Vamos con lo deportivo. Último corro y un título en juego, el de ligeros. Dos luchadores aspiran a él. El líder, Florián Yugueros; el aspirante es un luchador local, Sergio, La Saeta Rubia de Grandoso (ayuntamiento de Boñar). Se nota desde la presentación, cuando la megafonía dice su nombre el pabellón ‘se viene abajo’ —en la vieja expresión— y el aplauso cerrado se repite cada vez que el luchador de hierro con cara de niño pisaba las colchonetas. Lo hizo primero contra Adri Terremoto, al que derrota con dos jaleadas enteras.
Detrás salta Flori, contra Erik Flecha, un chaval de noble apellido que ya ha ganado un corro. Algunos pitos que significan ánimo a Sergio, nunca animadversión contra un excelente deportista, como ya había demostrado el año pasado en el mismo lugar siendo el primero en ir a abrazar a Mondelo cuando le acababa de quitar el Campeonato.
Pasaron los dos ronda. Necesitaba ayer Sergio ‘la complicidad’ del sorteo pues si no se cruzaban antes de la final ya era campeón Flori. Y el bombo informático le regalo que el cruce fuera en semifinales, su último tren, en la final ya no valía. El momento fue a las 18.48 horas, cuando saltaron a las colchonetas de un pabellón que retumbaba como nunca. Después de un tanteo, de estudiarse, se notó que lo que llaman las dinámicas son ciertas. Flori no había sido el de los últimos corros, ni en León (con Sergio) ni en el Provincial (con Salva) y La Saeta venía de mostrar su mejor cara con dos victorias. Y luchaba en casa. Y sus amigos y fieles en la grada, ruidosos.

Ganó con cierta contundencia Sergio, sin recibir ni media caída, y ahí, en la derrota, surgió el Flori más noble, quiso levantar a Sergio cuando se consumó suderrota, sin un mal gesto, pero el propio Sergio le avisó de aún falta ramatar,que tenía que vencer en la final para ser campeón. De todas formas Flori le dejó un sincero abrazo, pues seguramente intuía que, como ocurrió, Sergio no iba a dejar escaparse el corro y lo ganó, aunque en la final Rubén Cerezal —otra final para el de Corcos— le metió el miedo en el cuerpo al adelantarse con media caída. El propio Sergio había dicho que "Rubén es capaz de todo y él no se juega nada. Pero se rehizo y remató La Saeta. Ahora sí, ya era campeón. Golpeó con rabia su puño al viento. Se fue a la esquina de los suyos. Le mantearon, le abrazaron. Fiesta grande en Grandoso.
No cabe duda de que la presencia de Flori hace más grande la victoria de Sergio, que es un gran campeón que cuando acariciaba la Liga 2025 cayó lesionado, que cuando este año le remontaron 60 puntos no tiró la toalla, que supo cambiar su lucha cuando comprendió que no se puede ganar una Liga solo a la gocha. Ni una dio en los tres últimos corros, con tres victorias. Ayer fue la cadera su mejor arma para rematar y redondear con una Liga el Provincial que había ganado tan solo unas horas antes.
Había mucha tensión acumulada en La Saeta, que vio el desastre muy cerca cuando estaba a 11 puntos a falta de dos corros y soltó todos esos nervios mientras volaba manteado por el grupo de fieles que le acompañaba y animó. Tuvieron que llamarle desde la mesa para recibir los trofeos, se le olvidaba, acudió y la última imagen de esa entrega fue... el abrazo de Florián.

