Entre la playa y tu espacio

Edita Fernández, de alma artística y con corazón gigante, llega por primera vez a las reseñas de Lecturas de un alma vagabunda con su poemario Entre la playa y tu espacio

Ruy Vega
25/01/2026
 Actualizado a 25/01/2026
Ruy con el libro de Edita entre las manos.
Ruy con el libro de Edita entre las manos.

¿Sabéis?, había leído este libro hace tiempo, bastante tiempo. Varias veces pensé que tenía que dedicarle una reseña, varias consideré que lo mejor era hacerlo un poco más adelante. A veces las cosas ocurren sin más, otras porque se fuerza a ello, y otras porque, aunque no tengamos la explicación más racional, puede que algo nos lleve a hacerlo. Por eso, que después de esperar algo de tiempo lo realice un mes de enero para abrir el año 2026, que es una fecha muy destacada, es una gran coincidencia en mi propio camino.

Por primera vez llego hasta estas Lecturas de un alma vagabunda con una obra de Edita Fernández, bien conocida por todos nosotros. De hecho, estoy seguro de que muchos de los que estáis leyendo estas líneas la conocéis y no lo sabíais, pero de eso me ocuparé más adelante. Edita, a quien también podemos llamar Poecantisa, lleva consigo, como otros muchos nombres mencionados en esta sección, el arte como modo de entender vida (y de supervivencia ante lo cotidiano). Y no solo lo expresa escribiendo poemas, como es el caso que la ha traído hasta aquí, sino también manejando una gran voz dotada para la canción, y también organizando eventos culturales. Hoy os hablaré de su poemario Entre la playa y tu espacio. Bajo estas páginas y sus versos encontraremos mucho más, y de ello ya nos habla y advierte la autora en la primera de ellas, donde nos dice que «Este libro no es solo un poemario lleno de versos. Es un poemario, una guía, un diario, un álbum de fotos, una búsqueda, un encuentro, un viaje mar/alma adentro». Bien, pues vayamos a nadar alma adentro.  

En muchos de los versos y poemas que podemos encontrar en el libro leeremos a la Edita más reflexiva, más sincera sobre lo que piensa y siente. Un buen ejemplo está en sus primeros textos, como en el que lleva por título Tu espacio: «Está tiñendo el suelo lo caduco. / Las piñas me sonríen si las miro, / pues / saben de mi pena: ¡que hoy es grande!, / al no pasear de la mano contigo. / Quisiera gritar fuerte mi desdicha / y solo sale de mi mano algún chillido / con tinta que refleja sentimientos, / que no paran de llorar / en cada escrito.» Todos deberíamos de tener una mano a la que aferrarnos, un hombro en el que llorar y unos ojos a los que mirar fijamente sin pestañear. Si nos vamos hasta la siguiente página, podemos leer otra confesión con la que estoy muy de acuerdo, y que además de a los creadores de versos, lo extendería a gran parte de los que se dedican a escribir. Atentos a lo indicado en Manto de piedras: «La vida del poeta es solitaria, / pues amad con intensidad tan grande, / que no hay ser humano que resista / ese lazo de pasión / que funde y arde.»

En uno de los poemas del libro, que lleva por título Jardín zen – respiro, la autora nos habla de la vida y de la infancia. Comienza con estos versos tan hermosos: «Hay vacíos que se van creando en el espacio, / pero no dejan huecos en el alma de un niño. / Hay espacios temporales en el tiempo. / “Hay distancias que no borran los recuerdos”. / Cuando siento que me ahogo / rememoro el “Jardín zen” / y respiro de nuevo». Para acabar con una potente reflexión en el que, sin duda, es uno de mis preferidos: «La vida sigue para todos, / pero sin olvidar lo vivido. / Ellos viven en nosotros / cuando se van a pasear / por otros caminos.» No, nunca olvidemos lo vivido, forma parte de nuestro presente y es vehículo para decidir sobre el futuro. Otro de los poemas que más me han impactado por belleza y mensaje es Arranqué la piel (1), que os recomiendo leer varias veces. Os dejo aquí un pequeño extracto, para animaros a adentraros entre sus palabras: «Algún día cerrarás mis heridas / con las lágrimas de tus ojos… muertos. / Tan muertos como muerta quedó mi alma / al descubrir / la realidad que me mostraba el universo. / La realidad de una “mentira” / que afirmaste una y otra vez / y no confesaste a su debido tiempo.»  Eso me recuerda que en ocasiones perdemos toda una vida, por no gastar unos minutos en decir la verdad. Venga, otro de mis preferidos. Se trata precisamente de la continuación del anterior, que lleva por título Arranqué la piel (2), y que nos dice: «Volví sobre mis pasos. / Me encontré de nuevo. / Arranqué la piel / que me vestía de ti. / Lancé al mar tu recuerdo. / Ese que me enfermó y por el cual, / ¡casi muero! / Ya no más disculpar / los “Tratamientos de silencio”. / Hoy acallo tu voz en mis latidos, / mis oídos / y pensamientos».

