Lo mismo sucederá en el tramo que discurre entre Valladolid y Palencia, donde el proyecto no se modifica, ya que esta parte del trazado será utilizada también por los trenes que circulen en el futuro a Burgos, Cantabria y el País Vasco. Adif defendió entonces que se trata de unas modificaciones que son "provisionales", ya que el objetivo final sigue siendo desdoblar todo el trazado cuando exista disponibilidad presupuestaria. Admitieron además que esta configuración podría obligar a ajustar las frecuencias de alta velocidad.
De esta forma, de los 160 kilómetros entre Valladolid y León, 75 dispondrían inicialmente de vía doble (también se incluye el acceso a la capital leonesa) y el resto de vía única. Esta solución también se ha adoptado para el tramo Olmedo- Zamora de la línea a Galicia.
Los trabajos se centran ahora en rematar el montaje de vía y las actuaciones se completan con los sistemas de protección del tren, telecomunicaciones fijas, control de tráfico y seguridad. Además, se han impulsado los cambiadores de ancho de vía de León.
Muy distinta es la situación en la que se encuentra el proyecto para la integración del AVE en la ciudad de León, que oficialmente sigue en fase de redefinición. El caso es que los trenes salen actualmente en retroceso hasta el enlace sur, una variante ferroviaria que nace en las inmediaciones del polígono de Onzonilla y empalma con la línea hacia Asturias en el municipio de San Andrés del Rabanedo. Esto era una medida provisional y hace que los trenes de Asturias vean prolongado su trayecto entre 15 y 20 minutos, lo que ha generado protestas.
Después de que se descartase un apeadero en las inmediaciones del enlace sur para evitar esta maniobra, la ministra de Fomento, Ana Pastor se limitó a decir que "la integración ferroviaria en León tenía una importante dificultad económica y la solución es hacer posible que el tren salga por donde salió toda la vida y garantizar la centralidad de la estación".
Las opciones pasarían por reabrir el paso a nivel (totalmente descartada), un soterramiento corto (500 metros) o un semisoterramiento, que enterraría las vías y sólo las cubriría en zonas en las que es necesaria la permeabilidad entre ambos lados.
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