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De Alemania a la Cuesta de Buena Madre

De Alemania a la Cuesta de Buena Madre

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Ignacio Prieto y Leopoldo Antolín con su libro de toponimia. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Ignacio Prieto y Leopoldo Antolín con su libro de toponimia. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 08/10/2017 A A
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De Alemania a la Cuesta de Buena Madre
Libros Leopoldo Antolín, ingeniero dedicado a la energía nuclear por medio mundo, pasaba los veranos en Pinos y a este pueblo ha dedicado su excelente trabajo sobre toponimia
Leopoldo Antolín es uno de esos leoneses singulares que andan por el mundo, una autoridad en un campo tan de actualidad como la energía nuclear. Nacido en 1945 este Ingeniero Industrial ya jubilado desarrolló su vida profesional desde 1970 en el sector de la energía nuclear entre Alemania, Bilbao y Madrid. Su trabajo le llevó a países como Estados Unidos, Brasil y Francia, siendo su última responsabilidad la de representar en París a las centrales nucleares españolas en la organización internacional WANO, que agrupa a todas las centrales nucleares del mundo. Pero en medio de ese trajín de vida siempre encontraba unas semanas para regresar "a su paraíso de descanso", la localidad leonesa de Pinos, en Babia.

Entre tantas otras cosas de esta tierra le llamaron mucho la atención los topónimos. Y ya en su jubilación encontró para esta afición un cómplice ‘impagable’, Ignacio Prieto Sarro, Licenciado en Geografía por la Universidad de León, en cuyo Servicio de Cartografía desempeña su actividad profesional. Esta especialización le ha llevado a interesarse por la toponimia en cuanto a apoyo a la interpretación de los paisajes rurales. Vinculado familiarmente a Babia, trabaja sobre la evolución del paisaje agrario en la comarca y en la realización de un inventario de la cartografía de la provincia de León en época contemporánea.

La pareja perfecta. Si a ello sumas la existencia del Concurso de Recogida de Toponimia ‘Concha de Lama’, que convoca el Club Xeitu... todo encaja. Y así fueron los ganadores de la edición de 2016, que al premio simbólico de 300 euros suma la edición del libro, que ya ha visto la luz.

Para alguien que debate sobre energía nuclear es evidente que tiene un tremendo atractivo manejar "más de 350 topónimos con nombres tan sonoros como La Corra la Barda, el Fuis de la Mimbre, la Cama del Buey, la Cuesta de Buena Madre, los Pozos Gentiles o el Alto de Guzparrín", nombres que explicados y ubicados en mapas, sirven a los autores para explicar el significado de muchos de ellos, "como la alusión a la planta Merendera montana –en la zona más conocida como espantapastores– en el paraje Las Merendinas, o la posible alusión a que, al tono oscuro que le da la abundancia de arandaneras, debe su nombre el Negrón de La Cubilla. La Chana de la Reciecha, las praderas de Rosapero y su hierba de inmejorable calidad, las Campas del Tocino o la Senda del Pan, que llevaba a Tuiza de Arriba, completan el elenco de nombres de este pequeño pueblo que en la actualidad tiene un censo de 50 habitantes".

El libro repasa en sus 180 páginas los aspectos más singulares de la idiosincrasia de este pequeño pueblo del municipio de San Emiliano, en el antiguo Concejo de Babia de Abajo o Babia de Yuso. El rescate de los diferentes topónimos se adentra en aspectos históricos como la inveterada vocación trashumante, "con un pormenorizado estudio de los puertos de merinas de La Cubilla, La Alcantarilla, La Cueva del Puerco, Navares, Vega de Gorgaveros, Los Cuérrabos o Naves, parte de los cuales pertenecieron durante siglos al señorío eclesiástico de la Mesa Capitular del Monasterio de San Isidoro de León y más tarde fueron comprados por la familia Sierra Pambley".

También se recuerdan las vicisitudes de la guerra civil en la zona, línea de frente durante más de un año, de lo que quedan restos de trincheras y nidos de ametralladoras, recuperándose la historia de asesinados como Joaquín Hidalgo o Pío Álvarez o de exiliados como Baudilio Riesco o Elías García Lorenzana. De este último "se recuperan las coplas que escribió narrando la huida del líder derechista Gil-Robles a Asturias, por los puertos de Pinos: ‘Al pasar el Cancillón/ y mirar atrás con saña/ vio la sombra de Gordón/ y la figura de Azaña’".
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