Ella -la calle- y él -el castillo- han vivido de manera paralela multitud de vicisitudes, desde los primeros asentamientos de población hasta la actual configuración de la ciudad de Ponferrada: unas positivas, otras negativas. Ella, prácticamente, la «piel exterior» de él. Durante siglos hubo casas literalmente pegadas («abrazando») a la fortaleza. Bajo ellas se encontraba el foso defensivo, hoy recuperado. Eran viviendas adosadas que, con el paso del tiempo, fueron ocupando ese espacio hasta ocultar el foso original. En aquellos tiempos de la Edad Media y parte de la Moderna, el castillo contaba con foso, muralla y accesos controlados. Era una línea estratégica, no una calle urbana. Podemos afirmar, sin equivocarnos, que este lugar por donde ahora paseamos fue antes una mezcla de defensa militar y viviendas humildes apoyadas en los muros del castillo, utilizando la muralla como pared trasera.
No hace tantos años, la corporación municipal tomó la iniciativa de derribar y hacer desaparecer estas viviendas. Eran casas viejas y humildes. Gracias a esa decisión se logró recuperar el foso histórico, devolviendo al conjunto su aspecto más medieval. Este proceso fue clave para la imagen actual del castillo ponferradino: una metamorfosis necesaria para devolver todo su esplendor a la vieja muralla y ofrecer una imagen más acorde con los tiempos actuales, mejorando el entorno de la fortaleza. Así, el espacio se transformó en una calle transitable, un lugar para el disfrute: un vial literalmente pegado a un castillo medieval.
Todo ello se desarrolló a partir de 1994, impulsado por el Plan Director del Castillo, bajo la dirección del arquitecto Fernando Cobos Guerra. El objetivo era claro: frenar el deterioro del monumento, recuperar su fisonomía medieval y estabilizar su cimentación.
Hoy, la calle acoge eventos históricos como la recreación de la revuelta irmandiña, donde se escenifican combates simbólicos y la toma del castillo desde este lado; o la Noche Templaria, con el desfile del Arca de la Alianza y el Santo Grial. En Navidad, se convierte en un «pasillo de estrellas». En los últimos años ha pasado a consolidarse como un espacio urbano, peatonal y monumental, en el casco antiguo de la zona alta de la ciudad. Lo más reciente es la transformación en auditorio-ágora una casa señorial del siglo XVI, gracias a dicha restauración se ha abierto un nuevo espacio cultural, con el nombre de Ángel Ruiz con un aforo de unas 70 personas. El conjunto de la calle ha pasado de zona degradada a epicentro cultural.

En esta rúa se encuentra la Casa de los Escudos, donde se ubica el Museo de la Radio. Se trata de una casona solariega del siglo XVIII, de estilo barroco tardío con clara influencia rococó. Construida por Francisco García de las Llanas, figura relevante de Ponferrada como regidor, militar y noble.
Su fachada de piedra con escudos heráldicos familiares —de ahí su nombre—, representativa de la vivienda nobiliaria típica de la comarca de El Bierzo. Cada primavera, una glicinia o glicina (wisteria sinensis) la envuelve y embellece con un halo de hermosura; se trata de un arbusto trepador y leñoso con unos racimos colgantes de colores entre el violeta y el lila que, aunque pertenecen a la misma familia cromática, son tonalidades diferentes. Edificio rehabilitado en los años noventa y adaptado como museo entre 2002 y 2003.
Impulsado por el Ayuntamiento junto al periodista ponferradino Luis del Olmo, el museo se ha convertido en un referente para comprender la evolución de la radio en nuestro país. Alberga más de 200 aparatos, desde radios de galena hasta dispositivos digitales modernos, procedentes de la colección personal del ilustre locutor. En él pueden escucharse grabaciones de programas míticos de emisoras como RNE, SER, COPE u Onda Cero. Es, en definitiva, un museo guardián de voces que ya no suenan. Construcción en sí misma digna de ser visitada.
Otro edificio singular es la Casa de las Cuadras, situada junto a la muralla del Castillo de los Templarios y en pleno Camino de Santiago. Actualmente alberga la Oficina de Información y Turismo de Ponferrada. Su misión consistía en servir de cuadras (establos) para el mercado de la ciudad, instalado allí mismo. La obra está dividida en dos partes simétricas, posee muros de mampostería, reforzados con obra de sillería. De estilo neoclásico.
Su entrada, fechada en 1848 que da acceso a un patio empedrado con diminuto canto de río, muy característico de la zona. Encima de la portada se encuentra el escudo de la ciudad y la fecha de su construcción. Como curiosidad, fue erigido reutilizando materiales del entorno, incluso del castillo.
