El vino también es arte

El Consejo Regulador de la DO Bierzo recibió el año pasado solicitudes para 71 etiquetas nuevas, desde vinos de reciente creación a cambios de diseño

N. González
01/03/2015
 Actualizado a 18/09/2019
El diseñador berciano Juan Manuel Salví, en su estudio de Ponferrada. | L. N. C.
El diseñador berciano Juan Manuel Salví, en su estudio de Ponferrada. | L. N. C.

De un vino mencía se puede decir que tiene un color púrpura o rojo-picota con reflejos cardenalicios y sabores a frambuesa o notas de regaliz. De un godello que es de color amarillo dorado y evoca a la nuez o a la almendra. Pero antes de todo eso, antes de la cata, hay que abrir una botella. Y, aun antes, fijarse en ella y comprarla. ¿Pero qué botella, qué vino de cuál de las 75 bodegas que están incluidas en la Denominación de Origen Bierzo?


En diferenciarse está el reto.


Además de con el vino, la diferenciación viene del recipiente que lo contiene: la botella. Ésta tiene tres elementos principales: ella misma, su forma y color; la cápsula del gollete y el tapón; y la etiqueta y contraetiqueta. Mucho ha cambiado en las botellas de la DO Bierzo y sus diversos elementos en los últimos años. Por ejemplo, la forma: las hay para casi todos los gustos, pero actualmente las habituales botellas bordelesa están siendo sustituidas por las de tipo borgoña, de hombros caídos.


Aunque sin duda es la etiqueta el principal elemento que singulariza a una botella y en ese pequeño rectángulo de papel los diseñadores y artistas se estrujan la creatividad para que llame la atención del consumidor.


Sólo durante el año pasado el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bierzo concedió permiso para 71 etiquetas nuevas dentro de la DO. Un número que incluye tanto cambios de etiqueta de vinos ya en el mercado conmo diseños para nuevas marcas. Llevaría un buen rato calcular cuántos vinos distintos hay en la DO Bierzo, tomando bodega a bodega, pero en una suma sencilla y a la baja, estableciendo un mínimo de cuatro vinos por cada una, la Denominación Bierzo supera por lo menos los trescientos vinos distintos, cada uno con su etiqueta y características.


«Todos los años hay muchas etiquetas que van cambiando, que eligen nuevos diseños o una nueva imagen. Hay diseños de todo tipo, no es que predomine uno en concreto. Quizás podemos decir que van ganando los diseños más depurados, más limpios, pero no se puede generalizar porque hay mucha variedad», explica Carmen Gómez, técnica del Consejo Regulador.


«Yo empecé con esto en el 97 y al principio era muy difícil vender una etiqueta. Todos estaban con su escudo familiar o cosas así y no te dejaban cambiar casi nada. Tenías que hablar con el hijo y el hijo se tenía que enfadar con el padre y hacer una etiqueta casi a escondidas. Cuando empezó la exportación es cuando más atención se empezó a prestar al diseño y a pensar en el márketing y a diferenciar mercados y enfoques», explica la diseñadora Eva Valcarce, una berciana residente en Madrid y que sabe bien de lo que habla. Valcarce ha diseñado etiquetas para muchas bodegas, como para el tinto Ambos de la Bodega D2, así como para el conocido enólogo y creador de vinos berciano Raúl Pérez.


Valcarce destaca que, dentro de la gran variedad de diseños que hay, quizás las diferencias mayores estén entre los vinos reserva y crianza y los jóvenes. «Los primeros suelen ser más clásicos en el etiquetado, porque se dice que se buscan vender ‘más vino y menos imagen’, no te estás peleando por llamar la atención ni juegas con el precio, porque ya es alto. Suelen ser vinos consolidados, pero en el caso de los jóvenes hay un mercado más agresivo y el diseño es más importante para tratar de distinguirse».


Entre los estudios de diseño y publicidad más pujantes en los últimos tiempos está Roman Bold, en la capital leonesa, capitaneado por Rubén García Franco y Pablo Guerrero, que son los responsables de los últimos cambios de etiquetas e imagen de varias de las bodegas incluidas en la Denominación de Origen Bierzo. Entre ellas están los vinos Pilgrim, de Bodegas Godelia; Armas de Guerra, de Vinos Guerra; o los caldos Viñademoya y Baloiro Reserva, de las Bodegas Luzdivina Amigo.


Los diseños para estas tres bodegas han sido seleccionados para la exposición Gastrodiseño, que hasta la semana pasada estuvo abierta al público en el Palacio Quintanar de Segovia.


«El Bierzo ya está en el punto de mira de los mercados y los críticos de otros países y es importante transmitir su cultura, sus características a través de la etiqueta. Diferenciarse en el mercado es fundamental y por eso las bodegas cada vez apuestan más por el cambio», explica García Franco. «Hay todo un proceso creativo con la bodega. Hay que conocerla, probar sus vinos. No sólo es una etiqueta, se trata de crear un concepto que perdure en el tiempo», añade.


«Ha cambiado todo: el público, el márketing, el diseño. Cuando empecé había muy pocas bodegas en la Denominación de Origen, ahora hay muchísimas. Antes la idea era producir cuanto más vino, mejor. La cantidad era lo importante, ahora lo es la calidad. Se ha destacado la figura del viticultor y del enólogo, se han creado los vinos de autor», expone Juan Manuel Salví, un diseñador que desde su estudio en Ponferrada lleva años trabajando para el sector del vino y el turismo en el Bierzo.


«En los primeros años todos querían copiar a los vinos franceses. Recuerdo a alguno que me pidió un plagio de un Château francés y me negué. Predominaba el clasicismo de las etiquetas francesas, ahora hay más diferencias a través del diseño», dice Salví.


Aun así, cree que muchas bodegas todavía no se atreven a hacer cambios importantes en su imagen. «Percibo cierto miedo a arriesgar, pero es verdad que se ha roto la lanza de la inmovilidad que había». Entre los últimos diseños de Salví para vinos de la DO Bierzo está el de Montelios, de las Bodega Feo, inspirado en el castro prerromano de San Andrés de Montejos, y los realizados para la bodega Descendientes de J. Palacios, que precisamente esta semana recibió la noticia de la aprobación de la Junta para la construcción de una nueva bodega en Corullón que ha sido diseñada por el arquitecto Rafael Moneo.


«El diseño de la etiqueta lo tiene que conectar todo. El concepto del bodeguero, el vino, y el pasado y el presente de la bodega. Siempre requiere un trabajo de investigación, una tormenta de ideas y además ahora el papel y las técnicas de reproducción han mejorado mucho y se han abaratado», añade Salví.




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