El fuego, como cualquier otra fuerza extrema, más metafórica o menos, no entiende de fronteras. En la tarde y en la noche del lunes, el incendio iniciado en la comarca zamorana de la Carballeda cruzó a territorio leonés obligando a desalojar siete localidades de la Valdería: Castrocalbón, San Félix, Calzada, Felechares, Pinilla, San Esteban de Nogales y Pobladura de Yuso.
Más de 2.000 personas han tenido que dejar sus casas, buena parte población estacional que pasa agosto en sus pueblos. Sin embargo, varias decenas de vecinos decidieron quedarse para frenar las llamas ante unos medios de extinción desbordados por la sucesión de incendios en la comunidad autónoma y en todo el país. «Vale que haya que desalojar a los niños y a los ancianos, pero el resto somos los que mejor conocemos el monte, los que estamos todos los días aquí», comenta Daniel, vecino de San Esteban.
Daniel estuvo hasta las cuatro de la madrugada del lunes, junto con decenas de sus vecinos, participando en la hacendera contra el incendio de la Valdería. Este martes las campanas volvieron a sonar para organizar a los voluntarios ante unos medios que, insisten, no llegan. «Aquí no ha venido ni Dios. Nos tienen abandonados», repetían varios jóvenes equipados con monos de trabajo y palas tratando de evitar que se reactivase el fuego que acababa de calcinar un encinar.

Se encuentra al final del camino de las bodegas, un paraje situado a menos de cinco kilómetros de San Esteban de Nogales. Hasta allí llega Faustino con su sulfatadora. Le siguen otros tres hombres de edad avanzada que pretenden enfriar un monte cubierto de cenizas, de las cuales siguen saliendo humo.
María Jesús baja a por barras de pan para preparar bocadillos ante una jornada que se presenta larga, Rubén va a buscar su tractor y un grupo de chavales corren con garrafas de agua. Todos colaboran y, entregados a la apremiante tarea, nadie se queja del sofocante calor. «Queda mucha hoja y eso arde como la pólvora», grita otro de los voluntarios.
Llamamiento a la prudencia
A pesar de estos esfuerzos vecinales, tanto la Junta como la Subdelegación del Gobierno advirtieron una y otra vez durante este martes del peligro de incumplir las órdenes de evacuación. Sin embargo, muchos vecinos de la Valdería desoyeron el llamamiento a la prudencia, entre los cuales se encontraba incluso el alcalde de Castrocalbón, Luis Antonio Cenador.
El aviso, como horas después se demostró, no era ningún farol. Además, las llamas habían avanzado la tarde del lunes hasta 30 kilómetros devorando con voracidad el monte de la comarca. No obstante, según argumentaban los voluntarios, la resistencia vecinal se debía sobre todo a la impotencia de que no llegaran más medios de extinción. «Tenemos unas leyes que son... No se puede tocar nada. No te dejan limpiar, no te dejan desbrozar, no te dejan nada. Además ya casi no hay ganado. Las leyes las hacen desde un despacho de Madrid, pero las sufrimos en los pueblos. Encima quieren ahora que nos vayamos del monte y ni siquiera vienen...», comenta Daniel.

Esos medios contra los incendios se concentraban en la mañana de este martes a poco más de cinco kilómetros, en el monte que une San Esteban y Castrocalbón. Allí, varios vehículos de la Unidad Militar de Emergencias y un bulldozer se afanaban en hacer un cortafuego y ensanchar varios caminos.
El polvo de las máquinas parece, por momentos, confundirse con el humo. Unos trabajos que mira Juan, otro de los vecinos que no se han ido de su pueblo, a poco más de 300 metros de una columna de humo negro. «Todo eso es ya provincia de Zamora», comenta este hombre señalando un alto en el que la ceniza cubre cualquier posible frontera.
La mayoría lo consideran provocado
Como muchos otros, Juan tiene claro que el incendio es provocado, el «terrorismo ambiental» al que hizo referencia el consejero de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio, Juan Carlos Suárez Quiñones. «Es provocado. No hay derecho a que haya bandidos así. Si se quema el monte que se queme, pero que no llegue al pueblo», expresa este vecino de la Valdería.
La de que la mano del hombre está detrás de esta cadena de incendios es una visión compartida por la gran parte de los vecinos que se agolpan a la salida de Castrocalbón, en el puente sobre Eria. La carretera está cortada por una patrulla de la Guardia Civil y los rostros de todos los presentes se ven apesadumbrados. Por una vez, la serenidad de su río no ofrece consuelo. «Esto lo han provocado. No sabemos quién ni por qué motivos lo hacen, pero no hay derecho», lamenta uno de los corrillos de vecinos desalojados.

A pesar de los llamamientos a abandonar estas tareas, la hacendera continúa en estos pueblos, que incluso reciben peticiones de los ayuntamientos de más tractores con cubas de agua. Todos, sobre todo los más mayores, tienen presente el incendio de hace tres décadas en San Esteban, «que llegó de Nogarejas», y las más de 11.000 hectáreas quemadas en Castrocontrigo en la catástrofe de 2012.
«El fuego come como cosa mala», comentaba otro de los vecinos que luchaban contra las llamas. Razón tenía: por la tarde fueron necesarios nuevos desalojos en pueblos de esta zona de la provincia ante un viento que no dejaba de complicar todavía más la situación.
Todos los infiernos de los que escribió Dante Alighieri parecen haberse trasladado este agosto a la Valdería. Una comarca, una parte de León, en hacendera contra el fuego.