César de la Fuente sumará el próximo viernes un nuevo reconocimiento a una trayectoria repleta de ellos: el biotecnólogo formado en el Campus de Vegazana será nombrado Doctor Honoris Causa de la Universidad de León (ULE). Aunque gallego de nacimiento, este catedrático de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, se ha convertido en una eminencia internacional en el uso de la inteligencia artificial para el desarrollo de nuevos medicamentos. En esta entrevista, De la Fuente comparte sensaciones sobre la ceremonia, en la que también será investido el leonés Sergio Boixo, explica sus proyectos actuales y analiza cómo ve a su alma mater desde su posición de liderazgo al otro lado del Atlántico.
– Después de una carrera ya repleta de premios, ¿qué supone para usted y qué tiene de diferente el reconocimiento como Doctor Honoris Causa por parte de la ULE?
– Para mí tiene un significado profundamente personal. Muchos premios reconocen resultados concretos. Este reconocimiento, en cambio, abraza lo que es una historia completa: la de un estudiante que se formó aquí y que, años después, vuelve con un proyecto científico que intenta servir a la sociedad. Es distinto porque viene de mi casa académica, de la institución donde aprendí a pensar como científico y donde di los primeros pasos.
– ¿Qué sentimientos le despierta su regreso a la ciudad de León para la ceremonia de investidura?
– Gratitud, emoción y también una sensación de responsabilidad. Gratitud por todo lo que recibí en León, emoción por reencontrarme con personas, espacios y recuerdos que marcaron mi vida y responsabilidad porque este tipo de actos también son una oportunidad para devolver, inspirar y abrir puertas a quienes hoy están empezando. La investidura del 13 de febrero será muy simbólica para mí.
– La Universidad en la que se formó también ha puesto su nombre a un laboratorio de la Facultad de Biológicas y Ambientales, ¿qué recuerdos tiene de aquel acto?
– Lo recuerdo como uno de esos días que se quedan grabados. Descubrir la placa y ver a la comunidad universitaria reunida fue emocionante, sobre todo porque ese laboratorio conecta con mis inicios. Ahí di mis primeros pasos como científico y ahí entendí, de verdad, que me fascinaban las bacterias y el mundo microbiano. También me impactó sentir que el gesto no era para mí, sino para los estudiantes: un mensaje de que desde León se puede llegar muy lejos.
"Los beneficios de la IA serán mayores, pero solo si ponemos buenas reglas"
– ¿Cómo ve desde Estados Unidos a la ULE? ¿En sus visitas ha advertido una evolución desde aquella época en la que era estudiante?
– La veo con ambición y con un sentido cada vez más claro de proyección. En mis visitas he percibido más apertura, más conciencia de impacto y un esfuerzo por reforzar infraestructuras y atraer talento. Sobre todo, noto algo importante: la Universidad sabe que su papel no es solo formar, sino convertirse en motor de oportunidades para León y para la sociedad.
– En concreto, usted estudió Biotecnología. ¿Qué puntos fuertes puede destacar de este grado en la ULE?
– Para mí tuvo dos grandes fortalezas. La primera, una base muy sólida en ciencias de la vida que te enseña a razonar con rigor: biología, matemáticas, física, microbiología, química, y el idioma experimental del laboratorio. La segunda, el factor humano: profesorado cercano y exigente, y un entorno donde es fácil descubrir una vocación real. Yo empecé Biotecnología aquí hace ya más de dos décadas, en la primera promoción, y me marcó para siempre esa experiencia.
– En septiembre se estrenarán los estudios de Medicina, ¿hacia dónde cree que debería especializarse la ULE?
– Es una noticia excelente y estratégica: creo que el grado comenzará con 80 plazas y una vocación de calidad y excelencia. Si me preguntan dónde especializarse, yo apostaría por una Medicina digital muy conectada con el territorio y con los retos del siglo XXI: prevención, atención primaria y salud comunitaria, algo que ya aparece como eje; pero también salud digital, datos e inteligencia artificial aplicada a la clínica, y una visión ‘One Health’ que conecte medicina humana, veterinaria y microbiología para anticipar crisis como la resistencia a antibióticos.
