20 centímetros de profundidad, lo único que hay que tener siempre a mano es una especie de guía de mantenimiento, que existe y que se hizo. En esta guía hay datos suficientes, para que sin necesidad de realizar labor alguna de topografía, se pueda proceder al cambio de los juegos de plantas. Habría que utilizar eso si una cinta métrica, pero el manejo de una cinta métrica es tan sencillo que hasta un niño es capaz de hacerlo.
En cuanto al coste yo entiendo que es asumible. Veamos. Una pequeña maceta con su planta se puede lograr en el mercado por unos 3 euros. El parque completo tiene 1481 huecos, pero nunca han de estar completos todos con plantas por las razones expuestas. Sólo sobre las líneas de los bordes superior e inferior (solsticios de verano e invierno) han de estar todo el año ocupadas por plantas. Por tanto y en un primer tanteo, estimo que el número de plantas precisas para que este jardín este apto para hacer las funciones de reloj y calendario solar y que señale (insisto) hora oficial será de unas 800. Es decir un coste de 2500 euros cada 6 meses en mantenimiento y suministro de plantas. Lógicamente cada 6 meses (cambio de hora oficial) hay que proceder al cambio de los carteles de las horas y asimismo los de las fechas (esto no es tan imprescindible) también conviene cambiarlos cada 6 meses coincidiendo este cambio con los solsticios de verano e invierno. Esta operación de cambio de carteles de fechas y horas se hace perfectamente en una mañana de trabajo con un solo operario.
Los cambios del juego de plantas pueden ocupar, digamos que dos jornadas de trabajo a dos operarios. Con estos datos estimo que cualquier alcalde, concejal o presidente de una junta vecinal puede estimar si para su pueblo es factible o no el mantenimiento de una obra así. Digo lo del mantenimiento porque una de las enseñanzas que he «aprendido» es que a veces lo importante no es hacer una obra. Su mantenimiento es tan importante o más. Todo, en el siguiente capítulo.