En las primeras líneas de esta crónica escribía «vamos con lo deportivo; se explica porque la tarde se había iniciado, en pesados, con «sabor emotivo y humano» más allá de lo deportivo. La victoria en el peso, vaya por delante, fue para Pedro Alvarado, El Kamikaze, ahí no hay noticia, más bien rutina, aunque ayer se habían sumado nuevos rivales de ‘tronío’ para complicarle la tarde, corrimientos desde semipesados: Adri el de Villavente, Rodri La Perla, El Potro Unai, que no quiso bajar y ya en el corro, cuando no había solución, reflexionaba: «Hoy era el día de estar en semis, que creo que tampoco está Tomasuco». Tarde piacce compañero.
La noticia en pesados se produjo pronto. En las previas, concretamente en el Unai-Víctor J. El Canario. Se fajaron pero llegaron al final empatados a cero, solo es una anécdota ese resultado, y en ese momento Víctor J. se quedó en el centro, llamó a su hijo Vitorín y se abrazaron en un gesto que era lo que parecía: Víctor Javier Hernández, El Canario de Villaquilambre, 43 años, ha decidido retirarse. Había alargado su carrera a pesar de lesiones y otros contratiempos «para poder luchar con mi hijo». Y lo logró, fue el año pasado en La Virgen del Camino, pero siguió para ayudarle hasta que este año comprobó que «ya se arregla él solo, que ha quedado subcampeón en pesados y solo es un niño», explica este paisanón de Villaquilambre, seguramente uno de los tipos con más fuerza que ha pasado por la lucha; de larga carrera en dos tiempos. «De chaval llegué a agarrarme, en la era, con Felipe León, lo dejé y volví, creo que en 2011, hasta hoy». Un detalle, no menor, se produjo cuando ya se iba cuando se iba, se cruzó en el camino con el árbitro JJ Novoa, con el que se las ha tenido «muy tiesas», en directo y por las redes» y el enorme Víctor le ofreció un abrazo que alegró el semblante del árbitro.
Es la lucha. Son los paisanos de la lucha. Víctor J. es de esos que supo llegar a la grada, acalar en la afición, con cercanía, contando sus historias, hablando de cómo llegaba a los corros, cómo había sido la noche anterior, dónde había estado pescando... y cuando se rebotaba era un auténtico terremoto, un tormento porque, explica, «a mí las injusticias me sacan de quício... y si son con El Niño (Vitorín), es que ni te cuento, no me controlo». Habla, seguramente, de aquella final en La Sobarriba, con tarjeta roja ‘al niño’ cuando iba a ganar su primer corro, con Novoa por medio. Justo al último que abrazó al irse a su ‘retiro’.

Después, ya se ha dicho, ganó Pedro al ‘heredero’ Vitorín; es decir, Víctor J. se puede ir tranquilo, ‘el niño’ será un más que digno sucesor, que le superará, sin duda, ya no es aquel niño que lloraba amargamente cuando su padre perdía una final.
En medios, parecía estar en el corro el aroma de un grande, La Roca. Siempre se decía que «era mal negocio luchar con él después de que perdiera algún corro... porque se tomaba la justicia». Pues los gestos de rabia de David Riaño ayer, después de cada caída, recordaban a su paisano y maestro Moisés. Ganó el alumno con raza, después de un combate ‘para gozar’ con Chelín, que llegó a tener caída y media. Pero un tranque antes y cómo le dio la vuelta a la última caída después justificaban su rabia, la que que mantuvo en la final con Víctor Llamazares, al que ya no dio opción. Ayer fue ese Pistolero Silencioso que no se sabe cuándo va a disparar, pero dispara al corazón.
Y se mantenía el aroma a Moisés en semipesados, la última categoría de la tarde. Un aroma a Roca justificado, , vaya por delante, en que ganó el corro su primo Samuel Sánchez, habitual en medios. Son extraños los últimos corros en lo de los pesos, los padres de semipesados subieron a pesados, varios de medios a semis y no estaban en su categoría natural ni Tomasuco, ni Rodri, ni Adri, ni Unai... Buen día para decir lo de «no está Padre en casa», más bien no están los padres. Yfrente a un grupo de chavales —Richi, Victor el de Villacorta, Lucas José Varona— se impuso la veteranía de Samu, que ya sabe lo que es ganar en otras categorías. Y eso que en la final se le adelantó Varona pero pareció atenazarle el vértigo... y Samu fue el padre de la guardería.
Y víctima también Samu de que no se pueda contar con más espacio esa victoria que le lleva al Campeón de Campeones porque ayer, en un ambiente extraordinario, pasaron muchas cosas. Y buenas.

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