El Sastrín de Rucayo es la primera gran leyenda de la lucha. Forjó este aura mitológico —al margen de su triste final en la guerra— en dos tardes que fueron dos corros inolvidables, los Campeonatos Provinciales de 1931, el primero de este galardón, y en 1933. La hazaña fue la misma las dos veces. Después de ganar ambos corros en la categoría de ligeros debía disputar lo que entonces se llamaba el Cinto de Honor (hoy Supercampeón) al vencedor en pesados. Parecía no tener nada que hacer, no debía tener nada que hacer y sin embargo logró la victoria, primero ante Francisco Santiago y después ante otro ilustre, Florencio El Molinero.
En Rucayo, su pueblo, se convirtió en un héroe. A hombros entró en el pueblo, la mejor orquesta sonó aquella noche en la que Juan Antonio Suárez, que ése era su nombre, se hartó a bailar con la moza que quisiera, que eran ellas las que le sacaban a bailar.
Después lo hicieron otros, sobre todo Cayuso, pero en la historia cuando el pez chico se come al grande, al pezqueñín se le llama El Sastrín.
Ayer, en el Campeón de Campeones celebrado en Boñar, que ha recuperado el Cinto de Honor con otro nombre —durante unos cuantos años no se celebró porque era ‘imposible’ que no ganara el de pesados— un chaval de Cistierna, con sangre compartida de Nava de los Caballeros (el pueblo de Nano Urdiales) que se llama David Riaño Riesco y al que han bautizado como El Pistolero Silencioso porque llegó sin hacer ruido, esperando la oportunidad para abrirse paso entre los califas. Y se lo abrió, dominó ligeros, dominó medios, hizo honor a su fama...
Y ayer en Boñar, sin avisar, en silencio, incluso sufriendo en la final de medios con Chesco se plantó en el centro del corro para disputar la final del título de Supercampeón ente el vencedor de pesados: Pedro Alvarado, que era a su vez el luchador que más corros había ganado en la Liga de Verano (22), que hace unos días se proclamó nuevamente Campeón Provincial...
Verlos allí a los dos hacía recordar aquella anécdota de un molinero de Carbajosa, Emiliano, cuando fue a luchar a Canarias y al verse ante un gigante al que llamaban El Pollito pensó, ¿cómo serán los gallos? pero, dijo, «no he venido aquí para nada, me planté allí en medio, como un poste de la luz y tumbé a aquel gigante que parecía que me iba a mandar de vuelta a casa sin necesidad de billete para el barco».
Pues David se plantó en medio. Levantó la mirada para ver al gigante, sonrió a su amigo como si tuviera un plan secreto y no se sabe si lo tenía, pero lo ejecutó. No fue una final fácil, no podía serlo. Primero le arrancó media caída, después a la espera y la contra sumó otra entera y solo quedaban ya 11 segundos y tres décima par el final. Muchos recordaban que Pedro había levantado un combate con cuatro segundos... pero no era ante David o, al menos, no era ante El Pistolero Silencioso de ayer. Aguantó esos once segundos. Sonó la bocina. Curiosamente el que sonrió fue Pedro, buen tipo, y el gesto del supercampeón no delataba que acababa de hacer historia. Otra cosa era la cara de los suyos; la de Chucho, el que dejó de fumar cuando David ganó por primera vez a Víctor Llamazares; la de su madre, la que le llevó a tantos corros de niñoa; la de la abuela de la Ribera, que lo rumia en silencio, como hacen las abuelas; la de Bea, su hermana que también ayer ganó... la de La Princesa María, otra que guada silencio.
Desde ayer en Boñar, la lista de las gestas del pequeño frente al gigante la abre un Sastrín, en 1931, y la cierra en 2026 un Pistolero. Silencioso pero que dispara porque lo efectivo no es el ruido... sino la maña.

En las otras tres categorías -en pesados ya se h dicho que ganó Pedro- quien mejor aprovechó la ocasión fue Carlos Mondelo, que si Riaño se subió al tren de la historia él se subió al último tren de la temporada. Y no fue fácil, para subir primero debió dejar en en andén a Sergio, el campeón de Liga, y en la final a Flori, el que más corros ganó en ligeros. Carlitos recordó al que el año pasado ganó la Liga y haciendo olvidar que este año solo había ganado un corro. Volvió a mirar al cielo, con doble intención, una dedicada a Jorge Iglesias, el amigo; y también para una abuela que ha enterrado tan solo hace unos días... y una abuela.
En medios había ganado David, a Chesco en la final como ya se ha dicho. El bueno de Chesco había dejado en la cuneta a su amigo y consejero Chelo, le plantó cara a David Riaño, pero éste caminaba hacía su gran día, ;y en semipesados, nuevamente sin Tomasuco, se demostró que el más fuerte está siendo el campeón del año pasado, Adri el de Villavente, que ganó con mucha solvencia, tanto que en 7 segundos ya le había dado caída y media a Rodri en la final.
Fueron el aperitivo de ese combate final que huele a historia. Repetir esa de que era la lucha de David contra Goliath ya está muy manido, por más que El Pistolero también se llame David... Riaño.
CLASIFICACIONES:
LIGEROS:
Campeón: Carlos Mondelo, de Santibañez de Porma
Finalista: Florián Miguel Yugueros, de Sorriba
MEDIOS:
Campeón: David Riaño, El Pistolero Silencioso de Cistierna
Finalista: Chesco González, Morterito II de Santa Lucía de Gordón
SEMIPESADOS:
Campeón: Adrián Rodríguez, Adri de Villavente
Finalista: Rodrigo Fuentes, La Perla de Cistierna
PESADOS:
Campeón: Pedro Alvarado, Kamikaze de Cistierna
Finalista: Sergio González, El Chiquitín de Prioro
SUPERCAMPEÓN:
David Riaño, El Pistolero Silencioso de Cistierna
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