El rugido que recorrió la provincia de León para celebrar otro mundial

Durante toda la jornada se vivieron momentos especiales por todos los pueblos leoneses que estallaron casi a la media noche con el gol de Ferrán Torres

20/07/2026
 Actualizado a 20/07/2026
Celebración del mundial en la Plaza Mayor. | SAÚL ARÉN
Celebración del mundial en la Plaza Mayor. | SAÚL ARÉN

El silencio previo al gol de Iniesta tiene un heredero: el silencio previo al gol de Ferrán Torres. Fue también en la prórroga, como hace 16 años, y un rugido recorrió España entera cerca de la medianoche. 

También León rugió. Lo hizo desde muchas horas antes, cuando el partido todavía no había empezado pero ya había vaciado carreteras, llenado terrazas y alterado la rutina de un domingo de julio. En los bares de la capital, en las plazas del Bierzo, en las casas de Babia, en las cocinas del Páramo, en las terrazas de Laciana, en las montañas de Riaño y en tantos pueblos donde a esas horas normalmente sólo se escucha una persiana que baja, la final se jugaba desde la sobremesa. Había camisetas rojas, banderas en los balcones, niños que no habían visto nunca a España campeona del mundo y adultos que, durante unas horas, volvieron a tener dieciséis años menos. 

Luego empezó el fútbol y se acabaron las conversaciones. España quiso el balón y Argentina quiso que no pasara nada. Messi apareció poco, Lamine lo intentó mucho sin que le saliera nada pero condicionando a toda la defensa rival y el Dibu Martínez sostuvo durante dos horas a un equipo que defendía como si cada metro de césped fuera el último pedazo de la patria. España chocó una y otra vez contra una muralla albiceleste, tuvo ocasiones, acumuló diecinueve disparos frente a ninguno de Argentina y hasta celebró un gol de Nico Williams que fue anulado por una falta de Merino que solo pareció ver el árbitro. 

El partido se fue endureciendo, ensuciando y alargando. Argentina hizo de la resistencia un oficio y España tuvo que aprender a no desesperarse. Para sorpresa de nadie, el comentarista Juan Carlos Rivero seguía confundiendo los nombres de los futbolistas, llegando a citar a alguno retirado. Enzo Fernández terminó expulsado en el tiempo añadido y la final entró en la prórroga con esa sensación tan española de que todo lo que puede torcerse acabará torciéndose un poco más. El Dibu volvió a detenerlo casi todo y los penaltis comenzaron a aparecer en la imaginación colectiva como una amenaza. 

Hasta que apareció Ferrán Torres. Minuto 106. El delantero recibió, encontró el hueco y marcó el gol que llevaba esperando un país entero. Hubo antes un instante suspendido, un segundo en el que nadie respiró, como si toda España reconociera de pronto aquel silencio de Johannesburgo. Después llegó el estruendo. 

En León, en la capital y por toda la provincia, se escucharon bocinas, petardos y gritos desde las ventanas. Hubo abrazos entre desconocidos, brindis pendientes desde 2010 y pueblos enteros que retrasaron la hora de dormir. La segunda estrella no borró la primera, pero la acompañó. Iniesta ya no estaba solo en la memoria y una generación pudo estrenar su propio gol eterno. 

Durante unos minutos no hubo agravios, ni fronteras autonómicas, ni mapas impuestos, ni capitales que miraran por encima del hombro. León celebró como celebra siempre lo que siente suyo: sin pedir permiso, con orgullo y desde todos los rincones. Fue una noche para sentirnos juntos, y nadie se acordó de Valladolid. 

 

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