Él echó mano de unas telas que tenían en casa para otras cosas y de la goma que les había sobrado de algunas creaciones que habrían realizado por carnaval y le dejó el resto a su mujer Susana, habilidosa con la máquina de coser. «Al principio nos costó un poco hacerlas, pero después ya le cogimos el ritmo», dice Francisco.
Y con esa tela esperan poder tener listas unas 100 «no tenemos tela para más, pero algo inventaremos para hacerlas, dice. Lo que no quieren es quedarse de brazos cruzados mientras saben que hay necesidades «lo importante es animar a que cada uno arrime el hombro en lo que pueda, aunque sea poco».
Francisco insta a sus vecinos a que respondan a las necesidades que detecten de la misma manera «cada uno podemos poner algo de nuestra parte y eso puede ayudar a los demás y también a nosotros», dice.
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