Un final infeliz e incierto

AMOR Y JUSTICIA EN EL SIGLO XVIII EN EL BIERZO (cap. XII)

Rogelio Meléndez Tercero
08/02/2026
 Actualizado a 08/02/2026
Iglesia de San Esteban de Anos en Cabana de Bergantiños, último paradero de una de las protagonistas de esta trama.
Iglesia de San Esteban de Anos en Cabana de Bergantiños, último paradero de una de las protagonistas de esta trama.

Rodeos y más rodeos ¿absurdos?

La real provisión dada el 1 de septiembre en Valladolid, que es la que parece estar ahora mostrando Rosendo, es bastante extensa (unos 7 folios) y hacer a mano una copia exacta de la misma era una labor un tanto engorrosa. Ahora bien, eso de no hallar papel donde hacer la copia…

El escribano de Cobrana dijo que no le había sido posible “hallar papel en esta villa”, ni persona que se lo entregase, ni nadie que se lo buscase. ¿Simples coincidencias? Además, añade que el juez se retiró “a sagrado”. Lo que yo entiendo es que el juez de Castropodame le dijo al escribano que buscase papel donde pudiese y se marchó después a la iglesia del lugar o algo similar, donde no procedía que se le molestase. Al final, el escribano no pudo, por tanto, hacer esa copia que le había pedido D. Manuel Fajardo, el juez.

Esto tiene toda la pinta de ser una “jugarreta” del juez. Rosendo siempre se había hecho el “zorro” y ahora el juez que luchaba contra él también hizo lo mismo.

La copia pedida por el juez de Castropodame solo la pudo entregar el escribano de Cobrana el 17 de septiembre. Parece demasiada demora, dada la distancia entre Castropodame y Cobrana. Por fin, el 21 de septiembre de 1761, el juez de Castropodame dice estar bien enterado (ya era hora, apunto yo) del contenido de la real provisión y ordena que esta se notifique al escribano “originario de los autos” para que se cumpla lo que ordena la misma.

El juez de Castropodame en este caso parecía querer retrasar todo lo posible la marcha del proceso. Quizá así podría transcurrir el plazo de 30 días y entonces Rosendo estaría de nuevo en situación de preso sin más. No obstante, el Sr. Juez sabe que debe obedecer las disposiciones de la Real Chancillería de Valladolid, el tribunal ante el que el fugado ha realizado un recurso de apelación y que debe atenerse al mismo.

Ese mismo día, y en Castropodame, el escribano de Cobrana, teniendo ante sí a Bernardo Fernández Maldonado, vecino de Bembibre y escribano originario de los autos que cita la real provisión, se la leyó y notificó personalmente. El escribano de Bembibre dijo estar informado de su sentido literal y presto a cumplirla.

El escribano de Cobrana dio una copia de la real provisión a su colega de Bembibre y además, ese mismo día, notificó a Manuel Viñales, el tutor y defensor de María, la tan mencionada real provisión y le comunicó una serie de disposiciones legales más. María, la hermana de Manuel, estaba ausente de Castropodame en aquella fecha. El escribano de Cobrana puntualiza que identificó a Manuel porque él dijo así llamarse y también que le informaron de que este era el apoderado de María de Viñales.

En definitiva, parece que lo más lógico es que Rosendo hubiera ido directamente y sin más rodeos ante el juez de Castropodame o ante el escribano “originario de los autos” (Bernardo Fernández Maldonado) y presentar la real provisión. ¿Por qué no lo hizo así?

Rosendo debería explicarlo, pero quizá es que, al no saber leer y debido a que su relación con el juez de Castropodame debía estar muy tensa (lógicamente, entiendo) y tampoco se debía llevar nada bien con el escribano B. Fernández Maldonado, posiblemente consideró que era más seguro (la desconfianza a veces es buena) ir a buscar al escribano de Cobrana y que este realizase todas las gestiones que realizó.