La Casa de las Bombas, otra morada destacada de la calle, fue construida en el siglo XIX por José Ballinas y heredada por su hijo Ricardo Ballinas Quiñones, coronel de artillería. En 1989 se levantaron la cerca y las verjas de la finca, de granito. Las jambas de la puerta están rematadas con piezas de artillería —obuses—, lo que dio lugar al nombre popular de la vivienda. En el jardín, granadas ornamentales refuerzan ese carácter. La casa sirvió como dependencias de la Guardia Civil de Tráfico y hoy, remodelada, alberga un negocio vinculado con el mundo de la gastronomía.
Si echamos la vista atrás, unos 60 años, podemos recordar la vida cotidiana de la calle, así como algunos de los negocios que hubo en algún momento de su dilata vida. En una de sus aceras se encontraba: la ferretería de don Benjamín, cuñado del sacerdote D. Antonio Valcarce, rector de la Encina; el bar ‘Las Cuadras’, regentado por Pedro; la carnicería de apodo ‘Falucho’; el taller de Alberto, el hojalatero; la casa de la señora Lola ‘La lechera’ y su marido, el señor Esteban; la pensión del señor Pepe ‘El Curro’; la pescadería de ‘Lumi’(Iluminada); taller Ángel ‘Gelín’ carpintero, enfrente -de la otra mano- la casa de su madre, señora Dolores; la peluquería-barbería de Antonio ‘Mocala’; la tienda de ultramarinos ‘La Neguilla’ y la casquería de Isidro.
En la acera contraria se recuerda: la posible ubicación de ‘Galerías El Catalán’; una escuela de párvulos de la maestra doña Marita; el bar ‘La Montañesa’, regentado por el señor Jesús y la señora Pilar; la tienda de ultramarinos y abacería de Narciso; vivienda de la familia de Arturo y Dora, en el bajo bar Arturo; la tienda de Charo y Segundo; el almacén y vivienda del señor Manuel ‘El Pellejero’, su mujer Generosa, dedicado a la compra y venta de pieles semi curtidas; la vivienda donde vivía la familia Elías Rafael, el local de abajo fue el germen de Rodelplas (actualmente empresa local dedicada a la venta de baños, saneamiento y persianas); en el primer piso del edificio era propiedad de la señora Presenta, que fue esposa de Ángel Pestaña Núñez importante sindicalista y político español. Imposible olvidar y dejar de citar el puesto de la venta de churros de Farrapín.
Al final de la calle se encontraba el bar Dimas, toda una institución en el juego de cartas, y la tienda además de vivienda del señor Francisco ‘Quico’.
Dos personajes inefables y vinculados (como atados) a la zona destacan: Dominguín, músico que amenizaba calles y barrios con su guitarra, que vivía con la señora Lola atendiendo los encargos de la lechería; y, Estrella, gallega robusta y de gran bondad, empleada de hogar en aquellos tiempos en que se decía «criada». Hoy, el tejido comercial se reduce a una tienda, ‘La Tau’, de venta de regalos y recuerdos (souvenir) especialmente por parte los turistas que visitan la ciudad; y, a establecimientos relacionados con el sector de la hostelería convirtiéndose en un punto de encuentro tanto para locales como para visitantes. En pleno siglo XXI, esta vía urbana juega un papel fundamental en la Semana Santa de Ponferrada, siendo escenario de numerosos actos de estas fiestas marcadas con un fuerte matiz religioso.
Destaca la Procesión del Encuentro, en la mañana del Viernes Santo: «Los pasos de la Virgen de la Soledad y San Juanín deberán subir desde la iglesia de San Andrés por la calle Gil y Carrasco, sin acompañamiento alguno, con la antelación suficiente a la llegada de Jesús Nazareno a la Plaza de la Encina, y esperar en riguroso silencio y formación al inicio del Encuentro». Asimismo, «se establece, ad perpetuam memoriam, la obligación de que, al llegar la imagen de la Virgen de la Soledad a la altura de la torre de la iglesia de San Andrés, se entone el tradicional Canto de la Salve», en la procesión de la noche del Sábado Santo.
La actual calle Gil y Carrasco es heredera directa del espacio de la fortaleza -en algún momento de su vida, con el nombre de «calle de la Fortaleza»-, transformándose en un espacio sereno e íntimo. Un eje clave del casco antiguo, parte del Camino de Santiago, que ha dejado de ser un borde olvidado para convertirse en un espacio esencial para comprender la historia y la evolución de la ciudad hasta nuestros días.
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