Y es que, como reconoce Linares, «nunca llueve a gusto de todos» y la inesperada entrada del otoño es apreciada con buenos ojos por los productores de la comarca. «La lluvia es muy buena para que la castaña coja calibre, es decir, para fomentar el crecimiento del fruto», explica.
El director técnico calcula que podría iniciarse la recogida a primeros de octubre e insiste en que el número de erizos por árbol es muy bueno. En esta línea, podrían superarse los ochos millones de kilos de la temporada anterior (solo dos millones asociados a la Marca de Garantía).
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