El peregrino italiano

Desde Italia al Camino pero con muletas, sacando fuerza de un accidente en moto , es el recorrido que siguió el caminante que habla que más que los pies, lo que mueve en esta gesta es mucho más que eso

Ramón Cela
04/01/2026
 Actualizado a 04/01/2026
El peregrino a su paso por Villafranca del Bierzo con la sonrisa delCamino. |Daniela Carmona
El peregrino a su paso por Villafranca del Bierzo con la sonrisa delCamino. |Daniela Carmona

El joven peregrino llegó a Villafranca con una enorme sonrisa, mientras que sus muletas avanzaban manejadas con destreza por unos brazos bastante musculosos, que el tiempo y el esfuerzo habían hecho bien su labor.

Tres años antes, un accidente de moto le había arrancado la mitad de una pierna, que —como él bien decía— le servía para ser un consumado atleta y disfrutar de una vida plena, llena de hermosas emociones, que como buen joven disfrutaba en su Italia querida.

Las piedras del Camino parecían apartarse, mientras que algunas hojas tempranas del otoño caían sobre su frente sudorosa, mezclándose con las gotas de sudor que, sin ser tenidas en cuenta, afianzaban más la voluntad del peregrino, que guiado por la estrella del Camino le hacía ver que, aunque fuera su luz en el caminar, nunca podrá ser atrapada.

-Hago el Camino de Santiago con la máxima ilusión, porque a medida que voy caminando, este me va diciendo infinidad de cosas que me ayudan enormemente a conllevar la desgracia de mi accidente, y que cuanto más camino más fuerza siento para seguirlo y alcanzar lo que en principio pensaba que era una quimera.

-A medida que camino sin descanso, me va pareciendo ya una realidad y que puedo conseguirlo, y esto me hace sentirme feliz.
El Camino se ha convertido en mi mejor terapia. Yo sé que el destino me tenía predestinada esta situación, pero también que me salvó la vida, porque esta es lo más sagrado que tenemos.

-Mis familiares fueron lo suficientemente consecuentes para estar a mi lado en todo momento. Mis amigos estuvieron a mi lado siempre dándome ánimos, algo por lo que me siento deudor de por vida.

-Las experiencias que voy consiguiendo en mi caminar afianzan en mí la fe que tenía, porque en este me siento un ser muy distinto, no por mi incapacidad, sino porque siento muy dentro de mí una fuerza que me dice que Dios me pone a prueba para ver hasta dónde llega mi fuerza mental.

-En el Camino veo muestras de seres muy superiores a mí y con tremendas desgracias que tratan de superar por medio de la fe y el sufrimiento. Esto me hace sentirme muy inferior y trato de contrarrestar esto con una fortaleza tremenda que me da el Camino.

Esta es la razón por la cual envié a mi casa la ortopedia y hago el Camino solo con ayuda de mis muletas. Si fuera necesario, lo haría descalzo o simplemente arrastrándome.

He visto a gentes con muchos años que, solo por el sacrificio que realizan, merecen la admiración y cariño de todos.

Se dice que el Camino es de luz y amor. Yo diría algunas cosas, pero con estas dos frases lo pueden definir perfectamente, porque la luz es la que poco a poco vas observando a medida que caminas. Tu cerebro te devuelve a ti la vida que has tenido, la que tienes ahora —que es muy distinta— y te abre miles de puertas, para que las puedas transitar.

El amor. Está el amor de tus padres y familiares. El de tus amigos que te arropan siempre. El de aquella joven que tanto te gusta y que, si ahora con una pequeña tara te acepta, es porque el amor verdadero no entiende de trabas ni barreras.

Luego está algo muy importante que el Camino te ofrece, y es aquel amor de un ser desconocido —sea hombre o mujer— que camina por los senderos al igual que tú, y te ayuda tanto que parece conocerte de toda la vida.

A esto yo le llamo: Luz en los corazones de los seres humanos.

-A grandes rasgos, esta es mi vida. Ahora, en esta población inigualable, siento la energía que millones de peregrinos han depositado en el barro, en las piedras, o en aquella estrella que nos guía.

Solo quiero llegar sin prisas a Santiago y al volver a mi casa en Florencia, pensar cuándo y cómo debo hacer otra vez el Camino.

Mientras, quiero postrarme en La Puerta del Perdón de esta Iglesia de Santiago.

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