Una muestra de que las relaciones entre el juez de Castropodame y Rosendo eran tensas es que ese día, 17 de septiembre de 1761, el mismo día en que los dos escribanos llevan a cabo trámites de rigor, el juez de Castropodame ordena que se dé cuenta de los bienes embargados y vendidos de Rosendo.

Ahora había que enviar a Valladolid, a la Real Chancillería, los autos. Pero estos no se enviaron a través de Rosendo. Quizá aquí estuvo la clave. El 22 de septiembre de 1761, el escribano B. Fernández Maldonado envió los autos (104 hojas útiles) al Ilustrísimo Sr. Presidente y Oidores de la Real Chancillería de Valladolid. Quizá fue el “último cartucho” que le quedaba a Rosendo.

Si los documentos los llevaba él, podría tener quizá algún margen de maniobra para hacer algún “apaño”, aun cuando no sabía leer. Pero quien los llevó fue Manuel, el hermano de María Viñales.

El día anterior, Manuel Viñales, y ante este mismo escribano, hizo una declaración para presentar en la Real Chancillería de Valladolid, en la que daba su versión del litigio entre su hermana María y Rosendo Martínez. En ella hace una relación bastante detallada de todas las artimañas y acciones de mala fe que Rosendo ha ido poniendo en práctica, como por ejemplo las amenazas de Rosendo contra su hermana, o el problema que también había tenido tal sujeto con otra moza del pueblo (Luisa Cuadrado), con la que sí se quería casar y que ya vimos en el capítulo IX.

También indica que el Obispado de Astorga no dio licencia para este casamiento, debido posiblemente (supongo yo) a que antes Rosendo debería saldar la cuenta pendiente con María, la cual, según expone su hermano, sigue (pese a todo) dispuesta a casarse con Rosendo o a que se le paguen los 100 ducados. Esto sería (digo yo) lo más sensato dadas las circunstancias.

Quizá lo más novedoso de las últimas quejas del hermano de María es que el pleito no se litigue en Valladolid (a donde Rosendo apeló), porque litigar lejos de Castropodame supone serios inconvenientes para él y su hermana.

En efecto, en los últimos meses del año 1761, el juzgado de Castropodame abre una investigación que se concluye el 11 de diciembre de 1761, declarando a María pobre y, en consecuencia, que se la atienda sin cobrarle derechos judiciales.

En esa investigación se recogen algunos datos que confirman la pobreza de María, como que los únicos bienes que se le conocían consistían en una casa cubierta de paja, que era propiedad compartida con sus hermanos y que además no debía ser de propiedad plena de ella y sus hermanos. Se reconoce eso sí que María estaba de sirvienta en Ponferrada, pero se deja entrever que ganaba muy poco.

Los autos los llevó a Valladolid (distante 34 leguas de Castropodame se estimaba) el hermano de María y allí estaban ya el 1 de octubre de 1761. Manuel pide que los gastos del viaje sean imputados a Rosendo. Parece ser que, debido a no haber fondos en el juzgado de Castropodame, él tuvo que llevarlos por su cuenta. Pero llevar los autos a Valladolid implicaba que los litigios o las gestiones habrían de hacerse allí y esto era muy costoso para María y su hermano. Por ello pedían que se volviesen a Castropodame. Creo que no volvieron a Castropodame y, en cualquier caso, es en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid donde aún se hallan y donde yo los localicé (a través de Internet), en el año 2016 aproximadamente.

El 15 de enero del año 1762 el apoderado de María de Viñales (Juan Gómez de Villabedón) solicita que los autos se devuelvan a Castropodame, ya que María es pobre y sostener un litigio en Valladolid le supone un grave quebranto. La justicia de Castropodame, en efecto, y tras un procedimiento que debía ser el normal en tales casos, dictaminó que María habría de ser considerada como una mujer sin recursos económicos y que esto se tuviese en cuenta, algo que por otra parte se contemplaba en las tasas judiciales de la época y no sólo en Castropodame sino también en otros pueblos del Bierzo muy probablemente.

