Destellos a tu encuentro es, sin duda, un título muy poético. No en vano, se trata de la última obra del poeta Dionisio Álvarez Trincado, y es precisamente de este libro de lo que os voy a hablar en este artículo. Hace tiempo que no leía nada suyo, y han pasado ya meses, quizá años, desde que reseñé en la sección Cartas a ninguna parte su último trabajo. Por eso, acercarme de nuevo a su sensibilidad ha sido un placer.
Dionisio, como otros poetas, es un alma sensible, un alma que construye en el arte un camino con el que expresarse. Y él, además de arquitecto de versos, es músico. ¿Sabéis?, hay una estrecha relación entre la música y los poetas. Sobre todo, en relación con aquellos que son letristas. Y no son pocos, a día de hoy, los músicos que se han lanzado a la escritura, escribiendo poemarios o novelas. Alguno de ellos, por cierto, con perfil de estrella.
El libro está dividido en seis partes. Y los poemas, como curiosidad, no llevan título, algo que me recuerda a Querencia recíproca, de Marcelo Tettamanti. En todos ellos se reconoce la pluma de Dionisio Álvarez. Sé que lo he comentado muchas veces, pero no me importa repetirme: tener una voz propia no es nada fácil. Este autor creo que lo logra, no tengo duda. Y, como gran parte de los poetas y escritores que nos rodean, se sumerge en lo más profundo de sus sentimientos y vivencias para hablarnos mirándonos a los ojos. ¿Os dais cuenta de lo difícil que es aguantar la mirada de otra persona sin mirar hacia otro lado a los pocos segundos? Pues nuestro poeta lo hace con palabras. Y, como buen ejemplo de esas sensaciones que él nos cuenta en primera persona o bien a través de un tercero, tenemos el siguiente texto, que podréis encontrar en las primeras páginas: "¿Qué marca deja en tu piel / la brisa fresca de la mañana? / Sabia intención señala / a la epidermis que siente y ama".
Os traigo también otros versos que muestran a la perfección esa muestra de vivencias en primera persona que el poeta nos entrega en este ejemplar. Se trata de un poema que leeréis a mitad del libro, y que nos dicen lo siguiente: «A esa hora contemplo / como el sol ilumina / este entorno que rodea / de bienestar mi vida. / Y pienso en esos otros seres / que allí en el lejano Oriente / sufren el azote de lo bélico / a impulsos de seres egocéntricos».
Hay un momento que todos y cada uno de nosotros viviremos a lo largo de la vida. En ocasiones será por un periodo corto, pero en otras será definitivo. Un antes y un después en nuestro caminar. Forma parte de nuestro sendero, y es imposible huir de él. Estoy hablando de las despedidas. Instante a veces de miedo, a veces de incertidumbre. Dionisio también se refiere a ellas en Destellos a tu encuentro: «Como sé que llegará / ese momento del adiós / y nadie se dará cuenta. / El alcance del latido / no se puede contemplar / y su fin no está definido».
No es difícil encontrar en los nuevos poemarios también textos en prosa, pequeñas introducciones o reflexiones que encajan perfectamente como entradas entre versos. Recuerdo que los poetas Amador Fonfría y Emilio Vega, por ejemplo, lo han hecho en sus últimos trabajos. Él también lo hace, y lo usa para la introducción de cada una de las partes en las que se divide el libro. Recomiendo su lectura pausada, entenderemos mejor el viaje que realizaremos a continuación con los poemas que siguen página a página hasta la siguiente entrada. Uno de estos textos, que me ha gustado especialmente, es el que lleva por título A cada paso dado. Ahí, podemos leer: «Han de acompañarme las sutiles reflexiones, los matices pertinentes y las dispuestas acrobacias que en el camino servirán de lanzadera y de salvamento de los disparatados huecos que conforman esa textura de lo inconformado y desigual que hemos de arrebatar a lo tantas veces innecesario; pero por otra parte prescindible para seguir en la senda de lo que no amilana ni degrada».
Justo antes de llegar al siguiente capítulo del libro, que lleva por título Quiero despertar…, me detengo en el último poema de la parte que os comentaba. Y es que en él me he encontrado con unos versos que, ciertamente, llevan el sello de Dionisio, su forma de escribir se ver reflejado en ellos, y creo que reflejan muy bien cómo transmite. Se trata de los siguientes: «Volviendo a retomar / con mesura nuevamente / como si nada de lo acontecido / se hubiera postrado al tiempo / que ese reseco (fleco) insustancial / y proclive al desequilibrio. / Abrazado al noble acierto / de voz, que retoma un respiro / otra vez con el ritmo ensoñado / del interno diafragma que vibra / manteniendo el renovado sonido / y con el tono sutil que ameniza».
