Estos parajes hacen referencia a dos de los espacios naturales más emblemáticos y significativos de El Bierzo, entre muchos otros posibles de reseñar. Son Las Médulas y el valle del Oza, que descubrí poco antes y poco después de los años 70. Fue entonces cuando quedé prendado para siempre de la belleza y peculiaridad de estos rincones únicos y genuinos de este espacio geográfico que se debate entre región o comarca. Las personas a citar son, por un lado, Elvio Nieto, relacionado con el paraje de Las Médulas; por otro, Amalio Fernández, ligado al valle del Oza. De ambos debemos conocer su biografía, con el fin de que las actuales y futuras generaciones valoren en su justa medida su labor —desinteresada y altruista— al haber dado a conocer nuestra tierra.
El viaje para llegar a Las Médulas lo realicé en un tren con máquina de carbón. En aquellos años no estaba electrificada la línea férrea en dirección a Galicia. Era conocido como ‘el de los pescadores’, dado que muchos de sus viajeros se apeaban en Covas, Quereño o La Barosa para acceder a las aguas del Sil y practicar su afición por la pesca. En esta primera visita recuerdo, aún hoy, haber utilizado un candil de carburo para pasear por el interior de algunas de las galerías subterráneas y cuevas del lugar.
A modo de resumen, puede decirse que Las Médulas constituyen la explotación minera de oro a cielo abierto más sobrecogedora del planeta Tierra. El trabajo de ingeniería romana realizado para la extracción del mineral supuso una alteración del medio ambiente, pero dio como resultado un paisaje de arenas rojizas y ocres, cubierto en la actualidad parcialmente por vegetación de castaños y robles. No hay mejor sitio que la atalaya de Orellán para comprender las características y sistemas de explotación del yacimiento aurífero de Las Médulas. Algunos de sus lugares más significativos e inolvidables son la galería de Orellán, el lago Somido o Sumido, el lago de Carucedo, el desfiladero de La Balouta, la Cuevona, la Encantada... Espacios que invitan a la ensoñación y al misterio, llevando al lector o visitante a sumergirse en leyendas y viejas tradiciones.
En 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico; pasó a ser Bien de Interés Cultural (BIC) en 1996; al año siguiente, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad; en 2002, Monumento Natural; y en 2010, Espacio Cultural. Goza también de la categoría de Monumento-Zona Arqueológica. En 2022, recibió un nuevo galardón: el de Valor Universal Excepcional, a instancias del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO. En la actualidad, tanto el Aula Arqueológica (a la entrada del pueblo de Las Médulas) como el Centro de Recepción de Visitantes nos proporcionan suficiente información para captar y comprender los recursos arqueológicos y los recorridos que permiten conocer en profundidad este paraje de minería romana.
Muy interesante para completar el conocimiento de lo relatado es realizar un recorrido por los canales romanos, una red hidráulica utilizada por los romanos para la captación de agua en la extracción de oro en el paraje de Las Médulas. Se trata de una de las obras hidráulicas de mayor envergadura de la Antigüedad: la segunda mayor conducción de agua de esa época en la historia. Su origen se encuentra en las vertientes de la sierra de Teleno y los montes Aquilianos, en cuyas faldas se halla la comarca de La Cabrera. Se habla de seis conducciones básicas que suman unos 300 km; la número 3, unos 148 km. Las dimensiones de estos canales (llamados corrugies, por su forma serpenteante) rondan el 1,28 m de ancho por 90 cm de profundidad.

Mi primer recorrido Ponferrada–Peñalba de Santiago, unos 21 km, lo realicé andando por pleno valle del Oza. Tal trayecto resultó ser una de las caminatas más bellas que he realizado como senderista. Viví una de las experiencias más fascinantes, tanto a nivel físico como espiritual. Una vez abandonada la capital berciana, nuestros pasos se encaminaron hacia San Lorenzo, dejando a un lado Valdecañada y San Esteban de Valdueza. Luego, por caminos rurales, llegamos a la gran casona de la Granja de los monjes de Montes -neoclásica-. Serpenteando un frondoso valle a orillas del Oza, descubrimos Valdefrancos y San Clemente, en dirección a Montes de Valdueza por una ruta conocida como ‘el revienta burros’. Antes de visitar el monasterio de San Pedro de Montes, nos topamos con la Ermita de la Santa Cruz, de 1723, que en su fachada conserva restos visigodos y mozárabes. El monasterio fue fundado en el siglo VII por san Fructuoso y su discípulo Valerio. Fue abandonado a causa de la invasión musulmana y restaurado sobria pero eficazmente por el monje san Genadio entre los años 895 y 919.
