La jubilación de un hombre bueno: José Antonio Prada fue profesor 20 años, pero entendía que eso requería una juventud que, cuando consideró que ya no tenía, decidió dedicar su vida a “hacer de cura” en Cáritas. Ha sido consiliario de Cáritas Bierzo durante 28 años y ahora se retira, casi cumpliendo los 75 años, para volver a su Sanabria natal “y dejar de estar entre coches para escuchar a los pájaros”, dice con su eterna sonrisa. Y dará misa "en algún pueblo pequeñito", porque su espíritu de ayuda no caduca con la edad.
Se va tranquilo, aunque con una despedida multitudinaria y por sorpresa que le hizo sentirse muy pequeño, dice, pero también muy querido, con “mucho mimo” por parte de la gente que lo ha acompañado y apoyado durante todos estos años, en los que ha luchado por combatir la pobreza “unas veces mejor y otras peor”. Por eso, agradece haber podido llevar a cabo acciones que ayudaron a resolver situaciones vulnerables y pide perdón por aquellas que no lo lograron, con esa cercanía que siempre lo ha caracterizado como un hombre bueno.
Al menos, lo que se lleva consigo es la satisfacción de dejar una institución con más líneas de ayuda que las que conoció hace casi treinta años, como "algunas muy difíciles" , en especial la destinada a la ayuda a prostitutas. O también en el ámbito de la formación. “Sin educación, la pobreza es mayor”, reconocía antes de entrar al acto de despedida que sus compañeros le habían preparado en la Iglesia de San Ignacio de Ponferrada.
A su lado, el alcalde de Ponferrada, Marco Morala quiso acompañarle, reconociendo que “es una institución que ha contribuido a mejorar la vida de las personas” y mostrándole su devoción y respeto.
