Las Médulas no son una postal. No son una foto fija para turistas, ni un escenario que pueda maquillarse con rapidez después de cada catástrofe. Para quienes llevan medio siglo estudiando el enclave, es un paisaje cultural único en el mundo, vivo, vulnerable y en riesgo. Ese es el diagnóstico que, con una claridad incómoda para las administraciones, trazan los investigadores del CSIC Javier Sánchez-Palencia y Almudena Orejas, que presentarán en los próximos días su nuevo trabajo: “Zona arqueológica de Las Médulas y su red hidráulica”, fruto de sus últimos hallazgos y de un análisis exhaustivo sobre el verdadero alcance del deterioro ambiental.
El estudio, que pone en valor la red hidráulica más extensa del mundo romano -800 kilómetros de canales, completamente precisados por primera vez-, llega en el momento más delicado para el enclave. Los incendios del pasado agosto han devastado un paisaje que, según Sánchez-Palencia, "se ha quemado en sus tres cuartas partes". Una afirmación que contrasta de lleno con el discurso oficial de la Junta de Castilla y León, que insiste en que lo esencial "se ha salvado".
Los investigadores lo desmienten sin rodeos. El nuevo trabajo presentado por Sánchez-Palencia y Orejas documenta con precisión los 800 kilómetros de canales que abastecieron a Las Médulas: "la red hidráulica histórica más extensa conocida del mundo romano".
Además, reinterpretan el ruina montium -el sistema mediante el cual los romanos hacían colapsar las montañas para extraer oro- y proponen una nueva lectura ambiental del territorio.
Para ello, han seleccionado 15 puntos de sondeo, intervenciones muy pequeñas y controladas "para tocar lo menos posible la red", explica Orejas. La razón es simple: lo mejor que se puede hacer con estos canales es mantenerlos protegidos bajo tierra, especialmente después del incendio que los ha dejado sin la capa vegetal que los preservaba.
Los sondeos han permitido comprender mejor cómo se construyeron los canales y qué vegetación los acompañaba cuando estaban en funcionamiento. "La puesta en marcha implicó una deforestación enorme en la zona", apunta Orejas. Cuando cesó la actividad minera, el entorno se reforestó de manera natural. Esa lectura ambiental -un paisaje que se destruye y se regenera según la acción humana- aporta un nuevo marco para entender Las Médulas.
El fuego acelera la erosión
Pese a la resistencia natural del enclave, los daños del incendio son profundos. "La cobertura vegetal y la formación de suelos sobre los elementos arqueológicos han sido su mayor protector durante dos mil años", afirma Orejas. Pero ahora, sin esa defensa, "la erosión se va a acelerar". Los arrastres en ladera serán más potentes. Los suelos se verán comprometidos. Y con ellos, los propios elementos arqueológicos.
Sánchez-Palencia, que cumple cincuenta años de trabajo sobre el terreno, rechaza frontalmente el mensaje político que minimiza el daño: "Dicen que se ha preservado la parte buena de Las Médulas. No es cierto: se ha quemado en sus tres cuartas partes".
Han desaparecido castaños centenarios y vegetación de porte alto, "pero también la vegetación humilde que protegía el suelo". Y la recuperación no será rápida, augura. "La vegetación no va a crecer en un año. Menos aún los castaños centenarios", advierte.
Contra la política del escaparate
Los investigadores son muy críticos con el enfoque institucional. "Las administraciones solo miran la parte bonita", lamenta Sánchez-Palencia.Esa porción visitable que se enseña al turista, la que se está volviendo a adecentar con rapidez, "es apenas una vigésima parte de Las Médulas".
La realidad es otra: El corazón de Las Médulas son 3.500 hectáreas, delimitadas por el propio Sánchez-Palencia hace décadas. Reducir el enclave a un área minúscula, asegura, "es un absurdo despropósito. Es perder información, riqueza y oportunidades para el visitante y para los propios vecinos".
Orejas insiste en esta crítica y la eleva: "Las Médulas no es una foto, es un paisaje cultural íntegro que se ha conservado y eso es una rareza mundial. Ha sido construido en el pasado, pero continúa construyéndose en el presente". Si no se gestiona como un conjunto, si no se entiende su dimensión real, "las medidas nunca estarán a la escala adecuada", asegura.
Una llamada urgente a la Junta
Los investigadores reclaman medidas integrales que no se limiten al flujo turístico actual. Proponen diversificar las visitas, ir más allá del lago o del Mirador de Orellán, abrir la mirada a enclaves como los chaos de Maseiro, extender los recorridos y ofrecer una experiencia más rica. Así, dicen, "el visitante se quedará más tiempo y generará más beneficios".
También claman por atender los castros aledaños, "hechos un desastre", no por el incendio, sino "por abandono".
Sánchez-Palencia pide a la Junta que aproveche a los 200.000 visitantes anuales: "En cualquier museo con esa cifra hay una plantilla estable. Aquí no hay trabajadores en el propio espacio", reprocha. La comparación retrata un déficit histórico de medios humanos, vigilancia, conservación y gestión científica en el que insta a poner medios.
La mirada de quienes han dedicado su vida a Las Médulas es clara: hay riesgo, hay erosión, hay pérdida, pero también hay solución si se actúa de verdad. Lo que no sirve, dicen, es el maquillaje, el relato triunfalista o la mirada corta.
"Es la mayor transformación producida en toda Europa", recuerda Sánchez-Palencia. "No verlo es ser miope".
Por eso lanzan un mensaje a la Junta, que gestionen Las Médulas como un paisaje cultural único, no como un decorado turístico.