La Junta declarará como BIC el complejo de minería de wolframio de la Peña del Seo

La mina se constituye por siete plantas o niveles de galerías, orientadas en sentido noreste-suroeste hacia el denominado Barranco del Infierno, con distancias de 25-30 metros de altura entre cada nivel

Ical
13/07/2026
 Actualizado a 13/07/2026
Complejo de la minería del wolframio de la Peña del Seo, en Cadafresnas. | EDUARDO MARGARETO
Complejo de la minería del wolframio de la Peña del Seo, en Cadafresnas. | EDUARDO MARGARETO

La Consejería de Cultura, Turismo y Deporte ha iniciado el procedimiento de declaración del complejo de la minería del wolframio de la Peña del Seo en Cadafresnas (Corullón) como Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Industrial, según una resolución recogida este lunes por el Boletín Oficial del Estado (BOE).

Esta mina estaba constituida por siete plantas o niveles de galerías, orientadas en sentido noreste-suroeste hacia el denominado Barranco del Infierno, con distancias de 25-30 metros de altura entre cada nivel. La explotación del mineral comenzó en 1940, con el trabajo intensivo sobre las decenas de afloramientos de filones de La Peña del Seo y un incipiente lavado de aluviones aguas abajo del yacimiento. Pero las labores de interior se desarrollaron a partir de 1950, empleándose cerca de 500 personas en el complejo minero.

La producción total anual de este distrito minero alcanzaba las 60-70 toneladas de concentrado de wolframita. La concesión más antigua fue la denominada 'Mina Currito', promovida por Joaquín Santos Bugallo en 1944. A ella corresponde el conocido como 'Lavadero de Bugallo'. En 1947, Bugallo vendió la mina a Francisco González García, que inyectó más capital para darle un carácter de verdadera explotación industrial, constituyendo otra concesión más denominada 'Demasía a Currito'. En 1951, a cambio de un importante paquete de acciones, aportaría ambas concesiones a la empresa Montañas del Sur, S.A., que desde entonces se encargó de la explotación hasta finales de esa década, momento en el que el Banco Central incautó las minas ante la quiebra de la empresa.

A pesar de la gran infraestructura minera desarrollada, la irregularidad de los filones hizo que finalmente el beneficio económico de la mina fuera bajo, por los elevados costes de inversión en las labores mineras, tratamiento y transporte del mineral, además del desplome de precios del wolframio en los mercados internacionales tras la Guerra de Corea, de ahí que a finales de la década de 1950 dejara de funcionar la explotación.

Junto a la mina figura el Poblado de la Piela, construido desde finales de 1952 y a lo largo de 1953 en las laderas de la Peña del Seo, que sustituyó a la llamada Casa de la Campa, una construcción modesta levantada en la década de 1940, donde se recogía y compraba la mayor parte del mineral extraído de los filones superficiales por las cuadrillas irregulares.

El proyecto constructivo de La Piela era de Ramón Cañas del Río, arquitecto y presidente de la Diputación de León entre 1946 y 1958. Constaba de diez edificios, cada uno con cuatro viviendas, en los que se alojaban las familias de los trabajadores de la mina. Disponían de elementos que no eran habituales en la época, como agua corriente, baño privativo, electricidad, calefacción y agua caliente.

Los trabajadores que no tenían familia se alojaban en los bajos de los edificios y tenían a su disposición un comedor comunitario. El poblado contaba también con economato, sanatorio, escuela y cantina. En los últimos años contó también con un cuartel de la Guardia Civil. En 2021, la Junta Vecinal de Cadafresnas cedió los edificios al Ayuntamiento de Corullón, que rehabilitó uno de ellos para albergar el actual Centro de Recepción de Visitantes de la Peña del Seo.

Por su parte, el lavadero viejo se puso en marcha en 1952. Antes existió otro —hoy en ruinas y prácticamente desaparecido— conocido como 'Lavadero de Bugallo'. Al lavadero llegaba el material de la mina a través de un sistema aéreo de baldes llamado vaivén, mientras que el agua necesaria para el lavado procedía del arroyo del Barranco del Infierno.

Actualmente se conservan los restos de las tolvas de hormigón, aunque han desaparecido los apoyos que sustentaban el sistema de baldes.

Por su parte, el lavadero nuevo, construido en 1954, permitió modernizar el tratamiento del mineral y reducir los costes de transporte. Sin embargo, apenas permaneció en funcionamiento unos meses debido al descenso de la producción y a los elevados costes de mantenimiento. Entre sus novedades destacaba la incorporación de una depuradora, que trataba las aguas antes de su reutilización o vertido al arroyo del Diablo.

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