Edith Fernández es un verso suelto en un poema cerrado, una transgresora, una inconformista, una loba solitaria que defiende ferozmente el amplio territorio de su independencia, un grillo en la conciencia de los hombres, un elegante cóndor andino que, con sus alas desplegadas a la imaginación, surca el inabarcable cielo azul de la palabra escrita para reivindicarse y enfrentarse al mundo.
Sus versos son las gruesas columnas que sostienen el Edith Fernández en cuyo sagrado altar se custodia la «luz de la verdad», que será revelada a todo aquel que la busque con persistente fe o posea el valor para enfrentarse a ella.
Como la mayoría de los escritores, Edith Fernández usa la poesía en su propia defensa. Es para ella su válvula de escape, y en ella se vuelca, se relaja, goza, siente, vive, sueña y se descarga. Se libera con ella de las ataduras, y plasma en cada acento del poema la belleza de su ser, su humanidad, el alma que la alienta, su espíritu crítica y su perenne y justa rebeldía.
Los poemas densos de Edith Fernández están siempre plagados de sorpresas. Son rompedores y buscan, tanto el impacto emocional como una fuerte sacudida interior que obligue a los lectores a pensar por sí mismos y a revisar de paso su escala de valores. Se podrá estar o no de acuerdo con su manera de concebir y ejecutar el hecho lírico; pero es original, se significa, y no alberga el más mínimo temor a represalias cuando grita abiertamente lo que piensa.
Leer a Edith es navegar en un velero, con sed inagotable de aventuras, por los mares ignotos de cientos de sentimientos y emociones que discurren a veces plácidos como un río y se desbordan otras en intensas y profundas marejadas.
Dueña de una obra de trazo firme, de prosa puntiaguda, de estribillo imposible, de preclara confusión y anárquica disciplina; la literatura, en las manos creadoras de esta «Poecantisa» (término inventado en base a la fusión de dos lexemas que aluden a su doble condición de poeta y cantante) es la crónica de un viaje al infinito sobre un papel en blanco, donde las palabras forman alianzas duraderas y saltan vivas, felices, renacidas y también asombradas por la propia musicalidad que habita en ellas…
Hábil exploradora de oníricos paisajes. Viajera impenitente de eclécticas lecturas; Edith Fernández no se cansa jamás de asomarse al interior del alma humana en busca de respuestas.
(Edita Fernández se define como Poecantisa. Es coordinadora general desde Ponferrada (El Bierzo) del Festival Internacional de Poesía y Arte «Grito de Mujer» (Jael Uribe) desde hace 8 años. Miembro UNEE desde Febrero de 2016. «Escudo de oro» de la UNEE en 2025 y creadora Trofeo (2016) y Certamen Nacional de Poesía (2024): «Manuel Campazas»).
Emilio Vega, escritor