En Corullón, la primavera brota poco a poco en las ramas de miles de cerezos que, casi sin aviso, terminan cubriendo el paisaje de blanco. Es un espectáculo efímero, pero único para marcar el ritmo de todo un pueblo que ha aprendido a crecer al mismo compás que sus árboles. Corullón se aferra a seguir floreciendo cada año, encontrando en sus cerezos una alianza perfecta entre economía y turismo. Porque aquí la flor no es solo belleza: es identidad, sustento y reclamo.
Para entenderlo, basta con caminar. El municipio ofrece dos rutas sencillas que permiten adentrarse en ese mar blanco que, durante unas semanas, transforma el paisaje. La ruta de San Juan, de unos tres kilómetros y baja dificultad, se recorre en unos 45 minutos y serpentea entre fuentes como la de San Juan, la de los Naranjos o la de Rebodaos. El camino asciende suavemente hasta rozar los 700 metros de altitud antes de regresar al punto de partida, siempre acompañado por hectáreas de cerezos en flor.
Más breve es la ruta de los cerezos de San Martín, de menos de dos kilómetros, ideal para un paseo tranquilo de media hora. Parte desde la plaza del Ayuntamiento y asciende hasta los 559 metros, dejando para el descenso las fuentes de Piñeiro y Tadaiña, pequeños descansos en medio del recorrido.
Ambas rutas son una invitación a detenerse, a mirar y a dejarse envolver por ese «vestido de gala» que los cerezos solo lucen una vez al año. Un espectáculo que no solo se observa, sino que también se siente.

Porque en Corullón la cereza es mucho más que una fruta. «Si son buenas todas las cerezas del Bierzo, las de Corullón son las mejores», destacan desde Turismo local. Jugosas, dulces y con propiedades saludables, su calidad se debe tanto a la tierra como al cuidado de generaciones de agricultores. Un trabajo paciente que ha encontrado también en la unión su mejor aliado a través de la Asociación Agroalimentaria de Corullón, que agrupa a pequeños productores para fortalecer su comercialización.
A las rutas del cerezo se suma la del Castillo, un recorrido circular de unos diez kilómetros y dificultad media. La ruta es, en sí misma, un magnífico escenario para contemplar el espectáculo de los cerezos, pues permite alcanzar un punto, con una panorámica completa del valle, donde la floración deja de ser detalle para convertirse en paisaje.
Pero Corullón no se agota en la primavera. Castañas, miel, viñedos o incluso un baño en el Burbia redondean la experiencia de un municipio que invita a quedarse. Iglesias románicas, un castillo medieval o los restos de un antiguo poblado a los pies de la Peña del Seo enriquecen un entorno que mira al futuro sin perder sus raíces. Y, es que, como ha escogido para presentarse «Corullón es mucho».
El futuro guardián: El CIC calienta motores
Además, en el corazón del pueblo, la arquitectura tradicional ya luce renovada para su nueva misión. El Centro de Interpretación de la Cereza (CIC), ubicado en la antigua «casa del médico», encara la recta final para su apertura tras una ambiciosa rehabilitación financiada con fondos europeos. Aunque sus puertas aún no se han abierto al público de forma regular, su presencia física ya es un símbolo del compromiso municipal.
Este espacio nace con la vocación de ser mucho más que un museo; aspira a ser el «kilómetro cero» donde el visitante comprenda que tras cada cereza de Corullón hay siglos de ingeniería agrícola y memoria colectiva. El centro recorrerá el ciclo del cultivo y el impacto social de un producto que ha definido la identidad de generaciones de familias bercianas, dignificando el trabajo del campo como el pilar cultural que es.
Sigue el rastro del blanco
La floración no es solo un fenómeno natural, también es una oportunidad. Bajo el lema ‘Sigue el rastro del blanco’, el Ayuntamiento ha diseñado un calendario para guiar a quienes quieran descubrir el momento exacto en el que los cerezos alcanzan su máximo esplendor, previsto entre el 2 y el 12 de abril.
El recorrido por pueblos como Cadafresnas, Dragonte, Hornija, Melezna, Viariz o Villagroy permite seguir la evolución de la floración, que comienza a finales de marzo y se extiende durante semanas, regalando distintas estampas del mismo paisaje.
Como antesala, el 28 de marzo se celebra la Enxendra da Cereixa, una jornada que combina rutas guiadas, talleres, gastronomía y actividades para todos los públicos.
Una forma de vivir la cereza más allá del árbol, conectando tradición, cultura y participación. Así, Corullón no solo florece: se muestra. Y en ese gesto, breve pero intenso, encuentra cada año una manera de seguir creciendo.