En mayo del año 1762 el representante de Rosendo Martínez dice que su representado sigue estando dispuesto a casarse con María de Viñales y que, en consecuencia, se le levante el embargo de sus bienes. Eso de que sigue estando dispuesto a casarse con María parece a todas luces una gran mentira. De hecho, en 1760 (mayo-junio), antes incluso de pronunciarse la sentencia que le imponía el casamiento con María (o la indemnización), ya Rosendo había insinuado que no quería casarse con ella. Sin embargo, el representante de María de Viñales y su tutor Manuel contestan que no estiman procedente que se levante el embargo de los bienes de Rosendo. Esta respuesta, dada después del 11 de mayo de 1762, pero en el transcurso de ese mes, es la última noticia sobre este litigio que consta en autos.

Un final incierto e infeliz

En las novelas, cuentos y películas, los relatos terminan con un final feliz muy a menudo; pero el relato que yo estoy escribiendo no corresponde a una ficción alguna. Por ello voy a ser lo más veraz y objetivo posible. Lo que sucedió tras el mes de mayo de 1762, cuando aún no se había dictado sentencia, ya no consta en los autos. No obstante, yo pregunté a la Real Chancillería de Valladolid y me dijeron (ya en este siglo XXI) que ese pleito era de los olvidados, es decir, aquellos de los que no se dio o al menos no se conoce sentencia.

La pista de Rosendo Martínez en la historia de Castropodame, concerniente a años posteriores a 1762, se ha perdido totalmente. Algunos años después (1780) las casas que fueron de Rosendo estaban en estado ruinoso y pertenecían al Conde de Toreno. Tampoco consta que Rosendo se hubiera alistado en el Ejército. Yo sospecho que simplemente lo que hizo fue desaparecer, al ser consciente de que, a la vista de los autos (lo que hoy aún podemos leer), sería condenado por los jueces de la Real Chancillería de Valladolid.

Todo apunta a que finalmente logró escapar no sólo de la justicia de su pueblo (Castropodame), sino también de la de la Real Chancillería de Valladolid, un alto tribunal a nivel del Reino de España en la época. En definitiva, este tipo que ya en vida era escurridizo sigue siéndolo (de momento al menos) después de muerto, ya que nada sabemos de su persona después del mes de mayo de 1762.

No hay constancia de que finalmente se hubiese casado en Castropodame, ni siquiera con Luisa Cuadrado. He revisado los libros parroquiales (actas de matrimonios) desde 1758 a 1770 y nada he visto. La pista de María de Viñales se pierde también en la historia cuando en el año 1761 era sirvienta en Ponferrada. No hay constancia de que finalmente contrajese matrimonio en Castropodame, algo que era de suponer tras todo lo que hemos visto. Respecto a Luisa Cuadrado, la otra mujer que también tuvo parte importante en la agitada vida de Rosendo, sí logré saber algo, pero en el Archivo Diocesano de Astorga, es decir, en los datos de la parroquia de Castropodame.

El paradero final de Luisa Cuadrado

Esta mujer, tras bautizar en la iglesia de Castropodame (y siendo soltera) un hijo suyo y de Rosendo, como ya hemos visto, lo más lógico es que pretendiese casarse con Rosendo. Para la mentalidad de nuestros días esto sería lo lógico, porque parece que Rosendo sí quería casarse con Luisa. Quería sí, pero no era sencillo.

Rosendo, al parecer, acudió a los tribunales de la Iglesia pidiendo licencia para casarse con Luisa Cuadrado, argumentando quizá (y sin razón, puntualizo yo) que María no quería casarse con él. No obstante, el Provisor del Obispado de Astorga se enteró de los “negocios turbios” de Rosendo con las mujeres y le mandó cumplir la sentencia que tenía impuesta. Entiendo yo que esta sería que, si no quería casarse con María, la indemnizase con lo dispuesto por la justicia seglar.