Y, de nuevo justo antes de finalizar una de sus partes me encuentro con unos versos a destacar. En este caso, lo hago porque estoy completamente de acuerdo con lo que en ellos Dionisio Álvarez nos confiesa: «Dejo que fluya / lo imprevisto. / Aquello que / aún no percibes nítido. / Que roza el camino / de forma sigilosa. / Pero tiene que fluir / sin red de salto». Sí, hagámoslo, dejémonos llevar por lo imprevisto, rompamos con lo evidente.
Ya en una de sus partes finales, que lleva por título Resurgiendo al alba, Dionisio Álvarez nos lleva hasta esa forma que tienen los poetas de observar el mundo, y de fijarse en lo cotidiano para trasladarlo a un verso. Ellos saben ver, como he dicho tantas veces, con otros ojos. Y nos lleva a través de textos como el siguiente: «El sol se hace notar / cálido bajo el azul cielo / y todo se torna fugaz / cuando aparece hiriente, / con ese vacío opaco / o silente que amordaza / y de nuevo nos aquieta.» Además, el autor nos deja reflexiones que guían pensamientos que a todos nos asaltan en distintas ocasiones de nuestra vida. Y de estas extrae, de nuevo, versos.
Qué magia manejan ellos, los poetas, para reflejar nuestra vida en sus páginas. A continuación, un buen ejemplo, extraído pocas hojas después del anterior: «¡Todas las gestas son válidas / si a ellas estás vinculado / aportando a lo incipiente / un manantial de bondades!»
La última de las partes del poemario lleva por título Retomando ocasiones y, al igual que en las anteriores, viene introducida en prosa. De nuevo con un texto cuidado, perfilado y que introduce lo que a continuación leeremos. Me ha gustado especialmente esta entradilla: «Surgen esas sensaciones en las que los latidos se deslizan a los causales instantes en los que se asoma una indescifrable pulsión de impaciencia, que no se puede aminorar aunque lo intentas, porque subsiste de entre lo inoportuno que te rodea y se envuelve más y más entrelazada dejando los espacios vacíos».
Voy finalizando ya esta nueva reseña, esta nueva Lecturas de un alma vagabunda, con la sensación de dejar atrás un poemario que guardaré con cariño, y con la esperanza de que su autor, Dionisio Álvarez, regrese pronto a nuestras librerías para que pueda seguir disfrutando de sus textos. Destellos a tu encuentro es una lectura pausada, reflexiva, tranquila y disfrutable con una buena música de fondo, quizá con la canción Glaciar, de Xoel López. En este camino de lecturas y artículos que llevo construyendo desde hace ya unos cuantos años, una de las satisfacciones que he podido disfrutar es no solo la de conocer a grandes autores, sino, mejor que eso, conocer a grandes personas, y no me confundo afirmando que Dionisio lo es. Sigue escribiendo, yo te seguiré leyendo.
Entre mi biblioteca y yo
Para conocer a un autor en profundidad, para poder entrar en su obra de una forma profunda y pausada, es necesario adentrarse en todos los libros que puedas leer de él. O, al menos, a una buena parte. Destellos a tu encuentro ya forma parte de la obra de Dionisio Álvarez, y complementa su obra anterior, que también tuve la suerte de tener entre mis manos y escribirle un artículo.
Su estilo inconfundible se construye con versos estudiados que nos llevan a conocer su punto de vista de gran parte de lo que su vida, y estoy convencido de que también la nuestra, ocupa. Son poemas de fácil lectura, de leer con música tranquila de fondo, de disfrutar una tarde soleada. Parte del texto, escrito en prosa, complementa cada una de las partes en las que está dividido el libro.
Os recomiendo también acercaros hasta su blog, donde da rienda suelta a su aspecto creativo, subiendo poemas de una forma más o menos periódica.
Más que un libro, un autor
Conocí a Dionisio Álvarez hace unos años, no muchos. Nuestros caminos se cruzaron como se cruzan los de muchos de los autores y autoras de los que os hablo, con motivo de la literatura y la magia que tiene para unir destinos. Como otros escritores, lleva el arte dentro. De formación técnica, altamente técnica, por cierto, las letras corrieron por su sangre desde hace tiempo. Lleva consigo un alma sensible, alma que deja mostrarse a través de versos hermosos y cuidados, como también cuando usa la música para ello.
No son pocos los poetas que se han acercado a la música, o los músicos que se han acercado a la poesía. También a la pintura, escultura o cualquier otra forma de mostrar sensaciones. Dionisio, sospecho que al igual que muchos otros, incluido el que firma este artículo, podrá tener épocas de más o menos productividad literaria, pero seguro que seguiré escribiendo siempre, porque los que hemos nacido con tinta en las venas llevamos palabras tras cada latido, tras cada respiración. Estoy seguro que llegarán más poemas suyos, como los que sigue subiendo con cierta periodicidad en su blog. Y, por eso y su constancia, también ocupará un lugar destacado en mis lecturas.
