El Mundialito Leonés ya tiene campeón. Brasil levantó el pasado domingo el trofeo de la segunda edición tras imponerse a Bolivia en la gran final, poniendo el punto final a más de un mes de competición en los campos del CHF y a una iniciativa que ha vuelto a convertir el fútbol en mucho más que un deporte.
Desde el 4 de julio, 16 selecciones han llevado al terreno de juego los colores y las banderas de otros tantos países en un torneo que este año dio un paso adelante respecto a su estreno. El formato, inspirado en un Mundial, llevó a los participantes desde una fase de grupos hasta los cuartos de final, las semifinales y una última batalla por el título que terminó con Brasil como vencedor.
La competición había nacido con una idea clara: que el fútbol sirviera como punto de encuentro entre personas de diferentes procedencias. Y esa esencia se mantuvo durante todo el torneo. Como explicaba a este periódico Aaron Jersey, uno de los impulsores, el objetivo no era organizar «el típico torneo de verano», sino generar un espacio en el que los participantes pudieran representar a sus países y compartir también su cultura.
El crecimiento respecto a la primera edición ha sido evidente. De los nueve equipos que participaron el año pasado se pasó a 16 selecciones, con representantes de países como Brasil, Bolivia, Argentina, Portugal, Perú, Senegal, Marruecos, Venezuela, Ecuador, Cabo Verde, Mali, Palestina, Paraguay, Colombia, Argelia y España. La organización tuvo incluso que limitar las solicitudes ante la imposibilidad de ampliar todavía más un calendario que ya llegaba muy apretado.
Y después de semanas de competición, fue Brasil quien terminó celebrando. La selección brasileña se impuso a Bolivia en la final disputada el pasado domingo y se convirtió en la campeona de una segunda edición que ha vuelto a dejar imágenes de fútbol, banderas, familias y celebraciones sobre el césped del CHF. El trofeo ya tiene dueño, pero el Mundialito Leonés vuelve a cerrar su segunda edición dejando la sensación de que su verdadera competición va mucho más allá de quién termina levantando la copa. Tomán la revancha un año después. La selección brasileña, subcampeona en la primera edición tras caer ante Bolivia en la final, volvió a encontrarse con los bolivianos por el título y esta vez salió vencedora, convirtiéndose en la nueva campeona del Mundialito Leonés.
Porque si algo volvió a destacar por encima del césped fue el ambiente. Las gradas del CHF se convirtieron durante las distintas jornadas en un pequeño mosaico de culturas, con aficionados animando a su selección aunque en muchos casos ni siquiera conocieran personalmente a los futbolistas. Precisamente por eso, el torneo volvió a conceder un protagonismo especial a las aficiones, hasta el punto de contar con un premio propio para reconocerlas.
El Mundialito también quiso mantener esa dimensión cultural fuera de los partidos, con espacios dedicados a mostrar elementos propios de los países participantes, desde la gastronomía hasta el arte, reforzando una filosofía que sus organizadores resumían en una idea sencilla: fútbol, convivencia y cultura.
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