Siempre he comentado, y lo he repetido en varias ocasiones en las distintas reseñas y presentaciones que he realizado, que los poetas tienen una magia especial, poseen a ese don que los hace únicos, esa forma genial de expresar con belleza en versos lo que a todos nos ocurre y rodea. Por supuesto, uno de esos instantes es el amor hacia otra persona y las distintas formas de vivirlo. Es algo de lo que Edita también nos habla y podemos comprobarlo en poemas como Metamorfosis (Cuadro), donde podemos leer: «Odié tu cuerpo sin motivo aparente / y pinté tu mirada vacía, / muerta, / pero lo odié por no poder sentirlo entre mis manos. / Quise pintar cada uno de tus poros con mis dedos / y me enrabio. / ¡Te amo tanto!» Y de esta forma de ver el mundo que solo los creadores de bellas palabras como ellos tienen, también nos habla Poecantisa. Hay varias pruebas de ello, siendo una de las más palpables el poema Tiempo de mar, donde abiertamente nos muestra sus sensaciones. Así comienza: «Ya nadie tiene tiempo para el tiempo / en estos tiempos. / A los poetas les acaricia el alma un aliento / que se escapa de la brisa / que va dibujando el mar: en este lienzo / donde amanecer con la caricia del sol. / Atardecer / con el óleo que cada día nos regala horizonte. / Emocionarse sin pudor ante un paisaje. / Llorar versos. / Desgranar / desangrar sentimientos. / ¡Gritar soledades!». Otro de los poemas que nos lleva hasta el amor y todo lo que éste marca nuestras vidas, bien por correspondido, bien por todo lo contrario, es el que lleva por título Las olas de tus manos, que tiene textos tan potentes como los siguientes: «Está vacía la playa / como mi vida amorosa sin ti, / ¿recuerdas? / Yo recuerdo tu cálida voz / mientras me enamorabas / cuando te creía libre, / cuando te mostrabas libre".

Os decía, al comienzo de este artículo, que muchos de vosotros conocíais a Edita Fernández – Poecantisa y quizá no teníais constancia. Y es que ella es la hermosa voz que nos regaló a todos los bercianos una canción que se hizo tan conocida como es Quiero perderme en el Bierzo. Sí, ella es quien le puso voz a nuestro pequeño himno, que estoy escuchando precisamente a la hora de escribir estas líneas y que compruebo con orgullo que, en sus distintas versiones sumadas, tiene cientos de miles de reproducciones. Ella nos gritó que quería perderse en nuestra tierra, yo le escribo que me quiero perder, una y otra vez, entre sus versos, a los que deseo regresar varias veces.

Portada del libro protagonista en la estantería de Ruy.
Portada del libro protagonista en la estantería de Ruy.

Me voy despidiendo ya. Os dejo aquí esta nueva reseña, esta nueva Lectura de un alma vagabunda, primera que realizo de Edita Fernández – Poecantisa, deseando que llegue pronto una nueva obra suya para adentrarme en ella. Como os comentaba, ya había leído esta obra hace tiempo, bastante, pero todavía no había encontrado el momento oportuno para escribir sobre ella. Creo que ese momento es ahora, y tan solo deseaba mostraros lo que he disfrutado leyendo a una de nuestras almas artísticas más potentes, a la que os recomiendo que os acerquéis. Me pasa en gran multitud de ocasiones que una vez que he leído el libro tardo en reseñarlo por distintas circunstancias. Es posible que tenga pensada una reseña de algunos de los que estáis leyendo Lecturas de un alma vagabunda, y en este momento son artículos que están todavía pendientes.

Me despido, Edita. Sé que nos veremos pronto, guárdame un verso entre tu tiempo.

Entre mi biblioteca y yo

Entre la playa y tu espacio es el primer poemario que llega hasta la sección Lecturas de un alma vagabunda, siendo su autora la polifacética artista Edita Fernández, también conocida como Poecantisa. El poemario nos lleva hasta profundas reflexiones sobre la propia vida de la mano de la poeta, quien nos invita a realizar a su lado un viaje cargado de sensaciones.

Dividido en Pasamos al jardín, Entramos al museo y Bajamos a la playa, además de un prefacio, prólogo y epílogo, el ejemplar viene acompañado por distintas fotografías, que nos harán navegar bajo un entendimiento más sincero por los versos que podemos ir leyendo. Una particularidad del libro es que, al final del mismo, dispondremos de distintas páginas en blanco tan solo anunciadas con un breve título, para que cada uno de nosotros podamos dejar ahí mismo nuestras propias vivencias y sensaciones, además incluso de disponer de hueco para que incluyamos fotografías relacionadas. Es un buen poemario al que os animo a acercaros y tener en vuestra particular biblioteca. Yo ya lo tengo en la mía.

Más que un libro, un autor

Conozco a Edita Fernández desde hace ya unos años. Nuestros caminos, como los de otros orfebres de las letras con los que he cruzado destino, se unieron porque ambos teníamos amigos escritores en común. Desde entonces, hemos compartido vivencias, cenas, charlas y, por supuesto, hemos estado en presentaciones de libros. Creo que es una de esas personas que la vida pone a tu lado para que sea más completa. Sé que por sus venas lleva arte, lleva poesía, lleva novelas y lleva música, mucha música.

La conocí sin conocerla como se encuentra con alguien a quien su fama la precede, tras poner voz a uno de los himnos que el Bierzo llevó durante tiempo en sus gustos musicales, y que todavía a día de hoy resuena. Recuerdo que estábamos en una cena y yo, que lo desconocía, me sorprendí cuando alguien me lo comentó: ella era la voz de aquella hermosa melodía. Años después seguimos cruzando nuestros caminos. Ella vino conmigo hasta León, por ejemplo, a la presentación que hice en el Instituto Leonés de Cultura de mi último libro, donde también me acompañaron el poeta Emilio Vega y el novelista Guijas Meneses. Poecantisa, recordad este nombre, nos seguirá dando alegrías.

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