El oro del Bierzo II

La de las cuadrillas, es también la historia de la Peña del Seo una de las más atractivas de la comarca que incluso dio para capítulos internacionales y para historias de espías

Ramón Cela
01/03/2026
 Actualizado a 01/03/2026
Poblado de La Piela, a los pies de la montaña. | ICAL
Poblado de La Piela, a los pies de la montaña. | ICAL

En respuesta al interés demostrado por algunos lectores de este medio sobre lo acaecido en La Peña del Seo durante los años de la Segunda Guerra Mundial, hoy nos vamos a circunscribir a esta época, porque tuvo especial relevancia en los años de 1950 con la guerra de Corea, algo que, si es de interés del lector, lo podemos abordar en otro capítulo.

La Peña del Seo tenía y debería ser la gran desconocida, porque el wolframio que de ahí salió siempre fue de contrabando camino de Viana do Castelo, en Portugal, y de Galicia, donde siempre fueron maestros en el arte de desviar la atención de muchas cosas que, en cierto modo, fue muy bueno para el Gobierno de Franco y para el de Salazar, quienes, con maestría singular, fueron capaces de poner una vela a Dios y otra al Diablo, porque, aun siendo conocedora la Gestapo, nunca pudieron parar el «estraperlo» del wolframio a los Estados Unidos de América.

En la publicación de mis libros sobre este tema se dan más detalles, como nombres, fechas y hechos que se sucedían a velocidades vertiginosas, con la extracción de este mineral, que en La Peña del Seo se regalaba a todo aquel que tuviera ganas de trabajar o agallas para sobrevivir a los enormes peligros a los que se enfrentaban cada día o cada hora aquellos mineros aficionados y sin ninguna formación, que arañaban las peñas en busca del mineral que, con un poco de suerte, en un día les haría ganar lo que un médico en un mes.

Ahora, con el paso de los años y repasando las hojas de la memoria, comprendemos, en cierto modo, la importancia que esta mina, como otras más en Cáceres, Salamanca, Galicia y Portugal, tuvieron para la península ibérica.

Lejos parece quedar la muerte de Leslie Howard Stainer, quien, en misión secreta del MI5 y MI6, vino a España y Portugal para hablar personalmente con Franco y Salazar sobre algunos temas de máxima importancia, como el flujo del mineral para Estados Unidos, además del corredor de exiliados judíos camino de Cascais y después América.

Pocos se atreven a dar una visión exacta de lo que significó el espía inglés V.300, que era muy conocido en El Bierzo por ser el ingeniero que haría el ferrocarril de Villafranca a Ribadeo.

Alexander Eastom, que fue visitado varias veces por agentes de la Gestapo y nunca le pudieron demostrar nada, debido a que este hombre de gran inteligencia tenía el palomar más absurdo de los más de doscientos que hay en la comarca berciana, y las palomas no le vivían mucho tiempo, por lo que hacía frecuentes viajes a Lisboa, Vigo y Madrid para adquirir nuevos ejemplares.

Lo que solo su esposa Mauder y él sabían era que el palomar estaba hecho deliberadamente mal para que se murieran las palomas y así traer otras, que siempre volverían a sus nidos anteriores. Se trataba de palomas mensajeras que se guardaban en jaulas para que se fueran aclimatando al clima berciano.

Su misión era llevar el control de las minas de wolframio de la península para que no fuera a manos de los alemanes.

Pero dejemos la historia, que es tremendamente abundante y muy desconocida para muchos, y centrémonos en La Peña del Seo, y comenzaremos con las cuadrillas.

Siguiendo con el artículo anterior, en principio subían pequeños grupos, a los que pronto se les agotaban los útiles de trabajo, la comida y, en muchos casos, sufrían las amenazas de algunos que, armados hasta los dientes, ocupaban su parcela, que siempre era el pedazo de peña donde decían que no trabajaba nadie, aunque esto no era verdad.

De esta manera se formaron las cuadrillas, con un jefe que era el que más vociferaba y tenía una personalidad de líder, que casi nunca trabajaba, pero llevaba a su manera el control.

Así nació la Cuadrilla del Gas, compuesta por más de quince hombres de Oencia y que estaban muy de acuerdo con algunos guardias del cuartel. La del Cholo era la más numerosa y la componían entre veinte y veinticinco hombres, lo que les permitía a unos y otros estar siempre en los tajos. La cuadrilla del Chocolate llegaba a tener siempre más de veinte componentes y la del Cura otros tantos.

Otra que se distinguió fue una que la componían quince o pocos más, y otros tantos de Quilós, venidos de las minas de Fabero, quienes, con un cigarrillo en la boca, pasaban cartuchos de dinamita. Acuñaron estos últimos la frase: «Verdad que vos marcháis, por que los de Quilós de un faim dous».

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