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Andrés Roca se corona 'Rey' de la feria leonesa

Andrés Roca se corona 'Rey' de la feria leonesa

SAN JUAN Y SAN PEDRO IR

El peruano Roca Rey a hombros en la plaza del Parque. | SAÚL ARÉN Ampliar imagen El peruano Roca Rey a hombros en la plaza del Parque. | SAÚL ARÉN
Fulgencio Fernández | 27/06/2022 A A
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Andrés Roca se corona 'Rey' de la feria leonesa
Toros El peruano Roca Rey se proclamó gran triunfador de la tarde y de la feria al cortarle dos orejas a cada uno de sus toros y abrir la puerta grande
La corrida del sábado tuvo más de puerta grande que de grande, si exceptuamos al caballero Ventura. Por eso este domingo los aficionados llegaban convencidos de que «el día es hoy» y sumaban a sus argumentos los nombres, cada uno apostaba por el suyo pero Roca Rey manda este año.

Cómo están las apuestas se nota en la llegada de las furgonetas (llámale así) de los toreros y sus cuadrillas. No hay tendido de pobres, pero sí expectación por verlos de cerca. A El Juli le esperan madres que parecen llevar en sus manos estampas de aquel niño torero que no se les borró del alma cuando se tuvo que ir a Méjico porque aquí no tenía edad para salir a la arena; y le siguen protegiendo como si no hubiera crecido. Juli, ya paisano y serio, atraviesa entre ellas, fundamentalmente, dando las gracias y algún beso. Los justos.


Manzanares es de esa otra raza de niños. Siempre será el niño de su padre, siempre se moverá entre la sospecha de las puertas que abre el apellido y el reto de derribarlas él. También pasa muy serio. Da algunos besos. Los justos.

Pero, de repente, los móviles encienden las luces rojas de grabar. Se alzan al cielo. Tratan de colocarse los primeros porque llega Roca Rey, otro mundo. Un niño peruano que le lleva dibujos y le pide a la madre que le acerque a Andrés pero no es fácil. La policía custodia. Se abre la puerta y aparece una cara de niño serio. Tímido. Viéndolo después ante el toro crees que es otro. Apenas sonríe. Evita los besos aunque agradece las palabras... hasta que ve al niño peruano y sus dibujos. Por un segundo le cambia la cara, al niño para una vida.

Y para el gallinero que así lo quieren. También allí pasan cosas y el presidente explica que aunque ya pasan seis minutos no se puede empezar porque «el reglamento» (palabra mágica en los toros) dice que «hay que empezar en punto por el reloj de la plaza», que marca las 6 y 27. Él manda. Y eso que el presidente ordenó ponerlo en hora por la mañana, pero ya ha atrasado 9 minutos. Los tiempos taurinos son otros.

Y el reloj llegó a y 30. Aplausos para el Himno nacional que volvió a perder la letra que nunca tuvo y el mismo del día antes gritó ese ¡Viva España! que desde el gallinero no se sabe interpretar.


La faena


Al lío. El Juli y Manzanares ofrecieron dos faenas iniciales de esas que les salen sin repasar los apuntes. Oficio. Saber estar. Medir tiempos y distancias. Gestos para calentar. Algo de andancio en los toros. Bien al matar, sobre todo Manzanares, que se marcó un estoconazo de esos que después piden un «dejarme solo». Una oreja para cada uno y todo queda abierto a lo que sea, la puerta grande, el aliño, la discreción.

Pero, igual que ocurrió al llegar, cuando salió el tercer toro, el que le correspondía a Andrés Roca Rey. Cambió el clima. Los móviles volvieron a poner su luz roja y él lo sabía. Como sabe que viene de tirar puertas, cortar rabos, seducir públicos, impactar con palabras cuando dice que «muchas veces pensé en retirarme».

No lo parece al verlo en la plaza, a la que pone en pie desde los lances iniciales con el capote. Series bien encadenadas con esos pases que tanto nos gustan a los que no entendemos y nos mira al biés el del puro y el sombrero: verónicas, medias verónicas, gaoneras, chicuelinas... y cuando le da descanso y camina por la plaza no te puedes creer que sea el niño que se bajó de la furgoneta.

Le da juego el toro con la muleta y el peruano no deja que baje ni un grado la temperatura. Nuevas series, ayudados, naturales, remates llenos de colores.

Estamos en fiestas y la ensaladilla rusa ya se sabe que ablanda el alma y le concede la segunda oreja  A matar. A rematar. Uff, qué pena. Tiene que entrar dos veces y pincha en hueso pero cuando lo logra, a la tercera, la plaza lo celebra. El presidente concede pronto una oreja o a que nada estropeé la fiesta e insiste, pañuelos al viento, en que quiere la segunda oreja. Estamos en fiestas y la ensaladilla rusa ya se sabe que ablanda el alma y le concede la segunda oreja que pasea en el centro del objetivo de los móviles encendidos.

Vamos con la segunda vuelta. El Juli parece haberse picado con la faena de Roca Rey y arranca la suya por todo lo alto, de rodillas, mirando al público... pero en este juego la suerte se llama toro. Y era más malo que Pício feo, y no le dejó hacer ni tiempo. Ni una estocada fulminante le salvó de irse sin pena ni gloria y pitos para el toro como reconociendo a Julián que no era culpa suya.

Y si Manzanares ‘empató’ con El Juli a oreja y camino para lograrla, también en la segunda vuelta ocurrió los mismo pero fue por diferente camino. Mientras al madrileño le falló el toro, al alicantino le falló la espada después de arrancarle al toro más de lo que tenía y cuajar momentos muy intensos que la grada agradeció. Parecía que miraba hacia la puerta grande pero la espada se torció y le torció, provocando un murmullo de pena cuando el toro dobló pues los aficionados tenían ganas agradecer su esfuerzo ante un toro de esos que llaman manejable.


De nuevo se prepararon los móviles. Roca Rey se asomaba al burladero para recibir al último de la tarde y le esperó encerrado contra las tablas para ir ganándole espacio poco a poco y a cada metro se sumaban los aplausos. Sonaba a tarde redonda. Repitió con variantes la primera parte de la faena, fue calentando el ambiente y cuando llegó a la muleta decidió mostrar otra cara para que la tarde sonara a redonda.

La banda de música de La Bañeza, no sé si es casualidad pero quiero creer que no, apostó por una música suave, como un telón de fondo sobre el que Roca Rey iba dibujando una faena casi a cámara lenta, con menos gestos a la galería y más a la torería. Sólo salía de su ensimismamiento cuando cerraba las variadas series de muletazos y volvía a caminar orgulloso y despacio, parecía imposible que fuera el mismo ‘niño’ que salía de la furgoneta. Mató, el público exigió las dos orejas, el presidente aceptó y la puerta grande comenzó a correr los pestillos para abrirse a su paso.

El niño peruano de los dibujos mira emocionado a su héroe a hombros, que le mira desde arriba. Hasta el doctor Cosamalón regala su sonrisa blanca al ver a otro peruano que, como él, triunfa en tierras leonesas.

El nuevo Rey viene de Perú.
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