"Empecé Biotecnología aquí hace ya más de dos décadas, en la primera promoción, y me marcó para siempre"
– Junto a usted también será nombrado Doctor Honoris Causa el leonés Sergio Boixo… ¿Qué opinión le merece su trayectoria y, en especial, el trabajo que viene desarrollando para Google dentro del ámbito de la computación cuántica?
– Me parece una trayectoria extraordinaria y, además, muy inspiradora para León. Sergio está en la primera línea mundial de la computación cuántica y lidera grupos en Google Quantum AI que están empujando las fronteras de lo computable, es decir, acercando problemas que hoy son imposibles para los ordenadores clásicos.
– ¿Cómo es su trabajo al frente del ‘Machine Biology Group’ de la Universidad de Pensilvania? ¿Cómo podría definir, desde un punto de vista divulgativo, las investigaciones que llevan a cabo?
– Dirigir el ‘Machine Biology Group’ es coordinar ciencia de frontera con una misión muy concreta: usar el poder de las máquinas para acelerar descubrimientos en biología y medicina. En divulgación lo explico así: usamos inteligencia artificial como ‘motor de búsqueda’ de la biología para encontrar, diseñar y optimizar moléculas, especialmente péptidos, que puedan convertirse en nuevos antibióticos y otros medicamentos.

– ¿Qué nuevas líneas de investigación han puesto en marcha desde el equipo que lidera en los últimos años?
– Hemos ampliado mucho el mapa de dónde buscar terapias: desde explorar moléculas en el propio cuerpo humano y en microbiomas hasta mirar hacia biología antigua y diversa para identificar nuevos candidatos terapéuticos. En paralelo, estamos impulsando enfoques generativos: modelos que no solo encuentran moléculas, sino que pueden proponer moléculas nuevas que la evolución no ha pensado y con propiedades deseadas, para después validarlas de forma experimental.
– En su día a día trabajan de manera exhaustiva con la inteligencia artificial… ¿Hasta qué punto ha revolucionado esta tecnología su ámbito de trabajo? ¿A qué logros ha abierto la puerta y hasta qué punto ha sido decisiva en ellos?
– Ha sido transformadora porque cambia la escala y la velocidad. Antes, tardábamos años en descubrir nuevos antibióticos preclínicos. Ahora podemos hacerlos en minutos con inteligencia artificial. Esto era impensable hace tan solo unos años y es una revolución.
"Antes tardábamos años en descubrir antibióticos preclínicos. Ahora podemos hacerlo en minutos"
– A nivel de sociedad, ¿hasta dónde cree que transformará la inteligencia artificial la realidad de los seres humanos? ¿Realmente son más los beneficios que los riesgos?
– Creo que transformará casi todo: salud, educación, industria y creatividad. En medicina, puede ayudarnos a diagnosticar antes, diseñar tratamientos más precisos y responder mejor a nuevas amenazas biológicas. Pero los riesgos son reales: sesgos, desigualdad en el acceso, concentración de poder y usos maliciosos. Mi posición es que los beneficios de la IA serán mayores, pero solo si ponemos buenas reglas: transparencia, evaluación independiente, protección de datos y alfabetización digital para que la sociedad entienda y controle estas herramientas.
– De cara al futuro, ¿en qué están trabajando en su grupo de investigación y qué resultados esperan obtener?
– Estamos construyendo una tubería completa, de extremo a extremo: desde modelos de inteligencia artificial que proponen candidatos terapéuticos, hasta validación experimental rigurosa y optimización para acercarlos a escenarios clínicos. El objetivo tangible es generar moléculas con eficacia alta, baja toxicidad y buena estabilidad, y avanzar algunos candidatos hacia etapas preclínicas cada vez más sólidas. El objetivo más amplio es demostrar que, con ciencia y tecnología bien integradas, podemos responder más rápidamente a problemas como la resistencia a antibióticos.