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De los capilotes al cemento

De los capilotes al cemento

EL LEóN DE FERNANDO RUBIO IR

El viejo Riaño, una estampa tantas veces repetida como ejemplo de pueblo de montaña, hasta aquel verano del año 1987, el del fin. | FERNANDO RUBIO Ampliar imagen El viejo Riaño, una estampa tantas veces repetida como ejemplo de pueblo de montaña, hasta aquel verano del año 1987, el del fin. | FERNANDO RUBIO
Fulgencio Fernández | 19/09/2022 A A
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De los capilotes al cemento
El León de Fernando Rubio En los años setenta el valle de Riaño vivía en un estado de incertidumbre, la vida seguía en aquel espacio marcado por la ganadería y los capilotes, pero con una amenazante pared de hormigón, la presa que después fue pantano
Uno de los debates más recurrentes en la sociedad leonesa es el del agua. No en vano se está convirtiendo en uno de los bienes más preciados del momento y pese a haber sembrado la provincia de pantanos no parece que ese sacrificio se haya convertido en progreso, riqueza y, ni siquiera, riegos, al menos como es esperaba o se prometió.
En los últimos días, en las últimas horas, se han recogido en los medios dos noticias que ilustran esta situación y la vuelven a colocar en el primer plano de la actualidad. De un lado las protestas de los agricultores leoneses para que el agua de nuestros pantanos no se vaya a Portugal cuando hace falta aquí.

Y la segunda ha pasado mucho más desapercibida pero es muy significativa. Un ayuntamiento de los receptores de agua de los pantanos de la provincia, Santas Martas, ha decidido colocar una placa de agradecimiento a los vecinos de los ocho pueblos que tapó la Presa Juan Benet (pantano del Porma) — Vegamián, Campillo, Utrero, Lodares, Ferreras, Quintanilla, Armada y Campsolillo— que tuvieron que abandonar sus casas y sus pueblos. Incluso dos de estos antiguos vecinos se desplazaron a Santas Martas para agradecer el gesto de reconocimiento de este municipio que, escribió en la placa colocada en la fuente: "Gracias a su sacrificio hoy en día podemos regar nuestros campos de cultivo".

Unir las dos noticias reabre muchos debates, como si se ha aprovechado el agua para el riego, si era cierto que podía haber ‘gato encerrado’ y en el cierre de los pantanos había muchos intereses ajenos al riego (las eléctricas, fundamentalmente) o si, en definitiva, se le ha reconocido a las gentes que han sido expulsados de sus casas el sacrificio realizado. Ellos han manifestado muchas veces sentirse abandonados, desde aquellos maltratados en Oliegos a quienes hicieron frente al destino en Riaño y un día se indignaron al escuchar al ministro que perpetró el cierre, Sáenz de Cosculluela, que con gran cinismo e insensibilidad afirmó en TVE que "en Riaño no ocurrió nada", olvidando que incluso hubo un par de muertos.



Pero eso es adelantar mucho pues las imágenes que cada lunes nos acerca Fernando Rubio son de los años 70, aquellos en los que el Valle de Riaño seguía con su vida pero en el horizonte estaba la pared del pantano sin cerrar, como amenaza permanente, que en 1987 se hizo realidad, después de duros enfrentamientos que no debieron llegar al ministro.

Recuerda Fernando Rubio los antecedentes de aquellas imágenes de los setenta. "El pantano fue proyectado a principios del siglo XX y posteriormente durante el periodo de la República. Comenzó su andadura política en 1963 y sus obras en 1965, con el levantamiento del muro de hormigón de la presa, durante la dictadura franquista. El proyecto fue avanzando muy lentamente durante la década de 1970 pues se produjeron algunas movilizaciones en el valle de Riaño. Tras la llegada del sistema constitucional en 1978, el proyecto quedó paralizado hasta que con la llegada al poder de los socialistas, en 1982, se retomó el proyecto y se aceleró la construcción del embalse".

En las imágenes de aquellos años vuelve a lucir espectacular aquel valle, considerado uno de los más bellos y rico en ganadería. Recuerda Rubio otras visitas al valle, noticias que viven en su archivo. "He estado buceando en mis recuerdos sobre el entorno de Riaño y han venido a mi memoria, (desde mi archivo), el edificio del Parador y sus bellas vista, que ya había sido cerrado 1969; la despedida del campamento de la OJE, (Campamento Nacional ‘Ordoño II’ desde 1944), el 26 de agosto de 1970 con la cápsula del tiempo en la que, metafóricamente y premonitoriamente, se enterraba la Falange al enterrar su bandera bajo el suelo que luego sería inundado". Y añade una imagen nueva para el recuerdo pues ya no se puede repetir, es de 1977, una vista panorámica del pueblo.

Si las redes sociales tienen algún valor de noticia señalar que cuando Fernando colgó las imágenes hacía una reflexión: "¿Habrá merecido la pena? Espero que sí". Las respuestas en forma de comentario le decían que no, cogemos una como ejemplo: "Nunca puede merecer la pena algo que anega unos cuantos pueblos y los echa de su casa para dar agua de riego gratis a otra región distinta". El debate sigue.
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