El Bierzo cuenta con 28 misioneros que desarrollan su labor en distintos lugares del mundo. Es uno de los datos destacados de las cifras facilitadas por la diócesis de Astorga durante la presentación de la campaña del Domund 2026, celebrada en el colegio San Ignacio de Ponferrada. La colecta tendrá lugar este domingo y busca recaudar fondos para sostener el trabajo de los misioneros, que necesitan recursos para mantener sus proyectos evangelizadores, educativos y asistenciales.
Según los datos presentados, la diócesis de Astorga cuenta con 213 misioneros repartidos por los cinco continentes. América concentra la mayor parte, con 124, seguida de Europa, con 66; África, con 16, y Asia, con nueve. Por procedencia, 105 corresponden a Astorga, 62 a Zamora, 28 al Bierzo y 18 a Galicia. Además, durante los últimos dos años se han dado de baja 30 misioneros por regreso a España o fallecimiento.
El delegado diocesano de Misiones, José María Vecillas, y la responsable de la Oficina Diocesana de Misiones, Loli Rodríguez, recordaron que la actividad misionera requiere una colaboración constante para mantener las comunidades y las obras que se desarrollan en los países de destino. La apertura de escuelas, la atención sanitaria y el acompañamiento a personas vulnerables son algunas de las tareas que necesitan financiación. "Las necesidades han aumentado muchísimo", señalaron, aludiendo también al crecimiento de la comunidad católica en distintas regiones del mundo.
Así mismo, insistieron en que la misión no corresponde únicamente a los religiosos que trabajan fuera de España, sino que implica también a los fieles de las parroquias. Por ello, animaron a colaborar en la colecta del domingo, cada uno en la medida de sus posibilidades. El año pasado, la recaudación de la diócesis rondó los 42.000 euros, una cantidad que, según explicaron, ha descendido en los últimos años.
Un testimonio en primera persona
La presentación contó con el testimonio de Alphonsine Kitumwa, religiosa congoleña de las Misioneras de Cristo Jesús, que acumula cuatro décadas de vida religiosa y ha desarrollado parte de su trayectoria en países como Venezuela, además de conocer la labor de otras comunidades en Asia y África.
Kitumwa explicó que las misiones sobreviven gracias a la colaboración de personas que contribuyen económicamente y permiten mantener proyectos que van mucho más allá de la predicación. Durante su intervención, relató experiencias de religiosas que acompañan a enfermos de lepra en China, atienden a personas con discapacidad en centros asistenciales o ayudan a niños refugiados en Camerún, muchos de ellos marcados por la violencia de Boko Haram.

La misionera subrayó que su labor consiste también en devolver la dignidad y la esperanza a quienes atraviesan situaciones difíciles, mediante la educación, la atención social y la cercanía. "Dios no tiene frontera, Dios no tiene país, Dios no tiene raza", afirmó, al explicar que la misión busca tender puentes y acompañar a las personas con independencia de su procedencia.
Kitumwa defendió, además, que la tarea misionera no es exclusiva de sacerdotes y religiosas, sino que también corresponde a los laicos. Para ilustrarlo, recordó el gesto de una mujer de una comunidad del Congo que, pese a su pobreza, entregó un plátano durante la ofrenda de una misa. Una aportación pequeña en términos materiales, pero que, según señaló, reflejaba la voluntad de compartir lo poco que se tiene.
Ese es, precisamente, uno de los mensajes de la campaña del Domund: cualquier contribución puede ayudar a sostener las misiones. Los donativos permiten financiar escuelas, hospitales, iniciativas de apoyo a mujeres y otros proyectos sociales que acompañan la labor evangelizadora. La ayuda económica resulta esencial para que los misioneros puedan desplazarse, alojarse y continuar trabajando junto a las comunidades a las que atienden.
Un siglo de Domund
La campaña de este año tiene, además, un significado especial, ya que se cumplen cien años del Domund. La iniciativa tiene sus raíces en la labor de Pauline Jaricot, una laica francesa que en el siglo XIX promovió pequeñas aportaciones económicas y la oración para apoyar a los misioneros. Su propuesta fue extendiéndose desde grupos vinculados a fábricas y parroquias hasta convertirse en una obra de alcance internacional.
En 1922, el papa Pío XI reconoció la iniciativa como obra misional pontificia y, en 1926, quedó establecida la jornada mundial que da origen al Domund. Desde entonces, la campaña busca implicar a los católicos en el sostenimiento de las misiones mediante la oración, la sensibilización y los donativos.
Con motivo del centenario, la diócesis de Astorga quiere reforzar ese llamamiento a la colaboración y recordar que la actividad misionera depende, en buena medida, de la solidaridad de quienes contribuyen desde sus comunidades. La colecta de este domingo será una nueva oportunidad para respaldar a los 213 misioneros vinculados a la diócesis y a las personas que reciben su ayuda en distintas partes del mundo.
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