No considera que ser joven o mujer sea un problema a la hora de dedicarte al arbitraje, pero sí que reconoce que son pocas las chicas que eligen esta profesión. «En León contando conmigo creo que solo somos tres. Hace unos años llegamos a ser 12 o 13, pero en general la plantilla de árbitros en León se ha visto reducida, sobre todo después de la pandemia», afirma.
González arbitra en dos categorías, en Primera Federación Femenina y, en masculina, en Primera Regional Aficionados. Entre ellas, según señala, existen algunas diferencias a la hora de trabajar. «Cambia un poco. Los chicos suelen ser más intensos en los partidos, en el aspecto físico son más potentes y son más complicados de controlar a veces, mientras que las chicas hacen un juego más técnico». No tiene preferencias por una u otra, no obstante, pero sí que reconoce que son distintas. Por eso, como objetivo «a corto plazo» se marca el de ascender en ambas, subir a Primera División Femenina y pasar a Tercera División en el caso de la categoría masculina.
Ella reconoce que siempre se ha sentido muy arropada por su entorno, que la ha «animado y motivado a seguir», que en su casa jamás falta el fútbol, ya que viven «fervientemente todos los partidos» y que, si se trata de soñar con un estado o partido, no tiene preferencias respecto a terrenos de juego, pero sí si se trata de partidos. «Si subiera a Primera División Femenina otra vez me gustaría pitar un clásico, un Real Madrid-Barcelona o algún derbi». Un derbi es precisamente el partido del que guarda mejor recuerdo, el que le hace más ilusión de los arbitrados. Un Valencia-Levante de Primera División Femenina disputado en Mestalla y que fue «de los primeros partidos que se pudieron jugar en un estadio de Primera División». «Fue una experiencia única», resume.
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