Durante más de una década, las antiguas naves del matadero de Molinaseca y de la empresa Embutidos Frimols permanecieron cerradas, en silencio, como un símbolo de un tiempo que ya no volvería. Hoy, trece años después del cierre de aquella actividad industrial, el Ayuntamiento quiere que ese espacio vuelva a latir y se convierta en uno de los motores del futuro del municipio.
El Consistorio adquirió las instalaciones hace ahora tres años por 360.000 euros. Se trata de un complejo de cerca de 7.000 metros cuadrados, una dimensión poco habitual para un municipio como Molinaseca y que abre la puerta a proyectos de gran alcance. El alcalde, Alfonso Arias, hablaba, hace unas semanas, de que tiene claro que ese lugar no puede quedarse anclado en el pasado: “Es un espacio con potencial para generar actividad económica, atraer población y ofrecer nuevas oportunidades”.
Un proyecto por fases… y por ambición
El plan municipal se articula en tres grandes fases, dos de las cuales ya están prácticamente completadas a nivel técnico y administrativo. La inversión global ronda los tres millones de euros, una cifra inasumible para las arcas municipales sin apoyo externo, pero que el Ayuntamiento intenta ir encajando pieza a pieza, recurriendo a distintas líneas de ayuda.
La primera gran apuesta es la creación de un obrador compartido, un espacio destinado a la transformación de productos locales. La idea es sencilla y ambiciosa a la vez: aprovechar el potencial agroalimentario de la zona para generar valor añadido en origen. “Que los productos se transformen aquí”, resume Arias.
Este obrador contará con una inversión aproximada de 500.000 euros y ya ha recibido el respaldo económico de la Junta de Castilla y León y la Diputación de León, con ayudas que oscilan entre los 200.000 y casi 300.000 euros, destinadas principalmente a la compra de maquinaria y al diseño de las estancias.
Vivienda para atraer población joven
Pero el proyecto no se queda en la actividad económica. La segunda pata del plan contempla la construcción de seis viviendas destinadas a jóvenes, con una inversión cercana a los 400.000 euros. El objetivo es claro: facilitar que quien quiera emprender o trabajar en Molinaseca pueda también vivir en el municipio.
“Si queremos atraer población, no basta con crear empleo, hay que ofrecer vivienda”, señala el regidor, que insiste en que ambas cosas deben ir de la mano si se quiere combatir la despoblación.
El coworking, la pieza que falta
La tercera gran línea del proyecto —y la que aún está por cerrar— es la creación de un espacio de coworking, dotado de tecnología avanzada, que permita a emprendedores y profesionales desarrollar su actividad desde Molinaseca. Sería el complemento perfecto para el obrador y las viviendas, un modelo que combine trabajo, residencia y emprendimiento en un mismo entorno.
Esta fase es también la más compleja desde el punto de vista económico. El Ayuntamiento busca ahora líneas de financiación que permitan encajarla, sin descartar las ayudas vinculadas a la Transición Justa, aunque Arias asegura que estudiarán “cualquier posibilidad” que permita completar el proyecto.
Un municipio que quiere volver a crecer
La recuperación de estas naves se enmarca en una estrategia más amplia para impulsar el crecimiento de Molinaseca, un municipio que llevaba años sin posibilidad real de expansión. Entre los proyectos en cartera figuran también una residencia de la tercera edad en la zona del campo de tiro, nuevas viviendas colaborativas y la construcción de chalets que permitan atraer nuevos vecinos.
Mientras tanto, el primer paso tangible ya está en marcha: el edificio cambiará su cubierta en breve, una intervención necesaria para empezar a devolver la vida a un espacio que ha esperado más de una década una nueva oportunidad.
“Se trata de dar un nuevo sentido a un lugar que estuvo cerrado trece años”, concluía Arias. “No es solo rehabilitar un edificio, es ofrecer una idea de futuro para Molinaseca”.