El CSIC plantea ampliar la protección de Las Médulas para incluir sus 800 kilómetros de red de aguas

presenta una síntesis de cuatro décadas de investigación que identifica 32 canales y plantea incorporar todo este sistema al Bien de Interés Cultural del mayor paisaje minero romano de oro

21/09/2026
 Actualizado a 21/09/2026
Paraje de Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Paraje de Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Las Médulas ya no pueden entenderse únicamente desde las grandes cortas y los característicos farallones rojizos que han convertido al enclave en uno de los paisajes más reconocibles del Bierzo. Detrás de ese escenario se extiende una infraestructura mucho mayor y menos visible: una red de 32 canales que suma alrededor de 800 kilómetros y que permitió a los romanos llevar el agua hasta la explotación aurífera.

La necesidad de que esa red hidráulica tenga una protección patrimonial acorde con su dimensión es una de las principales propuestas que deja sobre la mesa el libro Las Médulas y su red hidráulica, presentado este viernes por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en la Casa del Parque de Las Médulas. La publicación, editada por F. Javier Sánchez-Palencia y Almudena Orejas, reúne los principales resultados de cuatro décadas de investigaciones sobre el complejo minero romano y plantea ampliar la delimitación del Bien de Interés Cultural (BIC) para incorporar la totalidad de la infraestructura hidráulica vinculada a la explotación.

La propuesta parte precisamente del conocimiento acumulado durante estos años. Los trabajos arqueológicos y científicos han permitido identificar y estudiar 32 canales, con unos 800 kilómetros de recorrido, una dimensión que sitúa esta infraestructura como la red hidráulica minera más extensa conocida del mundo romano.

Una mina que empieza mucho antes de Las Médulas

La investigación recogida en el volumen permite cambiar también la forma de mirar el yacimiento. La explotación romana no se limitó al espacio que hoy identificamos visualmente como Las Médulas. Para hacer funcionar la mina fue necesario construir una enorme infraestructura destinada a captar, transportar y gestionar el agua desde distintos puntos del territorio.

Los canales, depósitos y demás estructuras hidráulicas formaban parte de un sistema técnico que permitía disponer del agua necesaria para los procedimientos de extracción del oro. Por eso, la dimensión real del paisaje minero se extiende mucho más allá de las propias cortas.

El libro reúne en once capítulos los resultados de investigaciones desarrolladas desde diferentes disciplinas y aborda desde la prospección y los sectores de explotación hasta la infraestructura hidráulica, la evacuación y acumulación de estériles, las transformaciones del territorio y la evolución paleoambiental asociada a la actividad minera.

La investigación ha implicado a arqueólogos, historiadores, ingenieros, geofísicos y geólogos, que han utilizado herramientas como los sistemas de información geográfica, estudios geofísicos, análisis microestratigráficos y dataciones radiocarbónicas para reconstruir el funcionamiento de la explotación y su evolución.

800 kilómetros que cuentan la historia de la explotación

Uno de los resultados más significativos es precisamente la dimensión de la red hidráulica. 32 canales y alrededor de 800 kilómetros de recorrido permiten entender que el agua fue una infraestructura esencial para convertir el territorio en una gigantesca explotación minera.

El estudio de los depósitos y estructuras hidráulicas ha aportado además información sobre la organización de la explotación, las distintas fases de actividad y la transformación del paisaje. Una huella que, pese a haber transcurrido casi dos mil años, continúa siendo visible en el territorio.

La publicación incorpora también una amplia síntesis cartográfica elaborada a partir de toda la documentación acumulada durante las investigaciones. Son 22 hojas cartográficas que reúnen información sobre las labores mineras, la red hidráulica y los asentamientos antiguos vinculados al conjunto.

Ese material convierte el volumen no solo en una síntesis científica, sino también en una herramienta para la investigación, la conservación y la gestión del patrimonio.

El reto: proteger lo que está fuera de las Médulas más conocidas

La propuesta de ampliar el BIC introduce ahora una cuestión de fondo: si la explotación minera no puede entenderse sin sus canales, tampoco la protección del paisaje debería limitarse al núcleo más visible del yacimiento.

La propia investigación científica ha permitido ampliar el conocimiento sobre la extensión y funcionamiento de esa infraestructura. El siguiente paso que plantea el libro es trasladar ese conocimiento al ámbito de la protección patrimonial, incorporando la totalidad de la red hidráulica vinculada a la mina romana a la delimitación del Bien de Interés Cultural.

La reivindicación no se limita, por tanto, a conservar las estructuras más conocidas de Las Médulas, sino a reconocer como parte del mismo conjunto una infraestructura que atraviesa un territorio mucho más amplio y que resulta imprescindible para comprender cómo funcionó la explotación aurífera.

Las Médulas, declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO, se enfrentan así al reto de que el reconocimiento de su valor patrimonial alcance también a esa parte menos visible del paisaje: los cientos de kilómetros de canales que hicieron posible la mina.

El libro presentado por el CSIC reúne ahora buena parte del conocimiento científico acumulado durante las últimas cuatro décadas y convierte esa investigación en una propuesta concreta: que la red hidráulica deje de ser únicamente objeto de estudio y pase a quedar integrada en la protección jurídica del conjunto de Las Médulas.

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