El conjunto fue declarado Monumento Nacional en 1931 y BIC como entorno de protección en 1994. En su recorrido destacan diferentes estilos y épocas. Se conserva parte del llamado ‘claustro de los arcos’ y un segundo patio con galerías cerradas, rodeado de edificaciones con sótanos abovedados y varios pisos. En el interior de la iglesia, a los pies de la torre, puede contemplarse un osario con gran cantidad de calaveras: ¡todo un espectáculo!
Posteriormente, nos dirigimos a Peñalba de Santiago -hoy catalogado como uno de los pueblos más bonitos de España-, donde quedé fascinado al contemplar la puerta de acceso a la iglesia de Santiago, con doble arco de herradura apoyado en tres columnas de mármol. En el interior, un arco de herradura divide la única nave en dos partes; en un lateral, un sepulcro románico. El edificio está rodeado por un muro de piedra y en su interior se han descubierto restos de pintura mural decorativa. El templo fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931. Este es el famoso valle del Silencio, llamado así por el deseo del monje san Genadio, quien, golpeando con su cayado, hizo silenciar el murmullo del río a su paso por la cueva donde habitaba. En aquellos años, sus calles eran un auténtico lodazal, donde escuché por primera vez la palabra ‘boñiga’, en referencia a los excrementos de vaca. Su visita nunca defrauda.
Este impresionante paisaje -Montes y Peñalba, la Tebaida berciana- constituye un remanso de paz, silencio y tranquilidad. A ello se suma su riqueza artística, lo que justifica su candidatura a Patrimonio de la Humanidad.
En cuanto a los dos personajes citados, son Elvio Nieto Caamiña (1891–1970) y Amalio Fernández García (1911–1988). El destino parece mostrarlos como almas marcadas por la ‘sinodalidad’, con algunos rasgos comunes en sus vidas, personalidades e incluso aficiones. Ambos carecían de estudios superiores, pero eran personas ilustradas, sencillas, altruistas, luchadoras e idealistas, conocedoras de la gran riqueza artística y del potencial turístico de su tierra, El Bierzo. Otro aspecto en común: ser pioneros y adelantados a su tiempo. Elvio, como montañero con una visión ecologista; Amalio, como experto en medios visuales y fotografía. Ambos comprometidos con la mejora del campo cultural de la ciudad. Amalio cofundó y presidió durante más de 25 años la Asociación Fotográfica Ponferradina; Elvio participó en la fundación del Instituto de Estudios Bercianos (IEB), donde creó la sección de montañismo y ejerció como tesorero.

El Ayuntamiento de Ponferrada nombró a Amalio Hijo Predilecto en 1985 y, ya a título póstumo, Caballero de Castilla y León en su categoría de Oro en 1990. Trabajó en la Oficina de Turismo situada al comienzo del puente de La Puebla, una especie de cabina rectangular y acristalada, junto a Pedro Fernández Matachana. Allí recibió a peregrinos jacobeos y turistas. Debajo de la cabina se encontraban unos urinarios públicos a los que se accedía por unas escaleras laterales. Algún espacio del valle del Oza debería acoger un monumento al fotógrafo de estos lugares, Amalio, quien durante más de 40 años, lloviese, nevara o hubiese niebla, nunca dejó de caminar por él los domingos. ‘Luz y Palabra: El Bierzo a través de Amalio Fernández’ (1988).
Por su parte, Elvio Nieto fue declarado Hijo Adoptivo de Orellán y recibió la Medalla de Bronce al Mérito Turístico, otorgada por el Ministerio. Fundó el CIT (Centro de Iniciativas Turísticas de la ciudad) y desarrolló su vida laboral como cajero del Instituto Nacional de Previsión (INP), primera institución oficial de la Seguridad Social en España, cuya sede actual es el Hogar del Pensionista en la calle General Gómez Núñez. Un monolito en el Campo de las Danzas -homenaje del Instituto de Estudios Bercianos-, un monumento en el mirador de Orellán y una placa en la cima de Pico Tuerto, sirven de homenaje y recuerdo al perenne montañero Elvio. Hizo el Camino de Santiago en los años 60.