Rosendo podría haber optado por indemnizar a María (en vez de amenazarla) y así tener el campo libre para casarse con Luisa, pero tampoco la quería, por lo visto, lo suficiente como para soltar el dinero. Así pues, Luisa se casó finalmente, pero ya en marzo del año 1763, con un hombre de Galicia llamado Juan Diez. Este era hijo de Esteban Diez y María de los Santos, vecinos de San Esteban de Anos, en la feligresía de San Payo de Cundins, en el Arzobispado de Santiago de Compostela. Aunque muy poco conozco de esta pareja, todo parece indicar que fue un matrimonio para salir del paso, pero no por amor.

En la documentación conservada en el Archivo Diocesano de Astorga hay referencias a documentos que habría que estudiar a fondo, ya que me da la impresión de que hubo que sortear algún tipo de obstáculo, no habitual, para autorizar ese matrimonio. Contrastando datos del acta de bautismo del hijo de Luisa y Rosendo con los del acta del matrimonio de Luisa con Juan Diez, parece claro que Luisa era la misma mujer que había tenido un hijo con Rosendo, en las circunstancias “anómalas” del siglo XVIII.

El hecho de que Luisa hubiera tenido que ir a casarse a Galicia entra dentro de la lógica de aquellas circunstancias y aquel tiempo. En Castropodame y su entorno sería una mujer de “mala vida”, por haberse quedado embarazada estando soltera. Supongo que en tierras gallegas pasó el resto de su vida.

Las dos localidades gallegas citadas (San Esteban de Anos y San Payo de Cundins) se localizan perfectamente en los mapas actuales. Están cerca del mar. El apellido Cuadrado, hasta el pasado siglo XX al menos, se conservó en Castropodame, pero no sé qué relación tiene, en su caso, con Luisa Cuadrado. Ignoro si existe en las localidades gallegas citadas, pero lo esencial es que parece que Luisa tampoco salió bien parada de su aventura con Rosendo y, para evitar que la fama de “mala mujer” le acompañase el resto de su vida, tuvo que ir a vivir muy lejos de Castropodame. En aquellos tiempos era como despedirse para siempre del pueblo donde nació y se crio.

Otros casos

Alonso González, el mozo de Castropodame y pretendiente de María, que se vio rechazado por esta de modo muy contundente y que parece haber sido el más honesto, no encajó muy bien las “calabazas” y sufrió lo que hoy llamamos una depresión, hasta el punto de decidir abandonar su pueblo para ir ni más ni a menos que a la Villa y Corte de Madrid. Al parecer, el mozo había dejado su trabajo (criado de D. Manuel Ramón) pensando que María se casaría con él, pero perdió el trabajo y además se quedó sin la mujer que pretendía.

El Sr. Juez D. J. Manuel Fajardo Bustamante, que tanto luchó contra Rosendo, no terminó bien sus días. Este hombre estaba casado con una mujer muy “santurrona”, como hoy decimos, y dado que no tenían descendientes directos, la señora participó activamente en una especie de encerrona, con el fin de lograr que la herencia (notable) del Sr. Fajardo Bustamante fuese a parar a manos de la Iglesia (Convento de Ntra. Sra. de La Peña de Congosto).

El Sr. J. Manuel Fajardo Bustamante falleció en el año 1765, es decir, tan sólo tres años después, o incluso menos, de que el pleito aún siguiese su curso. Sus últimos días de vida fueron, por lo que sabemos, desdichados, porque al parecer no estaba muy conforme con dejar su fortuna a la Iglesia. Quería dejarla a unos primos, ya que no tenía familia más próxima. Este tema lo he analizado bastante a fondo y lo he publicado en un librito sobre la historia de los pueblos del Municipio de Congosto.

Hubo más personajes protagonistas de esta historia a los que yo les he intentado seguir su rastro en la Historia, pero esto lo veremos en el próximo capítulo.

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